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jueves, 16 de agosto de 2012

Marco Antonio o la historia de infidelidades y prostitución


Cuando su hermano le mostro uno de tus escritos impresos, él se apresuró a eliminarte de la red social, me obligó a hacerlo también. Sí, él es hermano de César, quien estudia contigo en la universidad. Y te propongo que escribamos juntos la historia de infidelidades y prostitución. Luego todo fue silencio, Sergio desapareció hasta unos meses después.

Conocer gente y compartir ideas y estupideces (disculpen la redundancia, por tratarse de mi caso) es más fácil gracias a las redes sociales. Para mí todo es más sencillo y placentero. Gracias a las redes sociales conocí a Beto, mi primera y única Cíber-pareja, a Marco Antonio y a un gran cúmulo de personas poco interesantes de quienes no escribiré y no creo que recuerde menudamente. Hoy deambula por mi mente Marco Antonio y sus labios celestiales. Gracias a esas telarañas puedo estar en contacto con todo el mundo, sin necesidad de moverme de la cama. Todo es sencillo y los encuentros con aquellos desconocidos suelen terminar en alguna cama, con experiencias placenteras y luego con el olvido, son experiencias efímeras, como todo en la sexualidad entre dos hombres. Con Marco Antonio no ocurrió de ese modo.

Era un día de semana o un fin de semana, eso no lo recuerdo. No sé si fue en época de clases o en época de invernación (Vacaciones). No recuerdo quien agregó a quien y tampoco quien empezó la plática. No recuerdo nada de aquellos primeros días, porque ustedes ya saben, las cosas siempre empiezan más o menos de este modo:
  • Hola ¿De dónde? ¿Edad? ¿Opción?

Yo miro la foto y nunca hay foto o las hay a medias o erradas voluntariamente. Miro la información personal y nunca hay nada o las hay a medias o erradas voluntariamente. ¡Rayos un fantasma! (Vivimos en una época donde a la gente le agrada estar detrás de una careta, no se asombren). Regreso a la página donde está mi información personal y veo: Vivo en Lima. No dice mi edad y tampoco cuál  es mi opción.
  • Vivo en Lima. Tengo 20 y en Octubre cumpliré 21 (Siempre tengo 20 años). Soy Moderno. ¿Y tú?, respondo cansado o agobiado por escribir siempre lo mismo. ¿Acaso nadie lee mi publicaciones?

Siempre digo que soy Moderno o Versátil o de vez en cuando pasivo, porque ese es un asunto que no me interesa o irrelevante y porque lo que soy en realidad es: Un haragán que quiere ser escritor y presidente. En la época donde nos ha tocado vivir no es conveniente decir que se es uno de los extremos o para ser más preciso, en Lima: No es conveniente decir que se es activo. Ello es mentira o una verdad a medias y si hay excepciones no he tenido el honor de conocerlas. Los que me dicen soy pasivo son con toda certeza pasivos; los que me dicen soy moderno son con certeza pasivos; y los que me dicen soy activo, son toda certeza  pasivos o, en el mejor de los casos modernos. Existen muchas personas que sienten vergüenza por su condición de homosexuales y más aún de su opción dentro de ese grupo. Y hay personas que consideran este intercambio de secreciones corporales, como un buen negocio y créanme no les debe ir mal.
  • Soy activo, tengo 19 años, mido 1.73 …

No leo todo lo que sigue, eso es predecible: Cuando no vemos. Cualquier día. Tienes sitio. No. Te parece bien este fin de semana. Me parece Genial. A las tres de la tarde. Perfecto. Dame tu celular. No tengo, dame el tuyo yo te llamo. Listo. Y como no hay foto o nada interesante generalmente me tomo la molestia de mandarlos a leer mi blog o me limito a responder simplemente: Entiendo. Entiendo. Entiendo.

A las personas a las que se puede conocer mediante las redes sociales, si se tiene el grupo de amigos que tengo, son todas poco o nada interesantes: O viven en Los olivos, San Martín de Porres o alrededores; o son personas que viven en Ate, San Luis o alrededores. Nada interesante, ni intelectual, ni físicamente, así que por lo general lo más conveniente es quedarse a dormir o de vez en cuando ir a conocer a algunos, sencillamente porque tengo que conocer a los tipos homosexuales, para escribir. Y a los dos o tres tipos que me interesan de verdad, son personas que no están interesadas en mí. Y dudo que con Marco Antonio haya ocurrido de ese modo.

martes, 31 de julio de 2012

"Los Hombres de mi Vida: Beto" (Primera Parte)


Sin embargo cuando alguien me gusta de verdad, me vuelvo pequeño, tímido y eso lo descubrí cuando te conocí. Al parecer eran días de vacaciones. Tú gestionabas el traslado de la universidad católica de Lambayeque hacia la universidad Señor de Sipán,  yo estudiaba en la César Vallejo de Lima. Había posibilidades de que vengas a estudiar a Lima pero eran posibilidades vagas, el que estudiases en Lima era un golpe de suerte, tanto como lo fue el haberte conocido. Recuerdo que las veces que hablábamos planeábamos el futuro, yo gobernaría el Perú y tú te encargarías de garantizar que nadie me meta a la cárcel por los delitos que iba a cometer: Ya sabemos que en el Perú todo lo bueno es considerado delito. Yo no necesariamente estudiaba ciencias políticas (sería ingeniero) y tú si te preparabas para ser abogado.

Por aquellos días me preguntaba ¿Por qué jamás conocí a un chico al  que le gustasen los chicos mientras vivía en Ferreñafe, a excepción de los ya nombrados e insoportables físicamente? Me preguntaba muchas cosas y me dedicaba a colocar en los buscadores “Chico busca chico”. Quería conocer gente y las redes sociales eran una buena opción. Me preguntaba muchas cosas y no tenía el carácter suficiente para decirle al mundo “Me gustan los hombres”, aún vivía arrinconado/encarcelado por las normas impuestas en la sociedad peruana, una sociedad en decadencia.

Buscaba, perdía el tiempo, me preparaba en una academia para postular a la universidad nacional de ingeniería y ser el mejor ingeniero del Perú, sólo para complacer a mi abuela que ya había muerto. Ya luego me dedicaría a ser político. Entre los resultados de las tantas búsquedas, en los ratos de ocio que era casi todo el tiempo, entre fotos de hombres desnudos, feos, mostrando sus genitales, mostrando un ano horadado o simplemente pidiendo dinero para complacer sexualmente a quien lo requiera, te encontré, con un correo que ya no usabas. Nos empezamos a conocer, intercambiamos lo cotidiano (nombre, edad, opción y otras cosas más) y  pediste que agregue  tu  correo. Ese día me enamoré de ti a primera vista, o acaso porque eras el primer hombre al que le gustaban los hombres que conocía, de mi edad y de mi agrado; y empecé a escribirte, empecé a mostrar mis pocas habilidades como conquistador, descubrí que había muchas cosas que me salían bien, pero definitivamente conquistar y conseguir pareja no estaban en la lista. Y te escribí el primer mensaje en mayúsculas y en letras rojas:

HOLA AMIGO, SUPONGO QUE ESTAS BIEN, ESTUVE PENSANDO QUE ERES EXTRAORDINARIO Y CASI PERFECTO, NUNCA TUVE LA OPORTUNIDAD DE CONOCER ALGUIEN (AUNQUE SEA TAN LEJANO) QUE ME CAUSE TAL IMPRESION. QUIERO CONTARTE QUE TARDE MEDIA HORA EN ESCRIBIR ESTAS DOS LINEAS. NO SE POR QUE ES DIFICIL TRATAR DE DECIRTE ALGO, EN MI MENTE HAS ENTRADO COMO UN SER PERFECTO Y SIENTO QUE ERES CASI INALCANSABLE. SE QUE SEREMOS BUENOS AMIGOS, AHORA ME GUSTAS BASTANTE  Y SI ESTUVIERAS CERCA HARIA LO QUE SEA PARA ESTAR CONTIGO, PERO SUPONGO QUE CON EL TIEMPO APRENDERE A AMARTE COMO AMIGO. 
NO ESCRIBO MAS PARA NO ABURRIRTE, SOBRE TODO POR QUE NO SE HACER DIVERTIDOS LOS E-MAIL CON LAS JERGAS QUE UTILIZA LA MAYORIA, PERO PRONTO LAS APRENDERE (NO CONOSCO MUCHO DE ESO POR LA EDUCACION TAN ESTRICTA QUE ME IMPARTIERON), PERO PRONTO LO ARREGLARE. 
 NECESITO QUE RESPONDAS ESTE MENSAJE CON LO QUE SEA, POR FAVOR ES MUY IMPORTANTE PARA MI.

domingo, 29 de julio de 2012

La gran catástrofe


Esa cara no me agrada, pero definitivamente soy yo

He pasado gran parte de mi vida predicando que lo que único importante y que lo ideal para vivir feliz en este mundo, en este país que es el único que conozco y a medias, es olvidarnos de todo lo irrelevante, de la torpeza de los conductores de televisión, de las matanzas rutinarias que nos explican cuando despertamos temprano y prendemos el televisor, de las personas que sólo pierden el tiempo odiándonos o persiguiéndonos para conseguir algún beneficio personal o sexual; es ponernos a dormir.

El dormir siempre suele ser mejor que todas esas cosas, el dormir nos permite pensar en nosotros mismos, nos permite pensar en el insecto que camina por el techo blanco sin saber qué hacer, y también nos permite reflexionar sobre lo que debemos hacer con nuestras vidas, si la única vida que conocemos, en nuestra familia, en la televisión, en la universidad y en nuestro círculo de amigos; es una vida que sólo nos va a permitir ser un pedazo de mierda en todo ese conjunto que se forma día a día, cuando nuestros compatriotas fecundan hijos como si fuesen cuyes o cuando nuestros compatriotas o vecinos cercanos se dedican a asistir a eventos miserables/ridículos de personas que quieren ser famosas mostrando los genitales o saliendo a pasear con hombres voluminosos/grasosos llenos del dinero que les obsequiamos después de largas semanas de trabajo duro al prender el televisor o al asistir a esos espectáculos donde se burlan de la condición miserables de los espectadores, de nosotros.

La vida que conozco es está. No odio la vida de los demás, no me interesa el modo como cada uno despilfarra el dinero o no me interesa como cada uno elige el mejor modo divertirse y llegar a  viejo como sus antepasados, jodidos y creyendo que los que vienen después podrán arreglar lo que ellos no están dispuestos a hacer. Tampoco pienso que este sea un país jodido y sin solución, porque todo tiene solución, lo único que se debe hacer es escribir una novela y arreglar todo lo que no nos agrada, de ese modo podemos tener el paraíso que soñamos. Esa es la razón por la que he elegido dormir y por la que seguiré durmiendo durante algún tiempo, pienso que es mejor escribir y visionar lo que quiero para mi país en el techo de mi alcoba, con el olor a bebé que mi madre deja impregnada en las sábanas y almohadas cada vez que las lava. En el techo de mi habitación puedo observar la vida de un insecto que cada noche camina de un lado a otro buscando quizá el mejor camino de salir de dicha pared blanca que puede parecerle el universo infinito que nosotros nunca lograremos entender ni conocer. La vida de ese insecto, me resulta curiosa, me resulta interesante, tal como lo eran la vida de las gallinas de la casa de mi hermano mayor en la época en la que decidí irme de mi casa porque ya no soportaba que me contralasen demasiado.

Los hombres de mi vida: Manuel

Las noches en la plaza de armas de Ferreñafe son tranquilas. La bancas suelen estar vacías, las hojas del algarrobo caen como bailando tonadas sobre las bancas y el suelo de losetas cuadriculadas. Algunas personas caminan a lo lejos y desde cualquier ángulo se pueden observar casonas antiguas, residuos de la época colonial.  En la esquina opuesta a la Catedral y frente al antiguo cine, al que nunca tuve oportunidad de ir, nos encontrábamos Manuel y yo, en una banca, platicando sobre mi sexualidad.

Manuel tenía alrededor de 30 años, yo por lo menos 18, y nos conocimos en un grupo de jóvenes que cantábamos y hablábamos de Dios, guiados además por una monjita bastante desfasada. Nos hicimos amigos, ambos compartíamos el gusto por la lectura de libros de filosofía. Él estudiaba filosofía y yo aún permanecía en quinto de secundaria. Por aquel tiempo me dedicaba a leer “El mundo de Sofía”. Con Manuel platicábamos horas de horas sobre cosas que no recuerdo, pero que al parecer eran más interesantes que las pérdidas de tiempo en las redes sociales o que los pensamientos vanos en personas que siempre están lejos y no tienen el mínimo interés en recordarnos. La amistad con Manuel se extendió un poco más, debido a que fue a hacer prácticas o presentaciones al colegio en donde estudiábamos, yo y algunos tipos que ya deben ser padres o deben estar embriagándose a estas horas de la noche, ya sabemos que es gente casi nunca tiene otra cosa que hacer u otra cosa en que pensar. Posteriormente Manuel fue mi catequista y me permitió confirmarme en la fe católica a pesar de no asistir a esas charlas aburridas/prehistóricas sobre Dios, los santos, la biblia y otras cosas que no se pueden mencionar en los discursos políticos; porque ya sabemos que lo que le interesa a la gente es saber que va a comer el día que viene.
  • Eres un chico inteligente, tú no necesitas estas charlas – me dijo Manuel.

Por aquel tiempo yo también vivía pensando que era un chico inteligente y era justificado por que he sido primer puesto en el colegio, me he dado el lujo de no desaprobar ni un curso y en el peor de los casos sólo he desaprobado una práctica de multiplicaciones, porque me desagrada en exceso estar multiplicando y sumando  y restando, es mejor dividir las cosas para que otros las hagan y ponerme a dormir. Pienso que una de mis habilidades es dividir el trabajo, dormir y luego exponer lo que otros han hecho, porque casi siempre tengo nociones sobre lo que piensa o lo que hará cada persona de mi equipo.

Con el grupo juvenil, con Manuel, pudimos ir a algunos retiros, fuimos a algunos eventos. El me prestaba sus libros de filosofía, de la universidad de Navarra, yo los leía y alguna vez perdí uno de esos libros, sólo que él no lo sabe o nunca lo sabrá.  Hablábamos de todo, era mi buen amigo, mi único amigo y ese momento, como al comienzo de la historia, nos encontrábamos sentados en esa banca vieja, frente al cine viejo. Mirando intrusos que se besaban como si fuese un espectáculo público o si a los demás les interesase es abominable intercambio de saliva.
  •  Ahora que estamos solos, cuéntame sobre tu opción sexual – Me dijo Manuel

Recuerdo haberle dado muchas vueltas al tema. Le conté como ocurrió la relación con amigo cercano a ambos. Le conté la atracción y la relación enfermiza y de tres años que llevaba con un miembro cercano de mi familia. Pero a esa edad me resultaba complicado decirle: “Me gustan los chicos”.  Ya sabía que ser homosexual no era en ningún caso un pecado ni una enfermedad, sabía que era una probabilidad genética y en el mejor de los casos, una decisión personal; pero aun así era complicado decirle soy Homosexual, era un asunto de pudor, de moral, eran los rezagos de la formación que recibí de mis padres, de mis abuelos y del ambiente autoritario y conservador en el fui criado.

Manuel me ayudo en cierta medida a aprender a decir las cosas como tenían que decirse. No había problema con lo que piensen los demás, no debía tener problema por nada de ello, no había problema psicológico, genético, cultural, no existía ninguno de esos escenarios o todo eran estereotipos de gente que no había leído un carajo sobre nada; en estos asuntos lo único válido es el libre albedrío y el compromiso de dejar que cada uno tenga la libertad de amar el cuerpo, las formas, las palabras o las perversiones que le resulten excitantes.  Aquel día empecé a pensar como pienso ahora, sólo que un poco más rudimentario. En cambio ahora ya puedo decir cualquier improperio sin necesidad de sentir temor o vergüenza o sin tener que preocuparme por lo que piensen los demás, porque es natural que todos piensen, es natural que todos vivan la estupidez (en mayor o menor grado) del modo en el que les cause el mayor grado de felicidad.

El problema de la ciudad en la que vivimos Manuel y yo durante 18 años de nuestras vidas (recordemos que Manuel ha pasado gran parte de su vida en un seminario y fuera de Ferreñafe) es que todos se espantan y hacen escarnio de los están dispuestos a amar a un hombre con buen cuerpo y con buenas ideas, pero aquellos son los que probablemente satisfacen sus placeres mundanos después de unos tragos, en las cantinas de mala muerte donde toman chicha de jora y luego terminan matándose, terminan en una pobre relación efímera que luego quieren olvidar porque son hombres, machos o simplemente un grupo de cojonudos que no conocen lo complejo de la sexualidad humana. Esa sociedad, la de la doble fe, la de la doble cara, es la ciudad en la que he vivido y en la no he tolerado vivir porque yo he elegido toda la mierda que se pueda, toda la mierda de la humidad junta, pero lo que no elegiría en ninguno de los casos es mostrar al mundo, a los trogloditas, algo que no soy o algo que no me gusta o no me interesa ser. Siempre es mejor decir, soy un perro cabrón y no me interesa la muerte de los demás, ni las ideas de los demás , todo me da igual, porque el dormir siempre es más importante que muerte y que las ideas de las personas que no han estudiado o que no han debatido o que simplemente escupen reflexiones después de ver retazos de realidades en la televisión, o reflexiones de tipos borrachos en cantinas o en prostíbulos que son los genios de nuestra época; prefiero decir “me parece natural que la gente se nuera o se mate” a decir sentido pésame, cuando lo único que siento son las ganas de tirarme a la cama a dormir o acostarme con algún tipo agradable y olvidarme de todo, porque la gente ya está bastante grande como para que enfrente sus problemas o si no ya lo dejo claro el genio Darwin “En este mundo solo sobrevive el más fuerte” (La selección natural) Mandemos al carajo a la caridad, ese es un trabajo para Dios y nuestra imperfección nos recuerda que esa no es nuestra condición, al menos no la de ustedes.

Manuel me ha acompañado en estos momentos de confusión, él estuvo cuando mi abuela murió y cuando caí en una gran depresión que pudo consumir mi vida. Él es mi mejor amigo, mi hermano, mi padre, hemos hablado sobre él, sobre mí, sobre el grupo, hemos razonado (o probablemente se aburría escuchándome hablar cojudeces) y me ha invitado a jugar Ageo of Empires, en su máquina. Ese juego de estrategia al que fui adicto durante mucho tiempo.

Por aquellos momentos de juegos, de idas y venidas a su casa, el procuró besarme, me regaló generosamente algunos placeres mientras jugaba y yo me hacía el loco frente a la computadora. Y nunca supe que pensó el Buen Manuel sobré mí, pero  yo simplemente trataba de no pensar, Manuel era mi amigo, me agradaba amigo y sólo eso, para la amistad y la sexualidad ya sabemos que Tomas es el genio que siempre estuve buscando; recordemos o entendamos que  a los hermanos o a las personas que aprecio como hermanos o amigos no puedo poseerlos sexualmente (porque no me agradan físicamente o porque son demasiado buenos como para prostituir lo ganado en mucho tiempo). Rechace la propuesta, me iba y pensaba en el modo de decirle ¡Basta somos amigos! Somos amigos y es lo que quiero hasta que tú mueras o yo lo haga. Pero nunca tuve el valor de hacerlo, siempre he sido cobarde o torpe para detener una relación cuando no la deseo. Y las cosas continuaron un tiempo más.

Ahora puedo elegir meticulosamente con quien me acuesto y con quien no,  y todo resulta sencillo porque no me interesa estar con nadie, ni acostarme con nadie. Nunca hay nadie interesante y cuando aparece me mandan al carajo de un modo sutil o simplemente con la indiferencia: En cualquiera de los casos lo tolero, siempre es mejor lo primero a estar ilusionándome con cojudeces.

La vida con Manuel siempre ha sido buena, somos amigos, nos comunicamos de rato en rato. Él no puede aparecer en ningún lado porque en el Perú a las personas se les acusa de algo y la única posibilidad que queda es largarse de un país de mierda que espanta a los mejores amigos.

Manuel es uno de los mejores amigos y hombres en mi vida, sé que estará cuando lo necesite y nunca me dirá: “Hoy no tengo tiempo para ti” Él es uno de los que forma ese espíritu que me recuerda que si Tomás me manda al carajo, aún quedan razones para ser presidente, gobernar y al final cuando ya no quede ninguno de los oportunistas, podré ir a tomar con él (pero nada sexual) y recordar que todo tiempo pasado fue mejor.

jueves, 12 de julio de 2012

Sospecho


Sospecho que éste va a ser un año de grandes logros. Durante los últimos cuatro meses he demostrado que puedo ser y hacer algunas cosas que no podía o que no había pensado (y que por eso no podía) hace algunos años, cuando era joven o cuando era inteligente. Este año logré despertar media hora antes para terminar con el trabajo pendiente. Pude dejar de imaginar las historias en la techo de la habitación desordenada para escribir y publicar. Este año he vivido o he sido partícipe o me han contado muchas historias que pronto serán novelas. Y también he madurado literariamente. Pienso que ya puedo dejar de escribir sobre la homosexualidad o sobre sexo o sobre mí, porque La gente ya sabe mucho sobre todo ello. Y a pesar de que lo sabe sigue siendo homofóbica, sigue teniendo sexo o siguen  pensando lo peor de mí, claro que nunca piensan tan mal que como yo lo hago.

Este año he recordado que hay algunas cosas que puedo hacer mejor, que hay profesores con los me debo enfrentar – que no son sabios, sólo es cuestión de dormir cinco minutos menos – para demostrar algunas habilidades que ni yo sé cuáles puedan ser.  En este corto tiempo me he demostrado que yo soy más que mi sexualidad y así debería ser con todos.

Este año he descubierto que quiero ser presidente, ganar el nobel y también quiero que la humanidad me construya una estatua y me venere  algunos años; pero también quiero ver crecer a mi sobrina, salir a comer con algún chico interesante – sólo comer o beber – y disfrutar de cualquier cosa, ir a visitar a esos amigos que no conozco pero que son geniales, conocer al hijo de Juan, saludar a mi papá, engreír a mamá en algunas cosas, regresar a Ferreñafe a ponerle rosas rojas a mi abuela, visitar el campo y subir al tercer piso de la casa vieja para recordar los momentos de infancia en los que fui feliz con grandes cuotas de tristeza.

En resumen este año está lleno de múltiples sospechas, espero levantarme pronto de la cama y si alguien me ayuda – como cuando pequeño – a recordarme diariamente todo  lo que quiero o debo hacer, no duden que seré un dios.

domingo, 24 de junio de 2012

Recuerdo afeminado de la secundaria


El primer año de secundaria fue año en el que descubrí que las personas afeminadas no tendrían futuro en esa ciudad. Santamaría era un chico pequeño, con sonrisa y modales de señorita, no era un chico brillante, más bien era una persona acostumbrada a defenderse de todos aquellos que aprovechaban las horas de clases para burlarse, manosearlo y abrumarlo con frases obscenas. Estábamos en el año 2000, dos milenios después del nacimiento de Cristo y la sociedad en la que vivía aún no era libre, era más bien una ciudad llena de prejuicios, una escuela poseída por un grupo de humanos, hijos de personas que probablemente lo único que sabían era trabajar en el campo por las mañanas y emborracharse los fines de semana, en las cantinas de la avenida Tacna, con chicha de jora. Gustavo acudía con frecuencia a las cantinas a pedirle dinero a su padre y yo pensaba que probablemente podría acostarme con su padre, borracho. No supe nada de Santamaría, hasta ahora; y Gustavo fue uno de mis mejores amigos y quizá algo más.

A ningún tipo afeminado le fue bien en ese colegio, existía una especie de odio a esos bichos raros que no se atrevían a lanzar piropos y frases obscenas (disculpen la redundancia) a las señoritas, que a la hora de la salida coqueteaban con algún mototaxista para que les  haga el favor de llevarlas a casa, sin cobrarles. Yo escapé de los abusos, primero porque era policía escolar y segundo por mi temperamento complicado. Pero sospecho que esos cabrones pensaban: Cualquier día le saco la mierda a ese cabro.

Por aquella época, los auxiliares se creían una especie de mesías, sobre todo Gelimer,  un tipo alto, que hacía alarde por ser considerado ejemplo de vida, quien sin embargo se acostaba con algunas mujeres de frente al parque San Juan Bosco, porque su esposa estaba imposibilitada para el coito y para tener hijos. En esa ciudad no hay nadie respetable, no lo son ni los sacerdotes, ni los docentes, nadie lo es; y si hay algo en que debemos tener una doble fe ciega es que Ferreñafe es una ciudad hipócrita. Gelimer no escapaba a esta definición y alguna tarde en clases se lo hice saber, a mi estilo, lacerando todo lo que se encuentra en el camino de mis palabras.

Hubo un evento importante  en tercero de secundaria, la época en la que me enseñaba el profesor Nerio, quien enseña química, un hijo de mil putas que cobraba para aprobar a los tipos delincuenciales, que alguna vez rociaron semen sobre el cabello de una profesora de inglés, de quien no supe más después del incidente. Me contaron unos días después que la profesora se había acostado con un negrito, bastante agradable, que a modo de juego, sobaba con su mano mis genitales, mientras esperábamos a que abriesen la puerta del salón (siempre llegábamos temprano), finalmente la profesora  renunció. Todo ocurrió en un baño, al lado de las escaleras que llevaban al segundo piso, donde se ubicaba la dirección, en el pabellón desde donde dirigían las formaciones. El protagonista era un auxiliar viejito, a simple vista homofóbico, de los más respetables, el de más autoridad, tenía las llaves de todos los baños, que sólo se habrían a la hora del recreo, y a quien debíamos pedírselas prestadas  cuando se tenía una urgencia. Ya sabemos que en una tierra asfixiada por el exceso fe la gente vive de los chimes; la lectura y la investigación, les importa un carajo. Basta con regalarles un mototaxi o invitarlos a formar parte de un grupo parroquial para que sientan que son personas exitosas: o bien conquistando a las chicas a la hora de salida o bien hablando de Dios y cantando como locas – como Pedro Pablo – mientras  se acuestan con los sacerdotes, monjas o con algunos de sus pupilos. La felicidad de la que habla la Biblia sólo se encuentra en las relaciones sexuales. Y eso lo tenía claro el viejito, el auxiliar de las llaves de los baños, a quien aquella tarde lo encontraron penetrando a un chiquillo afeminado. Nunca se supo si fue una violación o si fue algo consentido, pero lo que sí se supo es que el auxiliar fue a la cárcel y cuando regreso agachaba la cabeza al pasar: Nunca más fue la persona respetable que fingía ser. Nadie es respetable ¡Dejen de creer en supersticiones! 

domingo, 17 de junio de 2012

Adriano Juárez vs Iván Pérez: La riña de un dinosaurio contra un dios


Siempre hay personas que nos caen mal, y en general, no son sólo las personas las que nos joden el día que debería ser bueno, también hay comidas que nos caen mal, música que nos desagrada, cursos abominables, días soleados, un dinosaurio o simplemente la cucaracha que no pudimos matar aquella noche mientras admirábamos la belleza del suelo, en la alcoba. Todo aquello que nos revuelve el estómago siempre está presente y aunque nunca es tan importante, siempre existe algo en nosotros, como el recuerdo de que alguna vez fuimos primates, que nos obliga a pensar en lo irrelevante, en lo que nunca debió existir, en aquellos que nos joden el día y siempre nos caen como patada imaginaria en los testículos.

También hay personas que tienen la estupenda cualidad de generar malestar social y no son pocos, y generalmente son  gorditos. No tengo nada en contra de los gorditos porque sospecho que dentro de poco  también seré gordo, pero por lo menos no seré un gordito anclado en ideas medievales, por lo menos procuraré ser un gordito que duerme (para volverse más gordo), un gordo liberal y no dinosaurio.

Iván Pérez es de aquellos tipos, que les jode la vida a los demás, aquellos que todos ven como dinosaurio con cara de sapo, que no sabe otra cosa aparte de la metodología RUP. Es un profesor del que todos rajan y al que nadie dice nada, porque son cobardes o porque simplemente los dinosaurios y los sapos aún son más poderosos que los humanoides. Todos aquellos ex alumnos de Iván Pérez, el profesor con cuerpo de dinosaurio y cara de sapo, resumen sus cualidades en cinco frases:
  • Le falta que se meta un curso de actualización.
  • Lea menos diapositivas.
  • Se pare en la pizarra y explique y no se quede sentado como una madre.
  • Le falta Aceptar "me equivoqué".... Actualizarse... entender que la época de sólo programar de un ingeniero de sistemas ya pasó... No exigir ética si él no la práctica no se baje los ejercicios de laboratorio y clase de Internet... Un mea culpa de cuál es su aporte a la ingeniería de sistemas.
  • Dejar de pensar y decir que RUP lo es todo.

Iván Pérez es profesor en la universidad de los que quieren salir adelante y Adriano Juárez es un estudiante al que no le interesa salir adelante. Porque las personas cautelosas sabemos que hay situaciones en las que debemos quedarnos en el mismo lugar. Porque a veces ir hacia adelante y sobre todo acercarse a debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda lo oscura que fue la vida en la edad media donde se creía que sólo los dinosauros con cara de sapo tenían derecho a decretar lo que se debía y lo que no se debía hacer. Porque a veces ir hacia adelante y debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda que si el Perú es un país jodido es porque existe gente como él, que se rehúsa a aceptar el libre albedrío, que se rehúsa a aceptar las opiniones de los demás. En resumen Iván Pérez es un profesor desactualizado – en conocimientos e ideología – y es un profesor que tiene como una única arma de ataque a todo lo que se le dice: “Yo soy el profesor y yo doy las órdenes”.

No se confunda Iván Pérez. Usted es profesor, pero usted no da las órdenes, usted sólo da sugerencias. Ya cada uno verá como encamina su formación. Y si quiere tener autoridad esa no es la mejor manera. Si quiere tener autoridad y quiere que las futuras generaciones recuerden que los dinosauros fueron más que animales con cuerpo grande y cerebro pequeño, demuestre que su estilo de vida es digno de ser imitado.

domingo, 3 de junio de 2012

Profesores y compañeros de la universidad


León Tolstoi no se equivocó cuando propuso que todo lo escrito, producto de la exploración de la sociedad, es solamente “La comedia humana”


UNO:
Jabo nació hace doce años, en una de las aulas del colegio “Santa Lucía” de Ferreñafe. Yo acababa de empezar primero de secundaria y tuve el buen gusto de formar parte de un grupo de escritores de cuentos. El grupo era dirigido por el profesor Beder Bocanegra, un excelente profesor de Lengua y Literatura,  quien nos reunía todos los sábados por la mañana. Yo y mi compañera escribíamos “La chacra de Laquipampa”.  Por supuesto que Jabo no siempre fue Jabo, a esa edad  ya tenía la mala costumbre de colocarles nombres y apellidos reales a mis personajes. Jabo al comienzo se llamó Javier Bocanegra y así se llamó durante toda la redacción. Casi a finales del año cuando se publicó el libro de cuentos “Aprender Escribiendo”, me leí por primera vez y descubrí que Javier Bocanegra se había transformado en Jabo; y las palabras de Beder aún deambulan por mi mente: “Es mejor no hacer referencias exactas de personas en lo que se escribe”. El libro de cuentos está guardado en algún lugar, en Ferreñafe; y el profesor Beder  es catedrático de la UNPRG, y forma parte de mafia que quiere permanecer en el poder político de dicha universidad.

DOS:
Mi nombre es Jabo y estudio en la universidad de los que quieren salir adelante. Estudio allí desde el tercer ciclo, estudio ingeniería de sistemas y aunque no me interesa ser ingeniero y no quiero salir adelante, si quiero terminar la carrera para que mi abuela vea cumplido su sueño, el  de que todos sus hijos y nietos sean ingenieros. Este es quizá el sacrificio más grande que haré en mi vida y mientras dura el camino tendré en buen gusto de observar el comportamiento de mis compañeros y profesores, y aunque está demás decirlo, tienen una vida digna de ser contada, llevan una vida cómica, una excelente comedia, una comedia gratuita de la que inconscientemente forman parte y de la que nunca serán conscientes.

TRES:
Los primeros días en la universidad fueron como los días del colegio, yo era un tipo bastante cojudo al que le gustaba hacer las tareas y sacaba buenas notas. Fue quizá el mejor ciclo de todos. Recuerdo que ese año formé grupo de trabajos con personas tan o más cojudas que yo, sólo que ellos eran cojudos conocidos y yo no. Yo no conocía a nadie y siendo sincero no me interesaba conocer a nadie. Por aquel tiempo ya sabía que era un hombre al que le gustaban los hombres y también descubrí que en mi facultad o en mi salón no había ningún hombre con el que fuese placentero salir o aunque sea platicar, digamos que visto desde un ángulo sexual, el tercer ciclo fue ciclo académicamente bueno y sexualmente repugnante, ¡Que fea era la gente con la que me tocó estudiar ¡ Pero por aquella época, aún creía que Dios se tomaba cierto tiempo para ayudarme a ser feliz – y quizá así lo fue – y fue en aquel confuso momento de estupidez en el que conocí a Cristhian. Lo conocí, lo saludé, era joven, interesante, mirada y sonrisa agradables; porque seamos honestos, él era Cristhian y me gustaba. Nunca estudió conmigo y cuando nos tocó llevar cursos juntos, no la pasamos bien. Luego escribí, él me quiso romper la cara y ahora, sospecho, somos poco menos que compañeros. A pesar de todo Cristhian me cae bien, es un tipo chévere. Sus amigos bromean: “Le apesta la poronga”, “Es un cerdo”. Yo no bromeo y  ahora que ha pasado algo de tiempo pienso que sería bueno que el joven de mirada y sonrisa interesantes, y al que le apesta la poronga y al que sus amigos califican como cerdo, sea mi amigo. Y sería bueno volverlo a saludar como aquella primera vez en la que me gustó el calor de sus manos.

CUATRO:
En ese ciclo tuve amigos, pero no recuerdo a ninguno. Lo que recuerdo es que el último día de clases un tipo con cuerpo de hipopótamo se me acercó y  pidió mi correo electrónico y me propuso que el próximo ciclo nos matriculásemos en el mismo salón. Yo no recordé nada de lo que me dijo, pero es probable que en ese momento haya pensado: “Es amigo de Cristhian y sería bueno que también sea mi amigo”. Ese tipo con cuerpo de hipopótamo que se me acercó aquella mañana, la de último día de clases es “El buen Juancho”, uno de mis mejores amigos. Soy pésimo para demostrar afecto, ya sabemos que los libros no se dedican a ese tipo de cosas banales, pero lo importante es que él sepa que es gran amigo y si bien nunca estoy y nunca estaré cuando me necesite, siempre será una persona importante en mi vida y sé que cuando esté sólo y necesite una gran barriga que sostenga mi cabeza caída, siempre estaré él.

CINCO:
Percy bravo, es un profesor. Es un tipo petizo, no tomo como referencia mi estatura sino la de mi hermano,  y desde la perspectiva de mi hermano debe ser un tipo cojudo; pero yo pienso que es tipo genial. Es un tipo que sabe mucho y sabe cómo llegar a los cerebros atolondrados de mis compañeros. Lo más interesante de Percy es la muletilla que usa para terminar sus razonamientos: “Caótico ¿No?”. Percy, la vida humana es caótica, ya lo dijeron nuestros antepasados “el ser humano es malo por naturaleza”. Percy me cae bien, es un petizo inteligente y con estilo, la muletilla cae bien y permite que algunos cerebros atrofiados tengan cierta admiración, su estilo se compara con el genial y excitante tartamudeo de PPK al hablar. Quisiera proponerle al profesor de Auditoría de Sistemas, que me permita formar parte del grupo de investigación del que habló la otra vez en clases porque tengo cierta habilidad para ello, al menos eso me han hecho creer algunos amigos sacerdotes, pero se lo propondré después de la siesta, al menos que el espíritu santo venga con la noticia antes del amanecer.

sábado, 26 de mayo de 2012

Siete consejos para ser menos infeliz


Coetzee: “La gente feliz no es interesante. Es mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena”
UNO:

Nunca empieces una plática recordando lo que hablamos o hicimos ayer, al menos que el ayer sea un evento ocurrido antes de los dieciocho años. Antes de los dieciocho años solía tener una mente lúcida/traicionera, antes de los dieciocho años lo recordaba todo y cada uno de aquellos días, vienen a mi mente como los golpes que mi madre propiciaba a las ratas que invadían la casa y que el gato no se atrevía a matar (era un gato admirable, era admirable la voluntad empeñosa que tenía por dejar de ser gato), acaso también como los martillazos que mi padre repartía entre los fierros oxidados de los carros que arreglaba, aquellos días los recuerdo, en resumen, como días llenos de infelicidad, de sufrimiento en la alcoba de mi abuelo fallecido, entre las estampitas, los santos de yeso y los libros. Después de los dieciocho años me he vuelto menos inteligente pero más prudente, después de los dieciocho años no recuerdo nada de lo que hago o digo, y cuando lo recuerdo es por la exclusiva razón de escribirlo y luego de escribirlo no recuerdo el suceso ni lo escrito.

DOS:

Si me vas a invitar a salir tienes que saber que rechazaré la invitación si es que las condiciones climatológicas no son propicias para la felicidad. Me importa un carajo el quien seas o el que quieras, lo primordial es el clima. Me agradan las tardes después de las seis, con el cielo nublado/gris, con neblina si es posible. Me agradan esas tardes grises después de la seis con neblina porque me recuerdan los domingos en los que me quedaba solo en casa, a hablar con las aves o con el aire o con una  rama de árbol (báculo) que recogí algún día en la chacra. Me agradan esas tardes que se parecen a los domingos de infancia y por eso procura invitarme a lugares solitarios, con árboles y aves. Y ya en el lugar de la cita, ten el buen juicio de preguntar “Te acostarías conmigo”. Si te respondo que no, sólo quédate callado y cuéntame historias mientras observo las plantas, los animales o la nada. Si te digo que sí, acaríciame y disfruta del momento. Si te digo que no y no tienes historias que contarme, procura dejarme sólo, la pasaré mejor con los animales. Si te digo que sí, no te cohíbas y hazme feliz.

TRES:

Cuando te haya dicho que no me gustas y que jamás me acostaría contigo no comentas actos de estupidez aún que mayores que el hecho de haberte fijado en mí. Cuando te haya dicho que no me gustas no trates de cambiar en un afán mediocre de agradarme. Si te he dicho que no  me gustas lo que debes hacer es formar tu personalidad (yo nunca me fijo en tipos sin personalidad), debes trabajar en aquello para lo que has nacido, aunque al hacerlo las circunstancias te alejen más de mí. Créeme que años más tarde cuando te vea convertido en un rey, en escritor, en actor o en un sapo; te apreciaré y querré ser tu amigo y quizá en momento exista la remota posibilidad de que me cueste contigo y de que tú no quieras ser mi amigo, ni acostarte conmigo. Y quizá en ese momento dirás: “Perro cabrón, ahora ya soy feliz, no te necesito. El infeliz eres tú por no haberme aceptado en ese entonces”. Yo sólo diré: “Qué agradable tipo”, luego me iré a la cama a hacer lo que mejor sé hacer: Dormir.

domingo, 13 de mayo de 2012

Siete fotos y pocas palabras


Viendo las fotos de nuestro pasado y las no menos oprobiosas de nuestro presente, parece un hecho indiscutible que las mejores fotos son las que no nos hacemos, las que logramos evitar. Nada es más conveniente que caminar por la sombra, darle la razón al otro y dejar que sea él quien salga en la foto. El que a la larga prevalece no es el que sale en la foto, sino el que la toma, y a ese, al que está detrás, no lo vemos.(Jaime Bayly en "Salir en la foto")
La foto  más fea del mundo

Hace poco más de un año fui al programa de Bayly. Llegué temprano y me senté en la acera con unas chicas locas, con unas señoras locas y con la ropa más fea del mundo. Bayly llegó en su carro, nos hicieron pasar, le quitaron las cámaras a las locas. Adentro éramos menos de ochenta personas, un grupo selecto al que no se le invitaba un solo bocado, el bocado era el conductor. Bayly es agradable detrás de cámaras, conversa con todos, es entretenido y sabe tolerar y mantener el buen ánimo cuando las locas le gritan “Hazme un hijo”. Al final del programa las ochenta personas se tomaron fotos y manosearon al canalla; y yo me tomé  la foto más fea del mundo en el momento más agradable del mundo.

Una foto familiar

Nunca he salido en familia. Nunca me ha agradado ir a visitar a mis abuelos, a mis tíos ni a ningún otro familiar. Sospecho que tengo gran cantidad de familiares de los que no tengo siquiera noción de su existir. Nunca he salido con mi padre, mi padre nunca salió conmigo, siempre ha preferido salir con alguna mujer. Han pasado muchos años, mi padre ya tiene cincuenta, me he dado cuenta que lo quiero  y cierto día me vino a visitar. Vi a mi padre con mi madre, jugando. Ese día nos tomamos una foto familiar, mi madre se rehusó a salir en ella.

La foto de mis hermanos

A mi hermano mayor lo conocí a los trece años. Al hermano de mi edad lo conocí el día de mi cumpleaños dieciocho, él me invitó a salir al estadio municipal. Nos llevamos bien desde entonces. Quiero a mis hermanos y daría mi vida por ellos, aunque sé ellos la darían primero por mí. Un día especial para ellos nos tomamos una foto. A veces observo la foto de mis hermanos y pienso que no debo tomarme fotos nunca más.


Mi hermano menor y la foto de la confirmación

De pequeños siempre nos hemos tomado fotos, juntos. Vivíamos felices en la casa de la abuela, luego cada uno eligió un estilo de vida distinto: Él es de calle, yo más estúpido. Fui padrino de su confirmación, conocí a Cipriani y luego nos tomamos una foto. La primera después de diez años. Mi hermano menor y la foto de confirmación es aquello que se debe conservar, es un milagro.



La foto de la confirmación

Hice la confirmación gracias a Genaro. Ese día no fue un día feliz. No tengo muchos recuerdos y a veces hay que dejar que las fotos hablen solas.









La foto de mi sobrina

Quizá la persona a la que más amo en el mundo es mi a sobrina. Estar con ella me llena de ternura y me quita el don de escritor. Ya sabemos que sólo escribo cuando estoy con él ánimo revuelto. Lo pueden notar en la disminución de las líneas, en los párrafos que cada vez se hacen más cortos y vacíos. Éste soy yo, ahora.




La foto del  solitario

Sin duda la mejor foto que me tome fue cuando estuve sólo y  con veinte pastillas dentro del cuerpo. Lo  recomendable sería no volverme a tomar más fotos. Y ésta es la foto que más me agrada.

sábado, 12 de mayo de 2012

Pensamientos en una línea


El dolor de cabeza y el mal humor de mi respiración.

La mujer más bella del mundo y el chico que me agrada.

Mi hermano que quiere conversar y mi padre que llama, es la ancianidad.

Mi madre contenta, con sus amigas; yo con sueño, con mis sueños, en mi cama.

El veinte del examen y las bajas notas en los laboratorios y trabajos.

El golpe que daré en la próxima exposición, el inicio de mi reinado.

El frío de la noche y las medias en mis pies; pienso en Bayly, el canalla sentimental.

Genaro y su amigo pidiendo dormir conmigo y las excusas que invento para no lacerar sus sentimientos.

El durazno, Bryan, Juan y el agua Evian. El triunvirato griego y el agua de la muerte.

El olor de mi cuerpo después de la hora de ducha y el perfume de las sábanas.

Las once de la mañana, la panadería, las rosquitas con mantequilla y el pan con manjar blanco.

Mi tío borracho, yo acariciando su cuerpo, mi madre observando, la vergüenza más grande.

José Víctor, Juan Pablo, el amor al que no le interesa el rostro feo y las confesiones. Ya no me interesa la cosa.

Mi hermano, el día de la madre, la conclusión: Me importa un huevo todo lo que ocurra en el mundo.

Renato, la nueva amistad ¿En qué idioma le digo que me gusta?

Miraflores, la calle chel, Juan, los cigarros KEN HD, las risas y el tipo drogado en el ValeTodo.

Las redes sociales, las fotos, los comentarios estúpidos: La civilización del espectáculo.

Las llamadas al celular, los tipos que no pueden olvidar y a los que nunca llegaré a querer.

La felicidad, el código creado para automatizar procesos, los tipos que se van por mi culpa.

La chica más bella de toda la facultad, el justo medio: Mitad belleza física, mitad belleza intelectual.

La cantidad de números desconocidos en el celular, los hombres con lo que me quiero acostar después de la hora de la siesta.

Los errores ortográficos en las publicaciones y las publicaciones que no deben ser publicadas.

El final de la hoja, las historias completas y geniales en mi cabeza; las historias jamás escritas.

domingo, 22 de abril de 2012

Los hombres de mi vida: Ricardo


Soy la noche desvelada. Soy el estupor en el espejo. Soy un cadáver que respira ¿En qué momento morí sin darme cuenta?¿Cuándo por fin terminaré de morir? No debí nacer. (Escupirán sobre mi tumba de Jaime Bayly)
Ricardo tenía como 23 años cuando lo conocí, cuando conocí sus intenciones. Era un buen amigo de mi abuela, era pintor, electricista y otras profesiones más.  Se encargaba de arreglar las bodegas y limpiar las paredes de la casa cada vez que mi abuela  lo requería. Era un amigo de familia, desde la época en la que mi abuelo vivía. Lo recuerdo como un tipo alto, con espaldas anchas, bastante educado ante los incautos y sexualmente indeseable ante mí. Yo tendría unos cuatro años cuando mi abuelo murió. Y él quedó como un miembro más de la familia y fue, desde aquel momento, el más allegado a mi abuela, quien era la que gobernaba la casa de infancia. Llegaba a la casa cuando quería, platicaba, se jugaba con mi madre y con la señora Chonate, la lavandera;  jugábamos a los carnavales con las bombas de fumigar de mi abuelo, muchas veces me acompañaba al campo a ver a los animales que vivían en el molino, a la altura del segundo dren, camino a Pítipo. Ricardo me vio nacer, me cargó, me trataba bien, era mi amigo hasta los once años en que me confesó su mayor secreto:

Te he visto nacer, crecer, siempre me has gustado. Estuve esperando el momento para decírtelo: Te amo. Quiero estar contigo. He esperado todo este tiempo para decirlo, desde que naciste.

Y me abrazó. Fue un domingo, mi abuela fue a visitar a mi abuelo al cementerio (una tumba blanca enrejada, como a la mitad del camino, antes de llegar a la edificación donde le celebran las misas a los muertos) y mi madre con mi hermano menor fueron a pasear a donde mi tía, en la avenida Tacna. Desde aquel momento Ricardo se encargó de acosarme, llegaba a casa cuando todos salían. Me observaba cuando me duchaba y trataba de jugar conmigo. Todo terminaba siempre en sexo oral. Me masturbaba hasta que terminase en su boca. Yo cerraba los ojos y en momentos de valentía le proponía o lo obligaba a que busque a alguna chica y que se ponga a leer algún libro para que olvide toda la estupidez y de paso dejase mi cuerpo en paz. Él prometía que cambiaría pero todo iba de mal en peor, cada día exploraba una parte de mi cuerpo, un cuerpo que ni siquiera yo conocía del todo. Era un caso perdido. Más tarde descubrí que fue error pedirle que deje de ser él,  porque ya sea, por voluntad propia o por cuestiones del destino, todos tienen derecho a ser aquello para lo que han nacido o aquello que han elegido ser.
Pero por aquella época pensaba que la homosexualidad era una enfermedad y un pecado. Pensé que iría al infierno. Trataba de olvidar los acontecimientos con Gustavo, un amigo del colegio con quien jugábamos a escribir el nombre de chicas en nuestros penes hasta quedar completamente excitados. Recurría a misa, me vestía como mejor podía, quería amistarme con Dios y obtener el perdón. Por aquella época tenía a lo más doce años, los acosos empezaron un año antes y terminaron tres años después, no era ni adolescente ni adulto, quiero decir que la ropa nunca me quedaba bien y era el hazme reír de todos los compañeros de clase que encontraba en misa, sobre todo de Giancarlo, a quien todos halagaban por el inmenso y deforme trasero que tenía, y a quien yo aborrecía por su actitud pedante. Algunos meses más tarde cuando me dediqué a investigar descubrí que la homosexualidad no es una enfermedad sino más bien una prueba de la complejidad humana. La homosexualidad existe desde los inicios de la humanidad con Safo, Aristóteles, Alejando Magno, Shakespeare. La homosexualidad está en el cuerpo colosal de un amigo de la universidad, en la figura varonil de un compañero de trabajo, está frente a los ojos que no quieren ver. ¿Por qué?  Ya sabemos, el qué dirán los demás, como si lo que queremos dependiese de lo que quieren los demás. Todo atribuible a estupidez peruana.
Desde aquella declaración nunca pude estar tranquilo, siempre estuve perseguido por el tipo que me bajaba el pantalón a cada instante: En mi habitación, rodeada de estampitas, libros y por la imagen del Señor de los milagros. En el tercer piso, aquel lugar donde se guardaban las cosas viejas, incluido libros, que leía con frecuencia. En la ducha, cuyo duplicado de la  llave siempre se encontraba colgado en múltiples lugares. En la casa de la calle Nicanor Carmona, en la cuadra seis, en una esquina, frente a los portales. Luego se hizo costumbre, acepté las circunstancias y tomé el control y lo convertí en mi objeto sexual, practiqué lo obsceno, en la cocina, en el baño, hasta que me aburrí. Lo sexual pasó a un segundo plano. Ricardo esperó once años no para ver lo exitosa que pudo haber sido la espera y la relación conmigo, sino para presencial el conjunto de instantes en los que me fui formando como un animal sexual.

jueves, 5 de abril de 2012

Soliloquios de un tipo que dice pensar

Pienso más rápido de lo que hablo o escribo, por eso cuando trato de decir o escribir lo que pienso me sale un mamarracho, vomito una serie de palabras ininteligibles o dibujo una serie de palabras sin sentido. En estos casos, lo mejor es quedarse callado y alejarse de la computadora.
Siempre admiramos
lo que no somos o
lo que no podemos ser
Esta roja, es una ciruela; esta verde, una uva y esta otra, morada, otro tipo de uva. Te das cuenta que vivimos en un mundo multicolor. Entiende, desde ahora, aunque aún no sepas hablar, que en el mundo existen tantas frutas y tantos colores, como personas, metas y estilos de vida (acordes con cada meta).  Hay vidas al azahar, en el vacío, en algún lugar que nadie visita o nadie recuerda, tiradas, como aquellos lapiceros que encontraste mientras auscultabas cada centímetro de los cajones que no abro hace años. Sé que no lo recordarás, pero quiero contarte la historia de los tres: Este, de madera y grabado con palabras cursis me lo regaló mi primera enamora (a la que mi padre bautizó como La gorila), me cuesta creer que aún lo conserve y ese milagro se debe a que nunca boto la basura. Este otro, me lo regaló la futura primera dama, es un búho, lo ves. Supongo que amo a los búhos y sería bueno que los conozcas y en especial éste, que es un búho de Puno (Donde todos los habitantes son igualitos, como clones). Este último, lo conservo porque es un lapicero de cartón, amigable con el ambiente. Recuerda  que sea lo que sea que elijas ser, siempre tendrás mi ayuda, recuerda también que lo importante es elegir y luego ser y hacer: Elige que lapicero quieres destruir, supongo que estas en esa edad, la de las destrucciones, supongo que aún somos niños y a esta edad cualquiera se comporta como peruano.

¡No me toques por favor!  Ya no somos jóvenes, ya no tengo quince años y tú ya no tienes veintidós. Ya no quiero o no tengo ganas de besarte, ni de molestarte toda la noche. No quiero o no tengo ganas de cargarte hasta la cama, besarte y hacerte el amor hasta el cansancio, como cuando adolecentes. ¡No me toques por favor! Ya no me excito con los juegos sexuales, ya no son importantes los genitales; ahora disfruto observando a personas que me parecen agradables, a los tipos delincuenciales (aquellos que sólo sirven para el sexo y para acompañarte cuando todos tus amigos se van). A ellos los observo minuciosamente, observo como ríen, el tono peculiar de sus voces y las desconocidas y excitantes palabras que usan al  hablar. Admiro el tiempo que pierden arreglándose el pelo, para verse mejor; también las groserías y el arte con el lucen la entrepierna, pero ya no lo sexual ¡Detente, no me toque por favor! ¿Y si nos acostamos a mirar el techo? ¿Y si conversamos? Te puedo contar que le pagué al esposo de una de tus hermanas para acostarme con él, puedo contarte sobre las aventuras que tuve mientras éramos pareja, te puedo contar muchas cosas que te harán morir de rabia y celos (Tú y yo conocemos ese impulso animal, el de no tolerar la idea de vernos haciendo con otro, lo que hacíamos en esa cama, donde dopaste a tu amigo, donde muchas veces te dope ¡Ambos lo entendemos!). Puedes contarme sobre tu vida sexual anterior, con tus primos, con el chiquillo que me gustaba (era rico ese cuerpo delgadito, aún lo recuerdo), antes de que nuestro padre nos presente como hermanos ¿Y si mejor hablamos del presente? Mejor no te me acerques, porque hace mucho calor y te voy a mandar a la mierda. (¿mierda? ¿Dónde y cuándo aprendí esa palabra?) Mejor enseñémosle las cosas que no nos enseñaron de pequeños, y si no quieres ayudarme igual le enseñaré a ser mejor que tú y yo. Entiende  que cuando me alejaron de la ciudad en donde nací, murieron muchas cosas, entre ellas la habilidad y el ímpetu que descubriste en tu cama ¡Tú mano está caliente! ¡Vete!

domingo, 18 de marzo de 2012

Hoy es domingo y sería buena idea ponerse a escribir


Hoy es domingo. Hace algunos años una amiga me dijo que lo que escribo se parece al diario de una chica, sólo que con palabras más crueles, palabras que una chica nunca utilizaría. Yo pensé, no lo dije por qué estábamos disfrutando de un momento risueño, que con esa afirmación sólo hacía referencia a las chicas peruanas que no usan ninguna otra palabra porque no leen o porque no se interesan por ningún otro oficio que el de ser peruanas. Este domingo es particularmente interesante: No hay sol, escucho buena música (un CD que grabé cuando era adolescente, en formato MP3), he dormido hasta las doce del mediodía, mi madre hace cosas de madres, mi hermano hace cosas de tenistas,  el celular no ha sonado porque no tengo ningún encuentro sexual pendiente y con todo este conjunto de eventos fortuitos he decidido que sería buena idea escribir. Escribir un texto parecido al diario  de una chica, sólo que con palabras de un chico que ha leído algo, que no le gusta salir de compras, que no le agrada arreglarse y que lo más parecido que tiene con las chicas es que le agrada estar limpio y  le gustan los chicos, pero sólo eso, porque la idea de ser chica causa una sensación repugnante, imposible de digerir. Una sensación o grito parecido al de las chicas después de ver una rata, una cucaracha o cualquier otro habitante de suelos peruanos.


Después de haber decido que es un domingo agradable, que es bueno escribir, que lo escrito debe ser alguna experiencia parecida a las que hay en los diarios de las chicas, me pregunto: ¿Sobre qué sería bueno escribir? No se me ocurre nada. Hace ya algún tiempo que no escribo nada interesante, quiero decir que lo que escribo no se lee tanto como lo que escribía antes, que nunca es mucho pero siempre resulta siendo algo. Me han sugerido que escriba cosas distintas a lo homosexual, que sorprenda a los lectores, que ya no haga que todas las historias terminen en sexo (¿Acaso todo no siempre termina en sexo?), y sigo pensando: hay muchas historias a medio empezar, pienso que sería bueno presentar alguna de mis historias al diario Hildebrant en sus 13, pienso que sería bueno que me deje de cojudeces y de una buena vez publique una novela y una serie de textos que me hagan famoso, pienso que debo enviarle la historia en dos estilos, en dos formatos, en dos sexualidades, pero en contextos parecidos a un buen amigo que supongo prefiere no ser nombrado ni completo ni en iniciales. Y realmente no se me ocurre nada.
Sigue siendo un domingo agradable, leo el correo y un mensaje me confirma que hoy no saldré de casa, me pongo a observar las redes sociales, mientras pienso sobre qué debo escribir, agrego a algunos chicos con buenas fotos, comento algunas cosas que me parecen o muy inteligentes o muy torpes, los extremos siempre son agradables. Me habla un contacto, que odia a Mario Vargas Llosa, y me viene a la mente que sería buena idea tener como pareja a un tipo agradable e inteligente. Con el tipo podría ponerme a filosofar para luego escribir, porque los tipos agradables con los que se puede filosofar ya no existen, salvo él, pero realmente lo prefiero en una relación sexual, sólo una, pero ya sabemos que todo ello es utopía. Veo el estado de un amigo que hace dos días estuvo con un tal… (No recuerdo el nombre), ayer estuvo con otro tipo y ahora me pide que comente su nueva relación. Pienso que no hay vida ni persona más agradable como él y sus relaciones. Comento y es un comentario sincero porque siempre me ha agrado verlo en pareja con su pareja, la de hoy. Pienso que probablemente hoy puedo hablar con los peruanos, por chat, y busco personas interesantes.

domingo, 11 de marzo de 2012

Malas Influencias


Si quieres verte delgado, rodeate de gente gorda (Garfield, un gato adorable)
De pequeño siempre me he interesado por ver algunas series sobre magia y héroes, no telenovelas, porqué mi tío me las prohibía y me mandaba a dormir; tampoco programas de entretenimiento al estilo peruano, porque me resultaban grotescos, cada vez que los observaba escupían un cúmulo de palabras que no entendía y que luego descubrí que eran comunes entre todos los de mi especie, las groserías o palabras de calle. Lo único interesante entre esos programas eran los cantantes juveniles, que estaban de moda, que movían la entrepierna de una manera espectacular, pero nada más. Entonces durante mi infancia siempre me entretuve viendo Xena, la princesa guerrera; y Charmed, tres brujas con su Libro de las sombras. Había otras pero ahora no las recuerdo.
Cada una de esas series dejó una huella en lo tendría que pensar después. Xena es la historia de la guerrera que se arrepiente de todos los crímenes pasados y quiere regresar a casa. Conoce a Gabriel, quien es en realidad el personaje más importante, en un momento adecuado y junto a ella empieza a reivindicarse. Gabriel, supo desde siempre que no había nacido para casarse y tener familia e hijos, sabía que era más débil que su hermana pero quería ser guerrera, decide ir tras Xena, a cumplir su destino. Quizá si ahora he podido emprender algunas pequeñas cosas es porque entendí que no he nacido para trabajar, tener dinero y familia; entiendo que mi destino no es el que quieren todos, yo quiero ser escritor y trascender, busco la inmortalidad; no obstante, los índices de desaprobación y rechazo son más altos que los de aprobación. Gabriel me enseñó que llegado el momento debo lanzarme y seguir a mi héroe. La personalidades de ambas eran distintas y complementarias, mientras Xena derrotó al cíclope usando un arma (el chacra, lo pediré como regalo de cumpleaños) Gabriel lo hizo usando la astucia, mediante palabras. Conocí el poder de la palabra, luego se aprende a pelear. Finalmente Xena muere, porque debemos pagar los pecados del pasado,  y Gabriel sobrevive, con astucia y con fuerza aprendida. Debemos ser inteligentes y  si notamos que no podemos trascender tal como lo hemos pensado, por lo menos debemos ayudar a nuestros amigos y enemigos a conseguirlo.
Charmed, me recordaba que los humanos somos seres incompletos, que siempre necesitamos más cosas de las que Dios nos dio. Las tres brujas, cuyos poderes eran la telequinesis, el de congelar el tiempo (no conozco la palabra adecuada) y el de la premonición me mostraron que el mundo no es todo lo que observamos, o no es todo lo que la gente cree o nos hace creer, que en el mundo siempre hay cosas más interesantes. Si bien no puedo hacer nada de aquello, he aprendido a mostrarle al mundo que tengo un punto de vista distinto, que puedo ser más torpe que los torpes, que todo aquello es una decisión personal, una contribución a las próximas generaciones, a los que pronto se cansaran de lo cuadriculado. Ver a las brujas me ha hecho pensar que las ideas son más importantes que las personas y la realidad que observamos, que uno sólo no puede conseguir un sueño, que se necesita el poder de las tres, que una máscara no basta y que es preciso y necesario convencer a la humanidad para que se ponga nuestra máscara; luego caminaremos juntos hacia palacio, donde la máscara será eterna y sobrevivirá a los bichos que nos descompondrán. Quizá el gusto por la magia lo aprendí de mi abuela, que acudía a todo de tipo de brujos y magos, conectados con Dios o con el diablo. Ahora entiendo que los brujos son unos cabrones mata palomas.
No solo fueron series. También lo fueron cantantes. De los juveniles sólo observaba lo que me interesaba, pero hay otros particularmente interesantes, en el orden que los conocí y a los que recuerdo (no olviden que últimamente tengo mala memoria): Mozart, Juan Gabriel, Shakira, Ricardo Arjona, Alejandra Guzmán, Gloria Trevi, Lady Gaga y Calle 13. Todos ellos con algo que dejan y no se olvida. A Mozart lo conocí porque en la época en la que era niño, la gente escuchaba salsa, merengue y tecno cumbia, todo intolerable para los oídos; la gente escucha cojudeces: a gente que sufre por amor, letras de desprecio, letras románticas. Tirado en el piso de la oficina pensé que es mejor escuchar canciones sin letra. Aprendí  que muchas veces es mejor y más saludable oír a los instrumentos y no a las personas. Si las personas, en el Perú, no hubiesen existido, o nunca hubiesen aprendido a cantar, quizá tendríamos un país menos jodido, menos bruto y menos cuadriculado.
Mi madre era una asidua consumidora de la música de Juan Gabriel, de sus quince mejores baladas. Para cuando yo lo escuchaba, ya empezaba a entender que los problemas de amor de los que hablaban las cumbias irían conmigo, pero con un ligero cambio, yo me interesaría por hombres y no por mujeres. Considero un gran logro haberlo descubierto a temprana edad. Juan Gabriel me enseñó que se podía ser homosexual y ser exitoso; y que mi sexualidad tenía que ser menos que mi personalidad y que la capacidad que tendría para hacer lo, que según la estupidez, me saldría mejor. Lo he conseguido, he sobrevivido y nunca he sido atacado por las injurias contra los homosexuales, como sí ha ocurrido con las personas que conocí y luego  se sumieron en la depresión y ahora son los gays afeminados, orgullosos  de su condición, sin otra habilidad que la de dejarse penetrar por uno de los que son bien machitos y se tiran a todas las jermas después de embriagarse. Más tarde todo fue más claro, descubrí que se puede ser conquistador del mundo y ser homosexual, que se puede ser poeta y ser homosexual, con Alejandro Magno y Shakespeare. Que la homosexualidad existe desde los inicios de la historia y es una cuestión cultural más que una enfermedad social.

domingo, 5 de febrero de 2012

La Sagrada Familia


  •  Vamos a jugar billar, me dice mi hermano menor. Él es más alto que yo, más fuerte y le agrada la vida en familia. Lo aprendió de sus abuelos.
  •    No quiero, ponte a jugar sólo, le respondo. Yo soy así, prefiero estar sólo y si tengo que jugar algo juego solitario, Age of empires III o Plants vs zombies contra el ordenador. Hasta donde tengo entendido una gallina o cualquier ave aún no tiene la capacidad de competir contra mí, en un juego.
Mi hermano insiste en que juguemos, siempre lo ha hecho y mi respuesta siempre ha sido la misma. No me molestes, juega solo, recuerda que mañana puedo estar muerto, disfruta de la soledad. Nuevamente insiste. Mi hermano es una persona de las que se puede llamar buenas, él daría la vida por algún familiar. Tiene carácter fuerte, es algo salvaje en sus juegos, puede a veces resultar un poco torpe, pero no lo es, se da cuenta de todo. Sabe lo que quiere. Para mí  puede ser muchas cosas malas pero dejémonos de mentiras: Mi hermano es mejor que yo y en el momento crucial daría su vida por mí, sacrificaría el futuro (no piensa en cojudeces, pero es un modo de explicarlo)  por proveer de algún bienestar a su familia. Por tener una familia mejor. Él es Abel, es mi hermano (que no lee lo que escribo, porque dejemos de cojudeces los maricas escriben y los hombres son fuertes y da un golpe en la pared y yo soy un gran marica, él lo sabe: vuélvete hombre, compórtate como los hombres ¿Dónde carajo están los hombres?) y yo no soy el hermano que espera, pero me quiere y alguna vez fue claro si tú te mueres toda mi vida se vuelve mierda. La vida es mierda, mierda pura y puedo dar fe de ello porque existo, porque si la vida fuese buena yo no existiría, y en mi reemplazo existiría un buen hermano, un buen hijo, un buen amigo, un bueno todo. Insiste y soy rotundo no molestes carajo. La furia lo invade, no sé si se entristece, pero la vida trascurre de ese modo.

Si hay algo que debemos hacer el día de hoy, ya que no sabemos qué pasará mañana. Porque lo han dicho Steve, Bayly y otros personajes que no conoceré jamás. Porque soy un haragán. Ese algo tiene que ser decir la verdad, ser sinceros con quienes nos rodean y decirles Me jode la vida en familia, no quiero estar con ustedes, no me interesan y ya estoy preparado para cuando mueran. Dedíquense a hacer sus cosas y yo las mías. Yo amo a todos ellos y me siento mal, realmente mal cuando desperdicio el tiempo durmiendo o pensando o escribiendo y los olvido por 23 años, que es la edad que tengo. Me siento realmente mal y creo que ese es el precio que tengo que pagar, pero insisto en estar solo, me siento mejor así. Ellos han podido vivir felices teniéndome lejos y yo he sido feliz viéndolos vivir la vida ordinaria que todos llevan. Porque seamos claros: en mi familia no hay ningún escritor, ningún político; sólo ingenieros, médicos, mecánicos y personas que se dedican a hacer lo que hace todo mundo, carpe diem, que no digo que sea malo, porque finalmente cada persona debe hacer lo que mejor le parece.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Las lisuras


José, el chisco

Siento un odio intenso y omnipotente. Trato de escribir pero sonidos extraños, poderosos deambulan por mi mente, me impiden concentrarme en las historias. El odio es colosal pero imposible de focalizar, no puedo, simplemente no puedo, sólo recuerdo y grito alguna lisura. Carajo éste es un día de mierda, un día jodido. No grito lisuras con frecuencia, recuerdo claramente que la primera lisura que oí fue de boca de mi madre, cuando acababa de cumplir once años, la edad de los descubrimientos. Recuerdo la mesa de la cocina, redonda, antigua, las cuatro sillas. Dos pavos salidos del horno, frente a nosotros, empanadas (normales y rellenas), gaseosas, vino y varias botellas de macerado (llonque con frutas secas) que fue preparado por mi abuela desde hace exactamente 365 días.  Así de precisa era mi abuela. Nunca he probado de aquellas botellas, nunca podré hacerlo porque mi abuela yace en una tumba al final de la calle Nicanor Carmona, al lado derecho, una tumba blanca en el piso, con rejas, que no he visitado desde hace cinco años. A tu abuela le agradan las rosas, dice mamá, un día de estos debes ir a ponerle rosasPronto viajaré, respondo. Ahora tengo que dormir, leer y escribir. Estoy en deuda contigo abuela, lo eres todo para mí pero tú sabes que se me complican los viajes. No me interesa viajar pero quiero regalarte rosas y cerciorarme de que tu tumba esté limpia y bien cuidada. Abuela espérame, pronto llegaré y me encargaré cumplir con las obligaciones morales. ¡Diablos! caen lágrimas, que complicado es llevar una vida de humano, que complicado. El celular suena. ¡Mierda!
Por la cocina, entre las sillas, buscando algún insecto que devorar, se encuentra José (el chisco). Como extraño a José, extraño darte de probar de mi desayuno, extraño darte pan remojado en leche todas las mañanas, extraño tus silbidos y las tardes que pasábamos en el comedor conversando o yo estudiando y tú haciendo no sé qué, éramos felices, nos entendíamos. Cada uno haciendo sus cosas, ya lo repetido varias veces, pero es necesario. Como te extraño cabrón, grito. Las malditas lágrimas no se van, no se irán, sé que hoy me acompañaran por que hoy es el día en que recuerdo muchas cosas, hoy es el día en el que añoro el pasado y aquella mañana en la cocina, con mi mamá y un primo. Fue aquella mañana que escuché la primera lisura. Pendejo, le dijo mi madre a mi primo. Ellos platicaban, nada interesante para mí, yo observaba el ala del pavo que debía comerme minutos más tarde, era navidad y yo siempre me cómo todas las alas, con arte, con placer. Qué ricas son las alas, aún siento ese olor. Yo siempre aderezo los pavos, me agrada acuchillarlos e introducir una mezcla asquerosa que los vuelve ricos. Mis manos quedan con un olor desagradable. Es sólo por los cumpleaños, por navidad, por año nuevo, no puede ser tan malo. Mi madre dijo pendejo y luego se ruborizó, como si por primera vez hubiese cometido pecado mortal, ella y mi primo fueron cómplices, cambiaron el tema, intentaron que la palabra pase desapercibida. Yo  no entendí hasta dos años más tarde, la palabra quedó grabada en mi mente. Por aquella época tenía una memoria brillante, lo recordaba todo, la posición de mis libros, las tareas diarias, las palabras, las clases, la posición exacta donde caían las moscas cuando mi abuela las mataba, aún pasado varios meses. Lo recordaba todo.Qué buenos eran aquellos tiempos. Ahora no recuerdo nada, apenas recuerdo las historias que quiero perdurar en el tiempo. Malditas pastillas, ¡Cabronas, me destruyen la memoria! Por ejemplo ayer no recordé que fue lunes, no lo supe hasta que un amigo me recordó. Gracias buen amigo GB, pronto escribiré de ti.
¡Qué fea palabra! Pendejo es una palabra que ingresa a nuestros oídos y los destruye, nos deja sordos. Que falta de estética. ¿Quién en su puta vida prefiere utilizarla? Mi madre cambia el tema, empiezan a servir el desayuno. Nunca hemos cenado en navidad, todo ocurría al día siguiente. La noche del 24 acudíamos a misa con mi abuela, pasábamos por la plaza que está a dos cuadras de mi antigua casa. El lugar siempre estaba repleto de gente vendiendo panetones, empanadas, vino y otras cosas. Era un día especial en ese lugar. La plaza repleta, toda la ciudad caminando. A decir verdad, por aquella época era el único lugar donde la gente podía pasar un domingo o una fiesta importante. Acudían de todo lugar, la gente se pone sus mejores prendas, algunos con enamoradas, otros entre amigos, otros solos y esperando encontrar a alguien. Siempre era seguro encontrar a alguien. La gente da vueltas como en procesión, varias vueltas. Luego vienen las discotecas, la única que recuerdo ahora es el Manaos, pero había unas dos más, si no mal recuerdo una en la calle bolívar y otra en el parque de San Juan Bosco, donde una amiga me hizo fumar cigarros y luego procuró practicarme sexo oral. Esa  chica era una loca, se había acostada con casi medio mundo y por supuesto había comido kilómetros de pinga. Fátima no quiero volverte a ver. Recuerdo que nos sentamos en una de las bancas de ese parque poco iluminado, frente a una puerta vieja, donde salían hombres. Es un prostíbulo, me decía Anderson. Como te recuerdo amigo, has sido el mejor. Ahora estudias electrónica y llevas una vida distinta. Estarás conmigo en el gobierno y tomaremos y recordaremos los viejos tiempos, es una promesa. Te acostarás con nuestra amiga y me haré el tonto, no me daré cuenta, como en los viejos tiempos.
Estábamos en el parque. La gente vende y nosotros ingresamos a la iglesia, escuchamos la misa, regresamos y ponemos en niño en el pesebre. Luego a dormir se ha dicho.
 Eran buenos aquellos tiempos, yo era feliz. Todos eran cómplices, mis amigos, mi familia, todos procuraban ocultarme las lisuras. Ustedes se las sabían todas, yo no sabía nada. ¡Malditos! Pero se los agradezco, he aprendido mucho después, de un modo cruel. Lo aprendí antes sus ojos y no pudieron verlo. Los amigos de mi tío me lo enseñaron, el internet me lo enseñó. Los amigos de mi hermano. Las cosas se aprenden tarde o temprano.