PRIMERA PARTE
I
Nos encontramos en los comienzos
del S. XXV. El planeta tierra es gobernado por las máquinas. La vida humana es
escasa y ha sido reemplazada por una de sus creaciones supremas: el androide. Esta nueva era pone de manifiesto
que una de las teorías más antiguas ha sido consistente desde que Demócrito
planteó que todo estaba formado por átomos: la
materia sobrevivirá al hombre, y como las especies suelen extinguirse,
porque hay una premisa que nos cuenta que nada es eterno y que todo cambia, recordamos
las palabras de Heráclito. En este
contexto no hay nada mejor que las máquinas para continuar con el proceso de
cambios y progresos que ni las cucarachas podrán observar. Hace cuatro siglos
que se acabó el agua, hace tres siglos que el planeta tierra dejó de ser un planeta
habitable para los seres humanos; y todos los adelantos tecnológicos, los
avances ideológicos han desembocado en este instante, el instante de gobierno
de los androides, el instante en el que se ha retrocedido en ideología y nos
hace pensar (a mí y a los que quedamos) en las ideas primigenias de los
filósofos de la naturaleza. Quedamos pocos humanos: los eruditos, los
científicos y los filósofos sobreviven y controlan algunas máquinas en un afán
de sobrevivencia. Ellos continúan sus investigaciones, hacen los que les agrada
hacer: Investigar, jugar o nada lógico. Yo escribo desde una fortaleza que
construí cuando visioné que aquello que narraban las películas sobre la
superioridad de las máquinas, sobre la estupidez y amoralidad de los humanos y
sobre todo algún libro importante: “Un
mundo Feliz”. El resto, los humanos con vidas sin sentido, han desaparecido,
ya no son necesarios en este mundo, su misión es reemplazada por alguna lata
con cerebro. Vuelvo a pensar en algunos investigadores olvidados: Charles Darwin ¿En qué piensan los
demás?
II
En una caverna alejada de la ciudad de los bullicios, a
oscuras y con gran luminosidad intelectual, se aloja una comunidad de
científicos obsesionados en investigaciones sobre criogenia, un método antiguo,
desfasado y completamente fracasado pero que la terquedad y la magia de la
locura les permite continuar la empresa. Trataron de convencerme en formar
parte de su comunidad, pero yo prefería vivir en el piso más alto de la casa
donde había nacido, sufrido y llorado. Me divertía con un báculo controlando
algunas máquinas y jugando a las guerras contra el grupo más organizado de
máquinas que querían el control total del planeta. De este modo yo hacía lo que
siempre había querido y los científicos, lo mismo, cada uno a su estilo. Hay
algunos humanos más, pero sobre ellos nada estaba claro. Alfa, el científico
ilustre, después de ciento cincuenta años de trabajo, consiguió la fórmula: ¡Eureka! ¡Eureka! Lo antiguo siempre
resultaba siendo una gran inspiración.
¿En qué momento, los avances tecnológicos fueron mal encaminados? ¿En qué
momento se jodió todo? La idea, en esta época, no era continuar con lo
conseguido, la idea era empezar a analizar la evolución del hombre desde el
punto cero y ver en qué momento la humanidad se equivocó y dejar una lección
aprendida ¿Pará qué? Para nada,
simplemente no hay nada que hacer.
III
Después de que Alfa anunciase el
descubrimiento, toda la vida de la comunidad criogénica, por primera vez,
cobraba sentido. Era la primera vez que se descubrían vivos y ahora también
tenían la capacidad de volver a la vida a quienes la voluntad, los deseos o la
simple nada les permitiesen. Era el comienzo de la nueva era: La humanidad
podía volver a gobernar la tierra, y los intentos por buscar el punto de
inflexión también vieron la luz. La humanidad retrocedía, recordaba los
pensamientos de los genios de antaño: Steve Job, haz las cosas pensando que en algún momento los puntos se unirán y todo
tendrá sentido. Ahora todo tiene sentido: El regreso de la humanidad, yo
que me he encargado de aprender a gobernar y a combatir contra la revolución de
androides y los investigadores que restablecerán la historia desde el punto en
que todo empezó a joderse. Pero nada sabe nada, cada uno hace sus cosas. Fue
aquella idea, de aquel discurso magnifico, antes de mi autoexilio, la que los
convenció de que el único modo continuar viviendo era haciendo las cosas que
nos interesan y nada más.
IV
La península itálica es una
ciudad de cien millones de habitantes, de los cuales el diez por ciento son
androides de dos millones de neuronas dedicados a construir el rascacielos que
uniría la tierra con Júpiter, acuerdo suscrito en el pacto 16 de la unión
estelar del oeste. El noventa por ciento eran arañas encargadas de preservar el
ambiente de los residuos que emitía la colosal edificación. Quinientos metros
debajo de la ciudad se encontraban los restos de los dioses griegos, época de
inicios de la civilización humana. Era aquel universo subterráneo el objetivo
de la comunidad criogénica. El filósofo Tarso se encargó de detener el proceso
de edificación del rascacielos arguyendo la posibilidad de la
teletrasnportación, que permitiría los viajes a los distintos planetas de la
comunidad ¿Por qué cuantos rascacielos hay que construir para conectarnos con
los distintos planetas? ¿A quién se le ocurrió tan ridícula idea? Los
caprichos, la simple nada. La idea de controlar el poder de los dioses griegos
llenó de ambición a los miembros de la comunidad oeste, cinco humanos con cinco
millones de máquinas cada uno, pertenecientes a una comunidad de políticos,
desconocidos para todos.
V
Alfa lanzó el grito de éxito y la
noticia se expandió. Los políticos del oeste decidieron hacer un pacto con los
científicos. El filósofo Tarso. Encargado de los asuntos políticos durante ese
siglo se encargó de permitir la asociación y fue de ese modo como se
dispusieron a revivir ya no los humanos
ordinarios. Los que murieron eran inútiles, los únicos importantes son lo que
quedamos, los que hemos sobrevivido. Entonces lo que debemos hacer es volver a la vida a los dioses griegos y
apropiarnos de esos poderes narrados por Homero y Hesíodo.
Con el ámbito favorable, Alfa y
su equipo criogénico comenzaron con su experimento: revivieron a los dioses
griegos, revivieron gran parte de una historia desconocida por ellos.
VI
La noticia me llegó. La idea o el
objetivo después de aquel gran discurso que logró establecer un orden en medio
del caos se desvanecía. Porque ya sabemos que los dioses nacemos cuando el caos
se hace presente. Yo soy el dios de la libertad, no tengo otro nombre y me he
encargado de darle libertad a todos los vivientes. Me he encargado de darles
seguridad: Mientras ellos investigaban o hacían lo que la voluntad les
sugiriese, yo combatía contra las amenazas, también hacía lo que me gustaba. Pero
las cosas cambiaron, ahora los dioses griegos serían despertados del gran
letargo y mi trono corría peligro ¿Qué les faltaba? ¿Es el precio de vivir un
mundo donde cada uno hace lo que quiere? ¿Todo está condenado a extinguirse?
¿No hay nada perfecto? Las respuestas no interesan, lo que realmente me
interesa ahora es hacer lo que más me agrada gobernar y luchar para demostrar
que dios soy yo, que dios es una idea y que esa idea soy yo.














