sábado, 25 de agosto de 2012

La Gigantomaquia


PRIMERA PARTE

I

Nos encontramos en los comienzos del S. XXV. El planeta tierra es gobernado por las máquinas. La vida humana es escasa y ha sido reemplazada por una de sus creaciones supremas: el androide. Esta nueva era pone de manifiesto que una de las teorías más antiguas ha sido consistente desde que Demócrito planteó que todo estaba formado por átomos: la materia sobrevivirá al hombre, y como las especies suelen extinguirse, porque hay una premisa que nos cuenta que nada es eterno y que todo cambia, recordamos las  palabras de Heráclito. En este contexto no hay nada mejor que las máquinas para continuar con el proceso de cambios y progresos que ni las cucarachas podrán observar. Hace cuatro siglos que se acabó el agua, hace tres siglos que el planeta tierra dejó de ser un planeta habitable para los seres humanos; y todos los adelantos tecnológicos, los avances ideológicos han desembocado en este instante, el instante de gobierno de los androides, el instante en el que se ha retrocedido en ideología y nos hace pensar (a mí y a los que quedamos) en las ideas primigenias de los filósofos de la naturaleza. Quedamos pocos humanos: los eruditos, los científicos y los filósofos sobreviven y controlan algunas máquinas en un afán de sobrevivencia. Ellos continúan sus investigaciones, hacen los que les agrada hacer: Investigar, jugar o nada lógico. Yo escribo desde una fortaleza que construí cuando visioné que aquello que narraban las películas sobre la superioridad de las máquinas, sobre la estupidez y amoralidad de los humanos y sobre todo algún libro importante: “Un mundo Feliz”. El resto, los humanos con vidas sin sentido, han desaparecido, ya no son necesarios en este mundo, su misión es reemplazada por alguna lata con cerebro. Vuelvo a pensar en algunos investigadores olvidados: Charles Darwin ¿En qué piensan los demás?

II

En una caverna  alejada de la ciudad de los bullicios, a oscuras y con gran luminosidad intelectual, se aloja una comunidad de científicos obsesionados en investigaciones sobre criogenia, un método antiguo, desfasado y completamente fracasado pero que la terquedad y la magia de la locura les permite  continuar  la empresa. Trataron de convencerme en formar parte de su comunidad, pero yo prefería vivir en el piso más alto de la casa donde había nacido, sufrido y llorado. Me divertía con un báculo controlando algunas máquinas y jugando a las guerras contra el grupo más organizado de máquinas que querían el control total del planeta. De este modo yo hacía lo que siempre había querido y los científicos, lo mismo, cada uno a su estilo. Hay algunos humanos más, pero sobre ellos nada estaba claro. Alfa, el científico ilustre, después de ciento cincuenta años de trabajo, consiguió la fórmula: ¡Eureka! ¡Eureka! Lo antiguo siempre resultaba siendo una gran inspiración. ¿En qué momento, los avances tecnológicos fueron mal encaminados?  ¿En qué momento se jodió todo? La idea, en esta época, no era continuar con lo conseguido, la idea era empezar a analizar la evolución del hombre desde el punto cero y ver en qué momento la humanidad se equivocó y dejar una lección aprendida ¿Pará qué? Para nada, simplemente no hay nada que hacer.

III

Después de que Alfa anunciase el descubrimiento, toda la vida de la comunidad criogénica, por primera vez, cobraba sentido. Era la primera vez que se descubrían vivos y ahora también tenían la capacidad de volver a la vida a quienes la voluntad, los deseos o la simple nada les permitiesen. Era el comienzo de la nueva era: La humanidad podía volver a gobernar la tierra, y los intentos por buscar el punto de inflexión también vieron la luz. La humanidad retrocedía, recordaba los pensamientos de los genios de antaño: Steve Job, haz las cosas pensando que en algún momento los puntos se unirán y todo tendrá sentido. Ahora todo tiene sentido: El regreso de la humanidad, yo que me he encargado de aprender a gobernar y a combatir contra la revolución de androides y los investigadores que restablecerán la historia desde el punto en que todo empezó a joderse. Pero nada sabe nada, cada uno hace sus cosas. Fue aquella idea, de aquel discurso magnifico, antes de mi autoexilio, la que los convenció de que el único modo continuar viviendo era haciendo las cosas que nos interesan y nada más.

IV

La península itálica es una ciudad de cien millones de habitantes, de los cuales el diez por ciento son androides de dos millones de neuronas dedicados a construir el rascacielos que uniría la tierra con Júpiter, acuerdo suscrito en el pacto 16 de la unión estelar del oeste. El noventa por ciento eran arañas encargadas de preservar el ambiente de los residuos que emitía la colosal edificación. Quinientos metros debajo de la ciudad se encontraban los restos de los dioses griegos, época de inicios de la civilización humana. Era aquel universo subterráneo el objetivo de la comunidad criogénica. El filósofo Tarso se encargó de detener el proceso de edificación del rascacielos arguyendo la posibilidad de la teletrasnportación, que permitiría los viajes a los distintos planetas de la comunidad ¿Por qué cuantos rascacielos hay que construir para conectarnos con los distintos planetas? ¿A quién se le ocurrió tan ridícula idea? Los caprichos, la simple nada. La idea de controlar el poder de los dioses griegos llenó de ambición a los miembros de la comunidad oeste, cinco humanos con cinco millones de máquinas cada uno, pertenecientes a una comunidad de políticos, desconocidos para todos.

V

Alfa lanzó el grito de éxito y la noticia se expandió. Los políticos del oeste decidieron hacer un pacto con los científicos. El filósofo Tarso. Encargado de los asuntos políticos durante ese siglo se encargó de permitir la asociación y fue de ese modo como se dispusieron  a revivir ya no los humanos ordinarios. Los que murieron eran inútiles, los únicos importantes son lo que quedamos, los que hemos sobrevivido. Entonces lo que debemos hacer es  volver a la vida a los dioses griegos y apropiarnos de esos poderes narrados por Homero y Hesíodo.
Con el ámbito favorable, Alfa y su equipo criogénico comenzaron con su experimento: revivieron a los dioses griegos, revivieron gran parte de una historia desconocida por ellos.

VI

La noticia me llegó. La idea o el objetivo después de aquel gran discurso que logró establecer un orden en medio del caos se desvanecía. Porque ya sabemos que los dioses nacemos cuando el caos se hace presente. Yo soy el dios de la libertad, no tengo otro nombre y me he encargado de darle libertad a todos los vivientes. Me he encargado de darles seguridad: Mientras ellos investigaban o hacían lo que la voluntad les sugiriese, yo combatía contra las amenazas, también hacía lo que me gustaba. Pero las cosas cambiaron, ahora los dioses griegos serían despertados del gran letargo y mi trono corría peligro ¿Qué les faltaba? ¿Es el precio de vivir un mundo donde cada uno hace lo que quiere? ¿Todo está condenado a extinguirse? ¿No hay nada perfecto? Las respuestas no interesan, lo que realmente me interesa ahora es hacer lo que más me agrada gobernar y luchar para demostrar que dios soy yo, que dios es una idea y que esa idea soy yo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Marco Antonio o la historia de infidelidades y prostitución


Cuando su hermano le mostro uno de tus escritos impresos, él se apresuró a eliminarte de la red social, me obligó a hacerlo también. Sí, él es hermano de César, quien estudia contigo en la universidad. Y te propongo que escribamos juntos la historia de infidelidades y prostitución. Luego todo fue silencio, Sergio desapareció hasta unos meses después.

Conocer gente y compartir ideas y estupideces (disculpen la redundancia, por tratarse de mi caso) es más fácil gracias a las redes sociales. Para mí todo es más sencillo y placentero. Gracias a las redes sociales conocí a Beto, mi primera y única Cíber-pareja, a Marco Antonio y a un gran cúmulo de personas poco interesantes de quienes no escribiré y no creo que recuerde menudamente. Hoy deambula por mi mente Marco Antonio y sus labios celestiales. Gracias a esas telarañas puedo estar en contacto con todo el mundo, sin necesidad de moverme de la cama. Todo es sencillo y los encuentros con aquellos desconocidos suelen terminar en alguna cama, con experiencias placenteras y luego con el olvido, son experiencias efímeras, como todo en la sexualidad entre dos hombres. Con Marco Antonio no ocurrió de ese modo.

Era un día de semana o un fin de semana, eso no lo recuerdo. No sé si fue en época de clases o en época de invernación (Vacaciones). No recuerdo quien agregó a quien y tampoco quien empezó la plática. No recuerdo nada de aquellos primeros días, porque ustedes ya saben, las cosas siempre empiezan más o menos de este modo:
  • Hola ¿De dónde? ¿Edad? ¿Opción?

Yo miro la foto y nunca hay foto o las hay a medias o erradas voluntariamente. Miro la información personal y nunca hay nada o las hay a medias o erradas voluntariamente. ¡Rayos un fantasma! (Vivimos en una época donde a la gente le agrada estar detrás de una careta, no se asombren). Regreso a la página donde está mi información personal y veo: Vivo en Lima. No dice mi edad y tampoco cuál  es mi opción.
  • Vivo en Lima. Tengo 20 y en Octubre cumpliré 21 (Siempre tengo 20 años). Soy Moderno. ¿Y tú?, respondo cansado o agobiado por escribir siempre lo mismo. ¿Acaso nadie lee mi publicaciones?

Siempre digo que soy Moderno o Versátil o de vez en cuando pasivo, porque ese es un asunto que no me interesa o irrelevante y porque lo que soy en realidad es: Un haragán que quiere ser escritor y presidente. En la época donde nos ha tocado vivir no es conveniente decir que se es uno de los extremos o para ser más preciso, en Lima: No es conveniente decir que se es activo. Ello es mentira o una verdad a medias y si hay excepciones no he tenido el honor de conocerlas. Los que me dicen soy pasivo son con toda certeza pasivos; los que me dicen soy moderno son con certeza pasivos; y los que me dicen soy activo, son toda certeza  pasivos o, en el mejor de los casos modernos. Existen muchas personas que sienten vergüenza por su condición de homosexuales y más aún de su opción dentro de ese grupo. Y hay personas que consideran este intercambio de secreciones corporales, como un buen negocio y créanme no les debe ir mal.
  • Soy activo, tengo 19 años, mido 1.73 …

No leo todo lo que sigue, eso es predecible: Cuando no vemos. Cualquier día. Tienes sitio. No. Te parece bien este fin de semana. Me parece Genial. A las tres de la tarde. Perfecto. Dame tu celular. No tengo, dame el tuyo yo te llamo. Listo. Y como no hay foto o nada interesante generalmente me tomo la molestia de mandarlos a leer mi blog o me limito a responder simplemente: Entiendo. Entiendo. Entiendo.

A las personas a las que se puede conocer mediante las redes sociales, si se tiene el grupo de amigos que tengo, son todas poco o nada interesantes: O viven en Los olivos, San Martín de Porres o alrededores; o son personas que viven en Ate, San Luis o alrededores. Nada interesante, ni intelectual, ni físicamente, así que por lo general lo más conveniente es quedarse a dormir o de vez en cuando ir a conocer a algunos, sencillamente porque tengo que conocer a los tipos homosexuales, para escribir. Y a los dos o tres tipos que me interesan de verdad, son personas que no están interesadas en mí. Y dudo que con Marco Antonio haya ocurrido de ese modo.

martes, 31 de julio de 2012

"Los Hombres de mi Vida: Beto" (Primera Parte)


Sin embargo cuando alguien me gusta de verdad, me vuelvo pequeño, tímido y eso lo descubrí cuando te conocí. Al parecer eran días de vacaciones. Tú gestionabas el traslado de la universidad católica de Lambayeque hacia la universidad Señor de Sipán,  yo estudiaba en la César Vallejo de Lima. Había posibilidades de que vengas a estudiar a Lima pero eran posibilidades vagas, el que estudiases en Lima era un golpe de suerte, tanto como lo fue el haberte conocido. Recuerdo que las veces que hablábamos planeábamos el futuro, yo gobernaría el Perú y tú te encargarías de garantizar que nadie me meta a la cárcel por los delitos que iba a cometer: Ya sabemos que en el Perú todo lo bueno es considerado delito. Yo no necesariamente estudiaba ciencias políticas (sería ingeniero) y tú si te preparabas para ser abogado.

Por aquellos días me preguntaba ¿Por qué jamás conocí a un chico al  que le gustasen los chicos mientras vivía en Ferreñafe, a excepción de los ya nombrados e insoportables físicamente? Me preguntaba muchas cosas y me dedicaba a colocar en los buscadores “Chico busca chico”. Quería conocer gente y las redes sociales eran una buena opción. Me preguntaba muchas cosas y no tenía el carácter suficiente para decirle al mundo “Me gustan los hombres”, aún vivía arrinconado/encarcelado por las normas impuestas en la sociedad peruana, una sociedad en decadencia.

Buscaba, perdía el tiempo, me preparaba en una academia para postular a la universidad nacional de ingeniería y ser el mejor ingeniero del Perú, sólo para complacer a mi abuela que ya había muerto. Ya luego me dedicaría a ser político. Entre los resultados de las tantas búsquedas, en los ratos de ocio que era casi todo el tiempo, entre fotos de hombres desnudos, feos, mostrando sus genitales, mostrando un ano horadado o simplemente pidiendo dinero para complacer sexualmente a quien lo requiera, te encontré, con un correo que ya no usabas. Nos empezamos a conocer, intercambiamos lo cotidiano (nombre, edad, opción y otras cosas más) y  pediste que agregue  tu  correo. Ese día me enamoré de ti a primera vista, o acaso porque eras el primer hombre al que le gustaban los hombres que conocía, de mi edad y de mi agrado; y empecé a escribirte, empecé a mostrar mis pocas habilidades como conquistador, descubrí que había muchas cosas que me salían bien, pero definitivamente conquistar y conseguir pareja no estaban en la lista. Y te escribí el primer mensaje en mayúsculas y en letras rojas:

HOLA AMIGO, SUPONGO QUE ESTAS BIEN, ESTUVE PENSANDO QUE ERES EXTRAORDINARIO Y CASI PERFECTO, NUNCA TUVE LA OPORTUNIDAD DE CONOCER ALGUIEN (AUNQUE SEA TAN LEJANO) QUE ME CAUSE TAL IMPRESION. QUIERO CONTARTE QUE TARDE MEDIA HORA EN ESCRIBIR ESTAS DOS LINEAS. NO SE POR QUE ES DIFICIL TRATAR DE DECIRTE ALGO, EN MI MENTE HAS ENTRADO COMO UN SER PERFECTO Y SIENTO QUE ERES CASI INALCANSABLE. SE QUE SEREMOS BUENOS AMIGOS, AHORA ME GUSTAS BASTANTE  Y SI ESTUVIERAS CERCA HARIA LO QUE SEA PARA ESTAR CONTIGO, PERO SUPONGO QUE CON EL TIEMPO APRENDERE A AMARTE COMO AMIGO. 
NO ESCRIBO MAS PARA NO ABURRIRTE, SOBRE TODO POR QUE NO SE HACER DIVERTIDOS LOS E-MAIL CON LAS JERGAS QUE UTILIZA LA MAYORIA, PERO PRONTO LAS APRENDERE (NO CONOSCO MUCHO DE ESO POR LA EDUCACION TAN ESTRICTA QUE ME IMPARTIERON), PERO PRONTO LO ARREGLARE. 
 NECESITO QUE RESPONDAS ESTE MENSAJE CON LO QUE SEA, POR FAVOR ES MUY IMPORTANTE PARA MI.

domingo, 29 de julio de 2012

La gran catástrofe


Esa cara no me agrada, pero definitivamente soy yo

He pasado gran parte de mi vida predicando que lo que único importante y que lo ideal para vivir feliz en este mundo, en este país que es el único que conozco y a medias, es olvidarnos de todo lo irrelevante, de la torpeza de los conductores de televisión, de las matanzas rutinarias que nos explican cuando despertamos temprano y prendemos el televisor, de las personas que sólo pierden el tiempo odiándonos o persiguiéndonos para conseguir algún beneficio personal o sexual; es ponernos a dormir.

El dormir siempre suele ser mejor que todas esas cosas, el dormir nos permite pensar en nosotros mismos, nos permite pensar en el insecto que camina por el techo blanco sin saber qué hacer, y también nos permite reflexionar sobre lo que debemos hacer con nuestras vidas, si la única vida que conocemos, en nuestra familia, en la televisión, en la universidad y en nuestro círculo de amigos; es una vida que sólo nos va a permitir ser un pedazo de mierda en todo ese conjunto que se forma día a día, cuando nuestros compatriotas fecundan hijos como si fuesen cuyes o cuando nuestros compatriotas o vecinos cercanos se dedican a asistir a eventos miserables/ridículos de personas que quieren ser famosas mostrando los genitales o saliendo a pasear con hombres voluminosos/grasosos llenos del dinero que les obsequiamos después de largas semanas de trabajo duro al prender el televisor o al asistir a esos espectáculos donde se burlan de la condición miserables de los espectadores, de nosotros.

La vida que conozco es está. No odio la vida de los demás, no me interesa el modo como cada uno despilfarra el dinero o no me interesa como cada uno elige el mejor modo divertirse y llegar a  viejo como sus antepasados, jodidos y creyendo que los que vienen después podrán arreglar lo que ellos no están dispuestos a hacer. Tampoco pienso que este sea un país jodido y sin solución, porque todo tiene solución, lo único que se debe hacer es escribir una novela y arreglar todo lo que no nos agrada, de ese modo podemos tener el paraíso que soñamos. Esa es la razón por la que he elegido dormir y por la que seguiré durmiendo durante algún tiempo, pienso que es mejor escribir y visionar lo que quiero para mi país en el techo de mi alcoba, con el olor a bebé que mi madre deja impregnada en las sábanas y almohadas cada vez que las lava. En el techo de mi habitación puedo observar la vida de un insecto que cada noche camina de un lado a otro buscando quizá el mejor camino de salir de dicha pared blanca que puede parecerle el universo infinito que nosotros nunca lograremos entender ni conocer. La vida de ese insecto, me resulta curiosa, me resulta interesante, tal como lo eran la vida de las gallinas de la casa de mi hermano mayor en la época en la que decidí irme de mi casa porque ya no soportaba que me contralasen demasiado.

Los hombres de mi vida: Manuel

Las noches en la plaza de armas de Ferreñafe son tranquilas. La bancas suelen estar vacías, las hojas del algarrobo caen como bailando tonadas sobre las bancas y el suelo de losetas cuadriculadas. Algunas personas caminan a lo lejos y desde cualquier ángulo se pueden observar casonas antiguas, residuos de la época colonial.  En la esquina opuesta a la Catedral y frente al antiguo cine, al que nunca tuve oportunidad de ir, nos encontrábamos Manuel y yo, en una banca, platicando sobre mi sexualidad.

Manuel tenía alrededor de 30 años, yo por lo menos 18, y nos conocimos en un grupo de jóvenes que cantábamos y hablábamos de Dios, guiados además por una monjita bastante desfasada. Nos hicimos amigos, ambos compartíamos el gusto por la lectura de libros de filosofía. Él estudiaba filosofía y yo aún permanecía en quinto de secundaria. Por aquel tiempo me dedicaba a leer “El mundo de Sofía”. Con Manuel platicábamos horas de horas sobre cosas que no recuerdo, pero que al parecer eran más interesantes que las pérdidas de tiempo en las redes sociales o que los pensamientos vanos en personas que siempre están lejos y no tienen el mínimo interés en recordarnos. La amistad con Manuel se extendió un poco más, debido a que fue a hacer prácticas o presentaciones al colegio en donde estudiábamos, yo y algunos tipos que ya deben ser padres o deben estar embriagándose a estas horas de la noche, ya sabemos que es gente casi nunca tiene otra cosa que hacer u otra cosa en que pensar. Posteriormente Manuel fue mi catequista y me permitió confirmarme en la fe católica a pesar de no asistir a esas charlas aburridas/prehistóricas sobre Dios, los santos, la biblia y otras cosas que no se pueden mencionar en los discursos políticos; porque ya sabemos que lo que le interesa a la gente es saber que va a comer el día que viene.
  • Eres un chico inteligente, tú no necesitas estas charlas – me dijo Manuel.

Por aquel tiempo yo también vivía pensando que era un chico inteligente y era justificado por que he sido primer puesto en el colegio, me he dado el lujo de no desaprobar ni un curso y en el peor de los casos sólo he desaprobado una práctica de multiplicaciones, porque me desagrada en exceso estar multiplicando y sumando  y restando, es mejor dividir las cosas para que otros las hagan y ponerme a dormir. Pienso que una de mis habilidades es dividir el trabajo, dormir y luego exponer lo que otros han hecho, porque casi siempre tengo nociones sobre lo que piensa o lo que hará cada persona de mi equipo.

Con el grupo juvenil, con Manuel, pudimos ir a algunos retiros, fuimos a algunos eventos. El me prestaba sus libros de filosofía, de la universidad de Navarra, yo los leía y alguna vez perdí uno de esos libros, sólo que él no lo sabe o nunca lo sabrá.  Hablábamos de todo, era mi buen amigo, mi único amigo y ese momento, como al comienzo de la historia, nos encontrábamos sentados en esa banca vieja, frente al cine viejo. Mirando intrusos que se besaban como si fuese un espectáculo público o si a los demás les interesase es abominable intercambio de saliva.
  •  Ahora que estamos solos, cuéntame sobre tu opción sexual – Me dijo Manuel

Recuerdo haberle dado muchas vueltas al tema. Le conté como ocurrió la relación con amigo cercano a ambos. Le conté la atracción y la relación enfermiza y de tres años que llevaba con un miembro cercano de mi familia. Pero a esa edad me resultaba complicado decirle: “Me gustan los chicos”.  Ya sabía que ser homosexual no era en ningún caso un pecado ni una enfermedad, sabía que era una probabilidad genética y en el mejor de los casos, una decisión personal; pero aun así era complicado decirle soy Homosexual, era un asunto de pudor, de moral, eran los rezagos de la formación que recibí de mis padres, de mis abuelos y del ambiente autoritario y conservador en el fui criado.

Manuel me ayudo en cierta medida a aprender a decir las cosas como tenían que decirse. No había problema con lo que piensen los demás, no debía tener problema por nada de ello, no había problema psicológico, genético, cultural, no existía ninguno de esos escenarios o todo eran estereotipos de gente que no había leído un carajo sobre nada; en estos asuntos lo único válido es el libre albedrío y el compromiso de dejar que cada uno tenga la libertad de amar el cuerpo, las formas, las palabras o las perversiones que le resulten excitantes.  Aquel día empecé a pensar como pienso ahora, sólo que un poco más rudimentario. En cambio ahora ya puedo decir cualquier improperio sin necesidad de sentir temor o vergüenza o sin tener que preocuparme por lo que piensen los demás, porque es natural que todos piensen, es natural que todos vivan la estupidez (en mayor o menor grado) del modo en el que les cause el mayor grado de felicidad.

El problema de la ciudad en la que vivimos Manuel y yo durante 18 años de nuestras vidas (recordemos que Manuel ha pasado gran parte de su vida en un seminario y fuera de Ferreñafe) es que todos se espantan y hacen escarnio de los están dispuestos a amar a un hombre con buen cuerpo y con buenas ideas, pero aquellos son los que probablemente satisfacen sus placeres mundanos después de unos tragos, en las cantinas de mala muerte donde toman chicha de jora y luego terminan matándose, terminan en una pobre relación efímera que luego quieren olvidar porque son hombres, machos o simplemente un grupo de cojonudos que no conocen lo complejo de la sexualidad humana. Esa sociedad, la de la doble fe, la de la doble cara, es la ciudad en la que he vivido y en la no he tolerado vivir porque yo he elegido toda la mierda que se pueda, toda la mierda de la humidad junta, pero lo que no elegiría en ninguno de los casos es mostrar al mundo, a los trogloditas, algo que no soy o algo que no me gusta o no me interesa ser. Siempre es mejor decir, soy un perro cabrón y no me interesa la muerte de los demás, ni las ideas de los demás , todo me da igual, porque el dormir siempre es más importante que muerte y que las ideas de las personas que no han estudiado o que no han debatido o que simplemente escupen reflexiones después de ver retazos de realidades en la televisión, o reflexiones de tipos borrachos en cantinas o en prostíbulos que son los genios de nuestra época; prefiero decir “me parece natural que la gente se nuera o se mate” a decir sentido pésame, cuando lo único que siento son las ganas de tirarme a la cama a dormir o acostarme con algún tipo agradable y olvidarme de todo, porque la gente ya está bastante grande como para que enfrente sus problemas o si no ya lo dejo claro el genio Darwin “En este mundo solo sobrevive el más fuerte” (La selección natural) Mandemos al carajo a la caridad, ese es un trabajo para Dios y nuestra imperfección nos recuerda que esa no es nuestra condición, al menos no la de ustedes.

Manuel me ha acompañado en estos momentos de confusión, él estuvo cuando mi abuela murió y cuando caí en una gran depresión que pudo consumir mi vida. Él es mi mejor amigo, mi hermano, mi padre, hemos hablado sobre él, sobre mí, sobre el grupo, hemos razonado (o probablemente se aburría escuchándome hablar cojudeces) y me ha invitado a jugar Ageo of Empires, en su máquina. Ese juego de estrategia al que fui adicto durante mucho tiempo.

Por aquellos momentos de juegos, de idas y venidas a su casa, el procuró besarme, me regaló generosamente algunos placeres mientras jugaba y yo me hacía el loco frente a la computadora. Y nunca supe que pensó el Buen Manuel sobré mí, pero  yo simplemente trataba de no pensar, Manuel era mi amigo, me agradaba amigo y sólo eso, para la amistad y la sexualidad ya sabemos que Tomas es el genio que siempre estuve buscando; recordemos o entendamos que  a los hermanos o a las personas que aprecio como hermanos o amigos no puedo poseerlos sexualmente (porque no me agradan físicamente o porque son demasiado buenos como para prostituir lo ganado en mucho tiempo). Rechace la propuesta, me iba y pensaba en el modo de decirle ¡Basta somos amigos! Somos amigos y es lo que quiero hasta que tú mueras o yo lo haga. Pero nunca tuve el valor de hacerlo, siempre he sido cobarde o torpe para detener una relación cuando no la deseo. Y las cosas continuaron un tiempo más.

Ahora puedo elegir meticulosamente con quien me acuesto y con quien no,  y todo resulta sencillo porque no me interesa estar con nadie, ni acostarme con nadie. Nunca hay nadie interesante y cuando aparece me mandan al carajo de un modo sutil o simplemente con la indiferencia: En cualquiera de los casos lo tolero, siempre es mejor lo primero a estar ilusionándome con cojudeces.

La vida con Manuel siempre ha sido buena, somos amigos, nos comunicamos de rato en rato. Él no puede aparecer en ningún lado porque en el Perú a las personas se les acusa de algo y la única posibilidad que queda es largarse de un país de mierda que espanta a los mejores amigos.

Manuel es uno de los mejores amigos y hombres en mi vida, sé que estará cuando lo necesite y nunca me dirá: “Hoy no tengo tiempo para ti” Él es uno de los que forma ese espíritu que me recuerda que si Tomás me manda al carajo, aún quedan razones para ser presidente, gobernar y al final cuando ya no quede ninguno de los oportunistas, podré ir a tomar con él (pero nada sexual) y recordar que todo tiempo pasado fue mejor.

miércoles, 25 de julio de 2012

Al chico de sonrisa seria


Me gustan tus palabras, el color de tu piel, tu sistema de pensamientos, la sonrisa detrás de la copa, tu gusto por la tecnología,  y la indiferencia que tienes sobre lo irrelevante.

He tratado durante dos días de escribir una carta o poema que describa lo extraordinario que eres, pero siempre las palabras han sido esquivas, siempre he terminado escribiendo varias hojas llenas de palabras cursis/abominables y he vuelto a empezar. No es novedad el saber que no pueda expresar emociones humanas, pero esta vez intenté que fuera distinto, esta vez intenté agradarte. Es obvio que fracasé. Y como he fracasado sólo me resigno a escribir un intento de poema, carta o historia que te haga saber lo importante que eres para mí, desde que te conocí más allá de esas paredes sucias pintadas de azul.

Aquella tarde sabía cómo llegarías. Sabía que estarías con camisa y pantalón de vestir. Te recordaba de tiempos pasados. Lo que no sabía era que aquella tarde pudiese impactarme tu sonrisa seria, tus palabras de niño maduro que rara vez recuerdo, y la fragancias que no llevabas. Esa tarde con neblina y con gente fea deambulado por los alrededores te conocí por primera vez y decidí que yo y la humanidad deberían venerarte como se venera  a los arcángeles y a los ángeles.  Asumía que te desagradaría la idea de ser Dios, porque Dios no se toma el trabajo de formar comunidades, ni de ayudar a la gente; a Dios no le interesan esas cosas, ni la tecnología,  porque Dios sólo vive en algunos cerebros atolondrados; en cambio tú, eres hermoso como los arcángeles y ángeles, tú eres real.

Eres la última persona en la que pensé fijarme. En el ranking de personas que conozco y a las que elegiría para perder el tiempo pensando cuando no tenga nada que hacer, tú estabas al final, si acaso no existías. Nunca fuiste tú. Pero aquella tarde mientras hablábamos, mientras te observa mover los labios, descubrí que eras superior a mí y a la mayoría de humanos que conozco (no todos, porque hay personas que conozco y nos superan por millones años luz), me contaste tus ambiciones o metas y pensé, que agradable tipo. Pensé “Creo que lo que él hace es mejor que dormir”. Recordé que la vida es más interesante que el dormir y que si había una razón para  despertar y materializar lo que pienso, aquello era tu sonrisa seria y tu rostro angelical.

No puedo decir que está es la primera vez que me interesa alguien de verdad, tampoco puedo decir que esta es la última vez que me interesaré por alguien. Ya he aprendido que ninguno de los escenarios es cierto. Lo que sí puedo asegurar es que nunca he tenido éxito con las personas que me interesan de verdad, porque soy torpe o porque cualquier intento de acercamiento resulta convirtiéndose en un proyectil de destroza todo lo conseguido. Esa es una de las razones por las que me he resignado a vivir en mi cama pensado y escribiendo todo lo que pienso y lo que no pienso. Porque mis pensamientos no dependen de las decisiones de otros, yo soy dios, por lo tanto sólo vivo en los mamotretos que deambulan por algún lado, condenados al olvido.

Ya no tengo palabras o no sé qué escribir, lo único que quiero es que sepas que me gustas  en exceso y que pienso en ti más de lo supuse. No es un sentimiento lujurioso, es sencillamente que te admiro y que tu presencia me hace sentir bien. Quisiera que en el peor de los casos seamos buenos amigos, quiero en el peor de los casos cumplir con lo prometido; quiero en el mejor de los casos pensar que los sábados cuando te escucho cantar son geniales, quiero en el mejor de los casos  pensar que los domingos cuando razonas y deduces que tu hermana es más inteligente que yo, son excitantes. Finalmente quiero decir que sería buena idea platicar contigo. Te extraño.

jueves, 12 de julio de 2012

Sospecho


Sospecho que éste va a ser un año de grandes logros. Durante los últimos cuatro meses he demostrado que puedo ser y hacer algunas cosas que no podía o que no había pensado (y que por eso no podía) hace algunos años, cuando era joven o cuando era inteligente. Este año logré despertar media hora antes para terminar con el trabajo pendiente. Pude dejar de imaginar las historias en la techo de la habitación desordenada para escribir y publicar. Este año he vivido o he sido partícipe o me han contado muchas historias que pronto serán novelas. Y también he madurado literariamente. Pienso que ya puedo dejar de escribir sobre la homosexualidad o sobre sexo o sobre mí, porque La gente ya sabe mucho sobre todo ello. Y a pesar de que lo sabe sigue siendo homofóbica, sigue teniendo sexo o siguen  pensando lo peor de mí, claro que nunca piensan tan mal que como yo lo hago.

Este año he recordado que hay algunas cosas que puedo hacer mejor, que hay profesores con los me debo enfrentar – que no son sabios, sólo es cuestión de dormir cinco minutos menos – para demostrar algunas habilidades que ni yo sé cuáles puedan ser.  En este corto tiempo me he demostrado que yo soy más que mi sexualidad y así debería ser con todos.

Este año he descubierto que quiero ser presidente, ganar el nobel y también quiero que la humanidad me construya una estatua y me venere  algunos años; pero también quiero ver crecer a mi sobrina, salir a comer con algún chico interesante – sólo comer o beber – y disfrutar de cualquier cosa, ir a visitar a esos amigos que no conozco pero que son geniales, conocer al hijo de Juan, saludar a mi papá, engreír a mamá en algunas cosas, regresar a Ferreñafe a ponerle rosas rojas a mi abuela, visitar el campo y subir al tercer piso de la casa vieja para recordar los momentos de infancia en los que fui feliz con grandes cuotas de tristeza.

En resumen este año está lleno de múltiples sospechas, espero levantarme pronto de la cama y si alguien me ayuda – como cuando pequeño – a recordarme diariamente todo  lo que quiero o debo hacer, no duden que seré un dios.

domingo, 24 de junio de 2012

Recuerdo afeminado de la secundaria


El primer año de secundaria fue año en el que descubrí que las personas afeminadas no tendrían futuro en esa ciudad. Santamaría era un chico pequeño, con sonrisa y modales de señorita, no era un chico brillante, más bien era una persona acostumbrada a defenderse de todos aquellos que aprovechaban las horas de clases para burlarse, manosearlo y abrumarlo con frases obscenas. Estábamos en el año 2000, dos milenios después del nacimiento de Cristo y la sociedad en la que vivía aún no era libre, era más bien una ciudad llena de prejuicios, una escuela poseída por un grupo de humanos, hijos de personas que probablemente lo único que sabían era trabajar en el campo por las mañanas y emborracharse los fines de semana, en las cantinas de la avenida Tacna, con chicha de jora. Gustavo acudía con frecuencia a las cantinas a pedirle dinero a su padre y yo pensaba que probablemente podría acostarme con su padre, borracho. No supe nada de Santamaría, hasta ahora; y Gustavo fue uno de mis mejores amigos y quizá algo más.

A ningún tipo afeminado le fue bien en ese colegio, existía una especie de odio a esos bichos raros que no se atrevían a lanzar piropos y frases obscenas (disculpen la redundancia) a las señoritas, que a la hora de la salida coqueteaban con algún mototaxista para que les  haga el favor de llevarlas a casa, sin cobrarles. Yo escapé de los abusos, primero porque era policía escolar y segundo por mi temperamento complicado. Pero sospecho que esos cabrones pensaban: Cualquier día le saco la mierda a ese cabro.

Por aquella época, los auxiliares se creían una especie de mesías, sobre todo Gelimer,  un tipo alto, que hacía alarde por ser considerado ejemplo de vida, quien sin embargo se acostaba con algunas mujeres de frente al parque San Juan Bosco, porque su esposa estaba imposibilitada para el coito y para tener hijos. En esa ciudad no hay nadie respetable, no lo son ni los sacerdotes, ni los docentes, nadie lo es; y si hay algo en que debemos tener una doble fe ciega es que Ferreñafe es una ciudad hipócrita. Gelimer no escapaba a esta definición y alguna tarde en clases se lo hice saber, a mi estilo, lacerando todo lo que se encuentra en el camino de mis palabras.

Hubo un evento importante  en tercero de secundaria, la época en la que me enseñaba el profesor Nerio, quien enseña química, un hijo de mil putas que cobraba para aprobar a los tipos delincuenciales, que alguna vez rociaron semen sobre el cabello de una profesora de inglés, de quien no supe más después del incidente. Me contaron unos días después que la profesora se había acostado con un negrito, bastante agradable, que a modo de juego, sobaba con su mano mis genitales, mientras esperábamos a que abriesen la puerta del salón (siempre llegábamos temprano), finalmente la profesora  renunció. Todo ocurrió en un baño, al lado de las escaleras que llevaban al segundo piso, donde se ubicaba la dirección, en el pabellón desde donde dirigían las formaciones. El protagonista era un auxiliar viejito, a simple vista homofóbico, de los más respetables, el de más autoridad, tenía las llaves de todos los baños, que sólo se habrían a la hora del recreo, y a quien debíamos pedírselas prestadas  cuando se tenía una urgencia. Ya sabemos que en una tierra asfixiada por el exceso fe la gente vive de los chimes; la lectura y la investigación, les importa un carajo. Basta con regalarles un mototaxi o invitarlos a formar parte de un grupo parroquial para que sientan que son personas exitosas: o bien conquistando a las chicas a la hora de salida o bien hablando de Dios y cantando como locas – como Pedro Pablo – mientras  se acuestan con los sacerdotes, monjas o con algunos de sus pupilos. La felicidad de la que habla la Biblia sólo se encuentra en las relaciones sexuales. Y eso lo tenía claro el viejito, el auxiliar de las llaves de los baños, a quien aquella tarde lo encontraron penetrando a un chiquillo afeminado. Nunca se supo si fue una violación o si fue algo consentido, pero lo que sí se supo es que el auxiliar fue a la cárcel y cuando regreso agachaba la cabeza al pasar: Nunca más fue la persona respetable que fingía ser. Nadie es respetable ¡Dejen de creer en supersticiones! 

domingo, 17 de junio de 2012

Adriano Juárez vs Iván Pérez: La riña de un dinosaurio contra un dios


Siempre hay personas que nos caen mal, y en general, no son sólo las personas las que nos joden el día que debería ser bueno, también hay comidas que nos caen mal, música que nos desagrada, cursos abominables, días soleados, un dinosaurio o simplemente la cucaracha que no pudimos matar aquella noche mientras admirábamos la belleza del suelo, en la alcoba. Todo aquello que nos revuelve el estómago siempre está presente y aunque nunca es tan importante, siempre existe algo en nosotros, como el recuerdo de que alguna vez fuimos primates, que nos obliga a pensar en lo irrelevante, en lo que nunca debió existir, en aquellos que nos joden el día y siempre nos caen como patada imaginaria en los testículos.

También hay personas que tienen la estupenda cualidad de generar malestar social y no son pocos, y generalmente son  gorditos. No tengo nada en contra de los gorditos porque sospecho que dentro de poco  también seré gordo, pero por lo menos no seré un gordito anclado en ideas medievales, por lo menos procuraré ser un gordito que duerme (para volverse más gordo), un gordo liberal y no dinosaurio.

Iván Pérez es de aquellos tipos, que les jode la vida a los demás, aquellos que todos ven como dinosaurio con cara de sapo, que no sabe otra cosa aparte de la metodología RUP. Es un profesor del que todos rajan y al que nadie dice nada, porque son cobardes o porque simplemente los dinosaurios y los sapos aún son más poderosos que los humanoides. Todos aquellos ex alumnos de Iván Pérez, el profesor con cuerpo de dinosaurio y cara de sapo, resumen sus cualidades en cinco frases:
  • Le falta que se meta un curso de actualización.
  • Lea menos diapositivas.
  • Se pare en la pizarra y explique y no se quede sentado como una madre.
  • Le falta Aceptar "me equivoqué".... Actualizarse... entender que la época de sólo programar de un ingeniero de sistemas ya pasó... No exigir ética si él no la práctica no se baje los ejercicios de laboratorio y clase de Internet... Un mea culpa de cuál es su aporte a la ingeniería de sistemas.
  • Dejar de pensar y decir que RUP lo es todo.

Iván Pérez es profesor en la universidad de los que quieren salir adelante y Adriano Juárez es un estudiante al que no le interesa salir adelante. Porque las personas cautelosas sabemos que hay situaciones en las que debemos quedarnos en el mismo lugar. Porque a veces ir hacia adelante y sobre todo acercarse a debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda lo oscura que fue la vida en la edad media donde se creía que sólo los dinosauros con cara de sapo tenían derecho a decretar lo que se debía y lo que no se debía hacer. Porque a veces ir hacia adelante y debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda que si el Perú es un país jodido es porque existe gente como él, que se rehúsa a aceptar el libre albedrío, que se rehúsa a aceptar las opiniones de los demás. En resumen Iván Pérez es un profesor desactualizado – en conocimientos e ideología – y es un profesor que tiene como una única arma de ataque a todo lo que se le dice: “Yo soy el profesor y yo doy las órdenes”.

No se confunda Iván Pérez. Usted es profesor, pero usted no da las órdenes, usted sólo da sugerencias. Ya cada uno verá como encamina su formación. Y si quiere tener autoridad esa no es la mejor manera. Si quiere tener autoridad y quiere que las futuras generaciones recuerden que los dinosauros fueron más que animales con cuerpo grande y cerebro pequeño, demuestre que su estilo de vida es digno de ser imitado.

domingo, 3 de junio de 2012

Profesores y compañeros de la universidad


León Tolstoi no se equivocó cuando propuso que todo lo escrito, producto de la exploración de la sociedad, es solamente “La comedia humana”


UNO:
Jabo nació hace doce años, en una de las aulas del colegio “Santa Lucía” de Ferreñafe. Yo acababa de empezar primero de secundaria y tuve el buen gusto de formar parte de un grupo de escritores de cuentos. El grupo era dirigido por el profesor Beder Bocanegra, un excelente profesor de Lengua y Literatura,  quien nos reunía todos los sábados por la mañana. Yo y mi compañera escribíamos “La chacra de Laquipampa”.  Por supuesto que Jabo no siempre fue Jabo, a esa edad  ya tenía la mala costumbre de colocarles nombres y apellidos reales a mis personajes. Jabo al comienzo se llamó Javier Bocanegra y así se llamó durante toda la redacción. Casi a finales del año cuando se publicó el libro de cuentos “Aprender Escribiendo”, me leí por primera vez y descubrí que Javier Bocanegra se había transformado en Jabo; y las palabras de Beder aún deambulan por mi mente: “Es mejor no hacer referencias exactas de personas en lo que se escribe”. El libro de cuentos está guardado en algún lugar, en Ferreñafe; y el profesor Beder  es catedrático de la UNPRG, y forma parte de mafia que quiere permanecer en el poder político de dicha universidad.

DOS:
Mi nombre es Jabo y estudio en la universidad de los que quieren salir adelante. Estudio allí desde el tercer ciclo, estudio ingeniería de sistemas y aunque no me interesa ser ingeniero y no quiero salir adelante, si quiero terminar la carrera para que mi abuela vea cumplido su sueño, el  de que todos sus hijos y nietos sean ingenieros. Este es quizá el sacrificio más grande que haré en mi vida y mientras dura el camino tendré en buen gusto de observar el comportamiento de mis compañeros y profesores, y aunque está demás decirlo, tienen una vida digna de ser contada, llevan una vida cómica, una excelente comedia, una comedia gratuita de la que inconscientemente forman parte y de la que nunca serán conscientes.

TRES:
Los primeros días en la universidad fueron como los días del colegio, yo era un tipo bastante cojudo al que le gustaba hacer las tareas y sacaba buenas notas. Fue quizá el mejor ciclo de todos. Recuerdo que ese año formé grupo de trabajos con personas tan o más cojudas que yo, sólo que ellos eran cojudos conocidos y yo no. Yo no conocía a nadie y siendo sincero no me interesaba conocer a nadie. Por aquel tiempo ya sabía que era un hombre al que le gustaban los hombres y también descubrí que en mi facultad o en mi salón no había ningún hombre con el que fuese placentero salir o aunque sea platicar, digamos que visto desde un ángulo sexual, el tercer ciclo fue ciclo académicamente bueno y sexualmente repugnante, ¡Que fea era la gente con la que me tocó estudiar ¡ Pero por aquella época, aún creía que Dios se tomaba cierto tiempo para ayudarme a ser feliz – y quizá así lo fue – y fue en aquel confuso momento de estupidez en el que conocí a Cristhian. Lo conocí, lo saludé, era joven, interesante, mirada y sonrisa agradables; porque seamos honestos, él era Cristhian y me gustaba. Nunca estudió conmigo y cuando nos tocó llevar cursos juntos, no la pasamos bien. Luego escribí, él me quiso romper la cara y ahora, sospecho, somos poco menos que compañeros. A pesar de todo Cristhian me cae bien, es un tipo chévere. Sus amigos bromean: “Le apesta la poronga”, “Es un cerdo”. Yo no bromeo y  ahora que ha pasado algo de tiempo pienso que sería bueno que el joven de mirada y sonrisa interesantes, y al que le apesta la poronga y al que sus amigos califican como cerdo, sea mi amigo. Y sería bueno volverlo a saludar como aquella primera vez en la que me gustó el calor de sus manos.

CUATRO:
En ese ciclo tuve amigos, pero no recuerdo a ninguno. Lo que recuerdo es que el último día de clases un tipo con cuerpo de hipopótamo se me acercó y  pidió mi correo electrónico y me propuso que el próximo ciclo nos matriculásemos en el mismo salón. Yo no recordé nada de lo que me dijo, pero es probable que en ese momento haya pensado: “Es amigo de Cristhian y sería bueno que también sea mi amigo”. Ese tipo con cuerpo de hipopótamo que se me acercó aquella mañana, la de último día de clases es “El buen Juancho”, uno de mis mejores amigos. Soy pésimo para demostrar afecto, ya sabemos que los libros no se dedican a ese tipo de cosas banales, pero lo importante es que él sepa que es gran amigo y si bien nunca estoy y nunca estaré cuando me necesite, siempre será una persona importante en mi vida y sé que cuando esté sólo y necesite una gran barriga que sostenga mi cabeza caída, siempre estaré él.

CINCO:
Percy bravo, es un profesor. Es un tipo petizo, no tomo como referencia mi estatura sino la de mi hermano,  y desde la perspectiva de mi hermano debe ser un tipo cojudo; pero yo pienso que es tipo genial. Es un tipo que sabe mucho y sabe cómo llegar a los cerebros atolondrados de mis compañeros. Lo más interesante de Percy es la muletilla que usa para terminar sus razonamientos: “Caótico ¿No?”. Percy, la vida humana es caótica, ya lo dijeron nuestros antepasados “el ser humano es malo por naturaleza”. Percy me cae bien, es un petizo inteligente y con estilo, la muletilla cae bien y permite que algunos cerebros atrofiados tengan cierta admiración, su estilo se compara con el genial y excitante tartamudeo de PPK al hablar. Quisiera proponerle al profesor de Auditoría de Sistemas, que me permita formar parte del grupo de investigación del que habló la otra vez en clases porque tengo cierta habilidad para ello, al menos eso me han hecho creer algunos amigos sacerdotes, pero se lo propondré después de la siesta, al menos que el espíritu santo venga con la noticia antes del amanecer.

sábado, 26 de mayo de 2012

Siete consejos para ser menos infeliz


Coetzee: “La gente feliz no es interesante. Es mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena”
UNO:

Nunca empieces una plática recordando lo que hablamos o hicimos ayer, al menos que el ayer sea un evento ocurrido antes de los dieciocho años. Antes de los dieciocho años solía tener una mente lúcida/traicionera, antes de los dieciocho años lo recordaba todo y cada uno de aquellos días, vienen a mi mente como los golpes que mi madre propiciaba a las ratas que invadían la casa y que el gato no se atrevía a matar (era un gato admirable, era admirable la voluntad empeñosa que tenía por dejar de ser gato), acaso también como los martillazos que mi padre repartía entre los fierros oxidados de los carros que arreglaba, aquellos días los recuerdo, en resumen, como días llenos de infelicidad, de sufrimiento en la alcoba de mi abuelo fallecido, entre las estampitas, los santos de yeso y los libros. Después de los dieciocho años me he vuelto menos inteligente pero más prudente, después de los dieciocho años no recuerdo nada de lo que hago o digo, y cuando lo recuerdo es por la exclusiva razón de escribirlo y luego de escribirlo no recuerdo el suceso ni lo escrito.

DOS:

Si me vas a invitar a salir tienes que saber que rechazaré la invitación si es que las condiciones climatológicas no son propicias para la felicidad. Me importa un carajo el quien seas o el que quieras, lo primordial es el clima. Me agradan las tardes después de las seis, con el cielo nublado/gris, con neblina si es posible. Me agradan esas tardes grises después de la seis con neblina porque me recuerdan los domingos en los que me quedaba solo en casa, a hablar con las aves o con el aire o con una  rama de árbol (báculo) que recogí algún día en la chacra. Me agradan esas tardes que se parecen a los domingos de infancia y por eso procura invitarme a lugares solitarios, con árboles y aves. Y ya en el lugar de la cita, ten el buen juicio de preguntar “Te acostarías conmigo”. Si te respondo que no, sólo quédate callado y cuéntame historias mientras observo las plantas, los animales o la nada. Si te digo que sí, acaríciame y disfruta del momento. Si te digo que no y no tienes historias que contarme, procura dejarme sólo, la pasaré mejor con los animales. Si te digo que sí, no te cohíbas y hazme feliz.

TRES:

Cuando te haya dicho que no me gustas y que jamás me acostaría contigo no comentas actos de estupidez aún que mayores que el hecho de haberte fijado en mí. Cuando te haya dicho que no me gustas no trates de cambiar en un afán mediocre de agradarme. Si te he dicho que no  me gustas lo que debes hacer es formar tu personalidad (yo nunca me fijo en tipos sin personalidad), debes trabajar en aquello para lo que has nacido, aunque al hacerlo las circunstancias te alejen más de mí. Créeme que años más tarde cuando te vea convertido en un rey, en escritor, en actor o en un sapo; te apreciaré y querré ser tu amigo y quizá en momento exista la remota posibilidad de que me cueste contigo y de que tú no quieras ser mi amigo, ni acostarte conmigo. Y quizá en ese momento dirás: “Perro cabrón, ahora ya soy feliz, no te necesito. El infeliz eres tú por no haberme aceptado en ese entonces”. Yo sólo diré: “Qué agradable tipo”, luego me iré a la cama a hacer lo que mejor sé hacer: Dormir.

domingo, 20 de mayo de 2012

El amigo de la mirada puteril


Ahora es de aquellos momentos en los que quisiera abandonar la carrera, ahora es de aquellos momentos en los que quisiera no saber nada de lo que sé, nada de lo que me han enseñado a lo largo de cuatro años en la universidad de pacotilla, en la universidad “de los quieren salir adelante”;  es de aquellos momentos en los que quisiera no saber nada de lo que fui obligado a aprender para aprobar algún curso o acaso para procurar sentirme superior  a los seres esperpénticos que hacen esfuerzos sobrehumanos por conseguir lo que un bicho raro u otro de mi especie conseguiría con un ronquido. Hoy es de esos días, y me siento aún más estúpido/peruano leyendo en la fachada azul “Examen de ganadores” o “Si quieres salir adelante…”. Hoy es de esos días en los que me doy cuenta que no soy un ganador (por eso no di el examen de admisión y cuando lo di me dejaron tercero y ya sabemos que el espíritu santo es sólo eso y nada más) y que no quiero ir hacia adelante ni hacia ningún otro lado; estoy en un extraño momento de lucidez en el que me doy cuenta que lo conveniente es quedarme en mismo lugar, a dormir, a pensar, a escribir y a hacer cualquiera de esas cosas que creo hacer mejor, no bien, sólo mejor.

Hoy es domingo; ayer fue invierno pero hoy ya no, hoy salió el sol, ayer fue un día genial (dormí  20 horas de las 24) pero hoy no puede ser genial (tengo que leer y hacer trabajos de la universidad). Quizá lo bueno de este día y la razón por la que me tomaré el trabajo de hacer el trabajo es porque le enviaré una copia a un amigo, cuya llamada me hizo bastante bien. Como todos los domingos hoy es de los días más desagradables de todos, hoy es de esos días  donde todos quieren estar en familia, almorzar en familia, salir en familia, todos quieren ser parte de un grupo más abominable que lo abominable de una sola individualidad, que su vida, quizá para poder notar la estupidez en una dimensión más amplia. Pero llamada me ha dado energías para pensar en el trabajo, para procurar entender la lectura en inglés técnico, aquella lectura de quince páginas multiplicadas por cuatro, de las cuales sólo entiendo una palabra por página. Por lo que me apresuraré a sacar conclusiones peruanas, me apresuraré  en convertir esa única palabra en un mamotreto de varias páginas que será lo que llegará al correo del profesor Percy (o lo más probable que es no llegue nada), ese petizo alegre e inteligente (eso lo sospecho) que después de un pequeño discurso de dos o tres minutos (relativos, porque ya sabemos que en cuestiones del tiempo soy un cero a la izquierda) llega a la conclusión de que todo es “caótico”. Percy es todo un personaje, tiene historias interesantes (de la carrera) que me encargaré de convertir en historias cómicas. Y el amigo de la llamada tiene una voz agradable al que procuraré satisfacer. Aún recuerdo a Percy terminado un discurso diciendo:
  •  Caótico, ¿no?

Aún recuerdo al amigo y a esa voz grave, inteligente, celestial. Si te presento una versión más agradable de mí ¿Te animarías a salir conmigo? Recuerda que si hay algo que sé hacer bien, es ser cualquier persona, animal o cosa, menos yo. Recuerda que la mejor versión de mí es la nada, lo desconocido, lo camaleónico. Recuerda que desde que he nacido he sido muchas personas y no sería complicado inventar otra versión.
Entonces hoy domingo, que no puedo dormir igual que ayer será un día genial porque le enviaré una copia del trabajo  a ese amigo con el que quiero salir y tomar y luego conversar hasta la hora del sueño. Y luego quiero soñar y pensar que todos los sueños pueden ser realidad si hago los trabajos y si sigo escribiendo; y luego quiero seguir soñando con olor Caricia, sobre la cama solitaria y quiero pensar que si bien no podré estar nunca al lado de la persona que quiero sexualmente y vocalmente, por lo menos podré enviarle los trabajos, podré quizá hacer los trabajos que no haría si no existiese la espalda y la mirada puteril;  y de ese modo ambos podemos ser felices, ambos podemos ayudarnos a terminar la carrera. Luego seré ingeniero y me las ingeniaré para seguir escribiendo y llevar una vida de escritor a mi estilo: Escribir, pensar, dormir e ingeniaré la manera de tener a mi lado a ese amigo, porque después de todo para algo tiene que servirme la ingeniería: Para conquistar al amigo de la mirada puteril.

domingo, 13 de mayo de 2012

Siete fotos y pocas palabras


Viendo las fotos de nuestro pasado y las no menos oprobiosas de nuestro presente, parece un hecho indiscutible que las mejores fotos son las que no nos hacemos, las que logramos evitar. Nada es más conveniente que caminar por la sombra, darle la razón al otro y dejar que sea él quien salga en la foto. El que a la larga prevalece no es el que sale en la foto, sino el que la toma, y a ese, al que está detrás, no lo vemos.(Jaime Bayly en "Salir en la foto")
La foto  más fea del mundo

Hace poco más de un año fui al programa de Bayly. Llegué temprano y me senté en la acera con unas chicas locas, con unas señoras locas y con la ropa más fea del mundo. Bayly llegó en su carro, nos hicieron pasar, le quitaron las cámaras a las locas. Adentro éramos menos de ochenta personas, un grupo selecto al que no se le invitaba un solo bocado, el bocado era el conductor. Bayly es agradable detrás de cámaras, conversa con todos, es entretenido y sabe tolerar y mantener el buen ánimo cuando las locas le gritan “Hazme un hijo”. Al final del programa las ochenta personas se tomaron fotos y manosearon al canalla; y yo me tomé  la foto más fea del mundo en el momento más agradable del mundo.

Una foto familiar

Nunca he salido en familia. Nunca me ha agradado ir a visitar a mis abuelos, a mis tíos ni a ningún otro familiar. Sospecho que tengo gran cantidad de familiares de los que no tengo siquiera noción de su existir. Nunca he salido con mi padre, mi padre nunca salió conmigo, siempre ha preferido salir con alguna mujer. Han pasado muchos años, mi padre ya tiene cincuenta, me he dado cuenta que lo quiero  y cierto día me vino a visitar. Vi a mi padre con mi madre, jugando. Ese día nos tomamos una foto familiar, mi madre se rehusó a salir en ella.

La foto de mis hermanos

A mi hermano mayor lo conocí a los trece años. Al hermano de mi edad lo conocí el día de mi cumpleaños dieciocho, él me invitó a salir al estadio municipal. Nos llevamos bien desde entonces. Quiero a mis hermanos y daría mi vida por ellos, aunque sé ellos la darían primero por mí. Un día especial para ellos nos tomamos una foto. A veces observo la foto de mis hermanos y pienso que no debo tomarme fotos nunca más.


Mi hermano menor y la foto de la confirmación

De pequeños siempre nos hemos tomado fotos, juntos. Vivíamos felices en la casa de la abuela, luego cada uno eligió un estilo de vida distinto: Él es de calle, yo más estúpido. Fui padrino de su confirmación, conocí a Cipriani y luego nos tomamos una foto. La primera después de diez años. Mi hermano menor y la foto de confirmación es aquello que se debe conservar, es un milagro.



La foto de la confirmación

Hice la confirmación gracias a Genaro. Ese día no fue un día feliz. No tengo muchos recuerdos y a veces hay que dejar que las fotos hablen solas.









La foto de mi sobrina

Quizá la persona a la que más amo en el mundo es mi a sobrina. Estar con ella me llena de ternura y me quita el don de escritor. Ya sabemos que sólo escribo cuando estoy con él ánimo revuelto. Lo pueden notar en la disminución de las líneas, en los párrafos que cada vez se hacen más cortos y vacíos. Éste soy yo, ahora.




La foto del  solitario

Sin duda la mejor foto que me tome fue cuando estuve sólo y  con veinte pastillas dentro del cuerpo. Lo  recomendable sería no volverme a tomar más fotos. Y ésta es la foto que más me agrada.

sábado, 12 de mayo de 2012

Pensamientos en una línea


El dolor de cabeza y el mal humor de mi respiración.

La mujer más bella del mundo y el chico que me agrada.

Mi hermano que quiere conversar y mi padre que llama, es la ancianidad.

Mi madre contenta, con sus amigas; yo con sueño, con mis sueños, en mi cama.

El veinte del examen y las bajas notas en los laboratorios y trabajos.

El golpe que daré en la próxima exposición, el inicio de mi reinado.

El frío de la noche y las medias en mis pies; pienso en Bayly, el canalla sentimental.

Genaro y su amigo pidiendo dormir conmigo y las excusas que invento para no lacerar sus sentimientos.

El durazno, Bryan, Juan y el agua Evian. El triunvirato griego y el agua de la muerte.

El olor de mi cuerpo después de la hora de ducha y el perfume de las sábanas.

Las once de la mañana, la panadería, las rosquitas con mantequilla y el pan con manjar blanco.

Mi tío borracho, yo acariciando su cuerpo, mi madre observando, la vergüenza más grande.

José Víctor, Juan Pablo, el amor al que no le interesa el rostro feo y las confesiones. Ya no me interesa la cosa.

Mi hermano, el día de la madre, la conclusión: Me importa un huevo todo lo que ocurra en el mundo.

Renato, la nueva amistad ¿En qué idioma le digo que me gusta?

Miraflores, la calle chel, Juan, los cigarros KEN HD, las risas y el tipo drogado en el ValeTodo.

Las redes sociales, las fotos, los comentarios estúpidos: La civilización del espectáculo.

Las llamadas al celular, los tipos que no pueden olvidar y a los que nunca llegaré a querer.

La felicidad, el código creado para automatizar procesos, los tipos que se van por mi culpa.

La chica más bella de toda la facultad, el justo medio: Mitad belleza física, mitad belleza intelectual.

La cantidad de números desconocidos en el celular, los hombres con lo que me quiero acostar después de la hora de la siesta.

Los errores ortográficos en las publicaciones y las publicaciones que no deben ser publicadas.

El final de la hoja, las historias completas y geniales en mi cabeza; las historias jamás escritas.

domingo, 29 de abril de 2012

Los hombres de mi vida: Paul


Veíamos pasar el mar negro, las playas de la Costa verde. Olía feo, a aguaje, a desagüe. Sólo los pobres se bañaban en esas playas poco higiénicas. Los que tenía plata se iban al sur, cada vez más al sur. Meterse al mar de la Costa verde era como meterse en un inodoro: mucha mierda, compadre. (Fue ayer y no me acuerdo de Jaime Bayly)

Me detengo en la página 198. Gabrielito le ha ganado la guerra a Matías, me siento Gabrielito y siento que la victoria también ha sido mía. En el televisor toca David Guetta. Recuerdo que debo escribir sobre un durazno y un delfín y también sobre el humano, con quien terminaré acostándome, porque ya sabemos en el noble arte de la ficción yo soy un dios y nadie puede decir lo contrario. Dejo la lectura, siento que amo sus canciones y me invade la mente una historia y un tipo agradable. Es hora de escribir.
Eran mis primeras semanas en Lima, la ciudad en la que se puede ser gay, coquero y vivir feliz. Aún sufría y comía poco, recordaba con lágrimas al tipo con el tuve una larga relación de tres años, y que pudo haber durado más, pero el viaje y la voluntad de mi madre (que es lo mismo) la interrumpió. No conocía Lima, me preparaba en una academia conocida, porque tenía la idea descabellada de postular a la UNI y ser el mejor ingeniero, eran días de estupidez. Nunca postulé a la UNI, pero si camine por la calles aquella ciudad, conociendo, recordando, pensando, en las nubes.
Cuando se está en Lima y no se conoce mucho y tampoco se tiene amigos, sólo quedan dos opciones: Quedarse en casa leyendo o haciendo cualquier cosa; salir y tomar la ruta más larga, luego caminar un rato por algún distrito desconocido y finalmente emprender el viaje de regreso, igual de largo que el de ida. La ruta perfecta, para mí, es empezar en Cieneguilla, un lugar solitario y agradable y terminar, a lo más en Plaza San Miguel, no más allá porque la ciudad y el viaje se afean. Yo elegí lo segundo, tomé el bus, con buena música, con cobrador de buen cuerpo y con asientos más o menos nuevos y terminé el viaje en Pueblo Libre.
Bajé en ese lugar como por voluntad de Dios, caminé dos cuadras, en aquel distrito agradable y llegué a Parque Amoretti, un  parque sin bancas, pero agradable. Pueblo Libre tiene muchas referencias, estatuas, edificaciones en honor a los libertadores y llegué a la conclusión, de que si José de San Martín o Bolívar, llegaron a Lima, debieron hospedarse allí. Me senté en la vereda del parque.
La gente corre con sus perros, es casi de noche. No pregunten porque siempre salgo en las noches. Escucho a unas viejitas contar la historia de porqué el parque no tiene bancas y de cómo las retiraron el día que el alcalde u otra celebridad las donó. Fue en ese momento en el que noté a un tipo como de treinta años, blanco, con cuerpo de gimnasio, una tabla de surf y sobre una moto. Su nombre es Paul.
Paul es de esos pocos chicos guapos que quedan el Lima. Es como aquellos chicos que de los que leo en las novelas de Bayly o como aquellos chicos que observaba con lujuria en las revistas de mi tío, Health Men es el nombre de la revista, en los tiempos de adolescencia en una casa de campo. Lo conocí aquella noche en Pueblo Libre, me saludó; yo hice lo mismo con la mirada, quedé impresionado por sus manos y por su rostro de joven que pronto será adulto. Hablamos de muchas cosas que no recuerdo. Tomamos gaseosa y llegamos a la conclusión de que yo no sabía manejar moto, el propuso enseñarme. Yo acepté verle el rostro y las manos y me empeñé en que el aprendizaje demorase.  Nos veíamos todas las noches, durante media hora. El manejaba duro por todo Pueblo Libre, me dejaba manejar unas cuadras y luego continuaba hablando cosas que yo no quería escuchar, no puedo negar que me sentía bien al ir pegado detrás de él. Luego regresaba a casa y el con mirada de puto, se despedía, a su estilo, y se quedaba en mi mente hasta el día siguiente.

miércoles, 25 de abril de 2012

Los hombres de mi vida: Iván


De pequeño fui tímido. Hice la primera comunión cuando estuve en cuarto de primaria. Asistía a las charlas todos los sábados como a la cuatro de la  tarde al colegio Augusta López Arenas, frente a la plaza de armas. Allí conocí a Iván, mi catequista, aún adolescente. Era un tipo delgado, casi de mi estatura o probablemente un poco más alto. Era blanco y recuerdo una voz bastante suave, casi femenina, recuerdo sus manos pronunciadamente femeninas (como las mías) y una cavidad bucal divina, esto último lo descubrí en quinto de secundaria. Por aquel tiempo Iván vivía con sus padres en la cuadra uno o dos de la calle Tres Marías, estudiaba lengua y literatura y años más tarde fue a realizar prácticas al colegio Santa Lucía donde yo estudiaba. Las clases de la catequesis eran aburridas, recuerdo que Iván no tenía autoridad, que era un poco cojudo y por mi lado, me gustaba y me masturbaba pensando en uno de mis compañeros;  pero yo lo respetaba o mejor dicho: Yo era y siempre he sido un cojudo. Mis padres me enseñaron de pequeño a respetar a los mayores, a saludar,  a ser acomedido, a atender las clases y otras cosas que no creo que recuerde ahora ni nunca. Cuando terminó la catequesis, no supe más de Iván hasta un tiempo después. Hasta entonces no noté las conductas homosexuales de mi catequista. Siempre fui ingenuo, viví encerrado en mi casa hasta los once años, eso podría explicarlo todo, y sospecho que fui el único que no se dio cuenta.

Cuando llegué a quinto de secundaria, era el primero de toda la institución. Había acumulado todos los cordones de policía escolar, de primero a cuarto, y todo apuntaba a que yo sería el brigadier general, pero las cosas no ocurrieron así. Salvador, un gordito chupamedias, que no tenía ningún otro talento que el de ser chupamedias, empezó a surgir como estudiante destacable a partir de tercero, todo empezó en las clases del profesor Nerio, el estafador. Los dos años anteriores los dioses de aquel colegio éramos John y yo; él, mejor en números y yo, en letras. Las cosas iban bien hasta que John tuvo que cambiarse a un colegio donde le enseñasen mejor la matemáticas. Su hermano mayor era campeón departamental de matemáticas y sus padres querían que John sea tan bueno en matemáticas como su hermano mayor. Ahora John estudia en la universidad nacional de Lambayeque. Con la partida de John quedé solo, ya no hubo con quien competir. Surgieron nuevas amistadas, tres mejores amigos (Anderson, Juan Carlos y Jorge) y por aquella época empecé a entablar algunas pláticas con Salvador. Nunca me cayó bien el tipo, lo detestaba, pero siempre me ofrecía ayudarlo con alguna tarea, recuerdo que tenía algún retardo para el análisis. Salvador se fue haciendo amigo de los profesores, fue obteniendo cada vez mejores calificaciones; mientras yo me sumergía en la soledad y en las lecturas de libros de filosofía (leía El mundo de Sofía). Fue de ese modo como Salvador se convirtió en el alumno favorito en cuarto y yo pasé a ocupar el sitio de los renegados, de los que lo criticaban todo, el que denunciaba la ineficiencia de los auxiliares, el que denunciaba al profesor Carrasco que sólo llegaba cada fin de bimestre para cobrar y colocar las notas, el que se mechaba con el profesor Nerio porque pedía dinero para algún compuesto químico y terminaba dándole de comer a sus hijas y esposa con ese dinero, el que se rehusada a coger una palana para sembrar plantitas (en el curso de Educación para el trabajo). Salvador era el salvador de los profesores y su padre era amigo del subdirector, un profesor de matemática que  dictaba las clases borracho. Finalmente una conversación en una cantina, en El Refugio, determinó que me hurtaran el cordón de brigadier general.

Como subrigadier me dediqué a empezar la guerra contra el cabrón chupamedias y contra los profesores, director y subdirector de ese colegio emblemático, el mejor de todos los que existen en la ciudad del exceso de fe. Durante esa guerra no declarada, llegué a casa de Iván en busca de información que pudiese servir para obtener la victoria; pero, terminé eyaculando en su boca y sin ninguna información que pudiese servir.

Pronto Iván regresará a Ferreñafe a celebrar su primera misa como sacerdote (por alguna razón desconocida se encerró en un seminario), espero estar allí y escribir una novela.

domingo, 22 de abril de 2012

Los hombres de mi vida: Ricardo


Soy la noche desvelada. Soy el estupor en el espejo. Soy un cadáver que respira ¿En qué momento morí sin darme cuenta?¿Cuándo por fin terminaré de morir? No debí nacer. (Escupirán sobre mi tumba de Jaime Bayly)
Ricardo tenía como 23 años cuando lo conocí, cuando conocí sus intenciones. Era un buen amigo de mi abuela, era pintor, electricista y otras profesiones más.  Se encargaba de arreglar las bodegas y limpiar las paredes de la casa cada vez que mi abuela  lo requería. Era un amigo de familia, desde la época en la que mi abuelo vivía. Lo recuerdo como un tipo alto, con espaldas anchas, bastante educado ante los incautos y sexualmente indeseable ante mí. Yo tendría unos cuatro años cuando mi abuelo murió. Y él quedó como un miembro más de la familia y fue, desde aquel momento, el más allegado a mi abuela, quien era la que gobernaba la casa de infancia. Llegaba a la casa cuando quería, platicaba, se jugaba con mi madre y con la señora Chonate, la lavandera;  jugábamos a los carnavales con las bombas de fumigar de mi abuelo, muchas veces me acompañaba al campo a ver a los animales que vivían en el molino, a la altura del segundo dren, camino a Pítipo. Ricardo me vio nacer, me cargó, me trataba bien, era mi amigo hasta los once años en que me confesó su mayor secreto:

Te he visto nacer, crecer, siempre me has gustado. Estuve esperando el momento para decírtelo: Te amo. Quiero estar contigo. He esperado todo este tiempo para decirlo, desde que naciste.

Y me abrazó. Fue un domingo, mi abuela fue a visitar a mi abuelo al cementerio (una tumba blanca enrejada, como a la mitad del camino, antes de llegar a la edificación donde le celebran las misas a los muertos) y mi madre con mi hermano menor fueron a pasear a donde mi tía, en la avenida Tacna. Desde aquel momento Ricardo se encargó de acosarme, llegaba a casa cuando todos salían. Me observaba cuando me duchaba y trataba de jugar conmigo. Todo terminaba siempre en sexo oral. Me masturbaba hasta que terminase en su boca. Yo cerraba los ojos y en momentos de valentía le proponía o lo obligaba a que busque a alguna chica y que se ponga a leer algún libro para que olvide toda la estupidez y de paso dejase mi cuerpo en paz. Él prometía que cambiaría pero todo iba de mal en peor, cada día exploraba una parte de mi cuerpo, un cuerpo que ni siquiera yo conocía del todo. Era un caso perdido. Más tarde descubrí que fue error pedirle que deje de ser él,  porque ya sea, por voluntad propia o por cuestiones del destino, todos tienen derecho a ser aquello para lo que han nacido o aquello que han elegido ser.
Pero por aquella época pensaba que la homosexualidad era una enfermedad y un pecado. Pensé que iría al infierno. Trataba de olvidar los acontecimientos con Gustavo, un amigo del colegio con quien jugábamos a escribir el nombre de chicas en nuestros penes hasta quedar completamente excitados. Recurría a misa, me vestía como mejor podía, quería amistarme con Dios y obtener el perdón. Por aquella época tenía a lo más doce años, los acosos empezaron un año antes y terminaron tres años después, no era ni adolescente ni adulto, quiero decir que la ropa nunca me quedaba bien y era el hazme reír de todos los compañeros de clase que encontraba en misa, sobre todo de Giancarlo, a quien todos halagaban por el inmenso y deforme trasero que tenía, y a quien yo aborrecía por su actitud pedante. Algunos meses más tarde cuando me dediqué a investigar descubrí que la homosexualidad no es una enfermedad sino más bien una prueba de la complejidad humana. La homosexualidad existe desde los inicios de la humanidad con Safo, Aristóteles, Alejando Magno, Shakespeare. La homosexualidad está en el cuerpo colosal de un amigo de la universidad, en la figura varonil de un compañero de trabajo, está frente a los ojos que no quieren ver. ¿Por qué?  Ya sabemos, el qué dirán los demás, como si lo que queremos dependiese de lo que quieren los demás. Todo atribuible a estupidez peruana.
Desde aquella declaración nunca pude estar tranquilo, siempre estuve perseguido por el tipo que me bajaba el pantalón a cada instante: En mi habitación, rodeada de estampitas, libros y por la imagen del Señor de los milagros. En el tercer piso, aquel lugar donde se guardaban las cosas viejas, incluido libros, que leía con frecuencia. En la ducha, cuyo duplicado de la  llave siempre se encontraba colgado en múltiples lugares. En la casa de la calle Nicanor Carmona, en la cuadra seis, en una esquina, frente a los portales. Luego se hizo costumbre, acepté las circunstancias y tomé el control y lo convertí en mi objeto sexual, practiqué lo obsceno, en la cocina, en el baño, hasta que me aburrí. Lo sexual pasó a un segundo plano. Ricardo esperó once años no para ver lo exitosa que pudo haber sido la espera y la relación conmigo, sino para presencial el conjunto de instantes en los que me fui formando como un animal sexual.