sábado, 4 de abril de 2015

Conclusiones luego de tres tazas de café

Creer que lo normal es ser heterosexual y que los homosexuales son «anormales» es una creencia prejuiciosa, desmentida por la ciencia y por el sentido común, y que sólo orienta la legislación discriminatoria en países atrasados e incultos, donde el fanatismo religioso y el machismo son fuente de atropellos y de la desgracia y sufrimiento de innumerables ciudadanos cuyo único delito es pertenecer a una minoría. ("Salir de la barbarie", MVLL)
Me gustaría recordar en qué momento empezó mi gusto por lo masculino, pero ningún recuerdo es exacto. A los ocho años ya me excitaba al observar a los chicos que se bañaban en la acequia después de una jornada de trabajo, a esa edad ya sabía que prefería los cursos de letras a los cursos que involucraban cálculos, sabía que la política y literatura son más interesantes que la ingeniería y el trabajo programado, sabía también que los chicos trigueños y delgados me atraían mucho más que los blancos y gordos. A los ocho años tenía gustos definidos pero no tenía el carácter para asumirlos.

Trato de buscar algún antecedente que explique mi sexualidad, pero los razonamientos tampoco son determinantes; por ejemplo, en mi familia nadie es homosexual, no he tenido amigos homosexuales hasta los once años, tampoco he sido violado o algo por el estilo, el ejercicio de mi sexualidad ha sido siempre con consentimiento y premeditado aunque algunos me creyesen un púber inocente y sin voluntad. Lo único que es rescatable son dos detalles que repaso una y otra vez, tratando de buscar alguna respuesta: Mi padre desde los seis años me contaba acerca de sus hazañas con mujeres (gordas, deformes y viejas)  y la conclusión siempre era que debía ser un mujeriego, que debía penetrar a cualquier mujer que se cruce en mi camino (además de cogerle y morderle las tetas), en resumen, que debía seguir su ejemplo. Los recuerdos de un señor viejo penetrando y metiendo la lengua en las vaginas de mujeres gordas y viejas no eran nada apetecibles, sólo me provocaban repugnancia, por aquella época los chocolates y los chizitos eran más provocadores. El otro detalle que rescato es el hecho de que ni mi madre ni nadie cercano  al entorno familiar (excepto mi padre que no vivía conmigo) me hablaban de la sexualidad, nunca me dijeron que la convención cultural era que un chico debía estar con una chica y no con otro chico. Tal vez  con aquella aclaración mis gustos serían otros, o tal vez no.

sábado, 13 de septiembre de 2014

El gordito sin talento


Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños. (MVLL)

Hoy es de aquellos días en los que me siento furioso, en los que recuerdo los días de colegio y odio; y gasto el tiempo y la poca energía de mis huesos recordando eventos innecesarios, me gasto la vida insultando, maldiciendo, recordando que si bien ahora no soy el protagonista principal en este país de mierda y estupideces, tengo todas las capacidades y habilidades para ser el mejor. Reniego por mi dejadez. Me odio. Quiero retroceder el tiempo, actuar y convertirme en un dios, en lo que merezco ser y en lo único que puedo ser.
Hace aproximadamente dos años mi vida cambio, tuve que eliminar el temor a las relaciones humanas, tuve que olvidar al chico introvertido que ocupaba los primeros puestos en el colegio y la universidad para convertirme en aquello que el mundo exige ser: Tuve que aprender a sonreír cuando sólo quería mostrar la cara de ogro, tuve que mostrar cordura cuando solo tenía ganas de desvariar, tuve que amar cuando solo me apetecía odiar y tuve que adoptar muchas otras actitudes y tuve que actuar persistentemente  hasta hoy.
Hace aproximadamente  dos años conocí a Morgana; hace poco más de un año, a mi buen amigo Xavier y como quien no quiere la cosa, conocí también al gordito sin talento, un gordito al que he decidido odiar gratuitamente, con persistencia, con la misma persistencia que me ayuda a actuar día a día, la misma persistencia que quiero conservar para drogarme y no morir. Es un odio gratuito y no tanto, es gratuito porque es vano, insano, torpe desde cualquier ángulo; no lo es tanto porque él ha propiciado que la humanidad lo odie, su presencia, palabras, actos y aroma provocan repugnancia, son asquerosos y crueles, como los olores corporales en el transporte público, como una patada en los testículos. Recordarlo me despierta y quita el sueño y me recuerda que si bien él no tiene talento es un exquisito chupamedias y yo sólo un haragán con el talento de odiar gratuitamente y no tanto.

domingo, 2 de febrero de 2014

Circunstancias Efímeras

Y sin embargo, ves a los poco talentosos comprarse lo que se pueden comprar.
Y sin embargo, te sientas a observar lo mucho que puedes comprar con tan gran talento, hasta quedarte dormido.
Entonces los poco talentosos son exitoso y tú una bola de caca.
Siento la misma emoción de cuando niño. Cuando niño y mi padre y las propinas y todo lo que se podía comprar. Ahora al tratar de recordar cómo llenar un papel en blanco con garabatos que pretender ser la publicación más exquisita que jamás se ha leído. Son las emociones, la parafernalia y el querer que sólo quedara en querer.

Estoy emocionado pero no se nota, sólo se puede entrever detrás de los lentes negros y las hilachas de cabello, los residuos de un soñador, de un presidente en potencia, del peruano que ganaría el Nobel, de aquel filósofo adolescente. Sin embargo el soñador sigue soñando. El soñador se levanta muy temprano y da órdenes con un traje de emperador, definitivamente ha nacido para ser rey. El soñador grita, construye el mundo mientras camina, pero no se nota. El soñador aparece y desaparece, quiere salir pero algo se lo impide: Un cuerpo contaminado por la rutina y la comodidad.

La emoción desaparece, se convierte en miedo, el individuo reconoce que está jodido, que no conseguirá nada de lo que anhela y que la esporádica comodidad desaparecerá y se convertirá en nada. Tiene miedo de convertirse en lo critica, pero no está lejos. El individuo está muy enfermo, no tiene ideas, es un tubo vacío “¿Cómo se tiene que vivir?¿Para qué se vive” las preguntas de infancia regresan y siguen sin respuesta. Finalmente el miedo dura tanto como duró la emoción de escribir.


El individuo que soñaba con ser presidente queda en la nada, no está emocionado, no tiene miedo sólo se acuesta, duerme y espera. No piensa, se olvida de los sueños, se olvida de los miedos y reacciona a las llamadas, a los pedidos, al hambre. El individuo reacciona y en algún momento inesperado saldrá el soñador, y alguna mañana despertará con miedo y tratará de recuperar el tiempo perdido. Luego dormirá y seguirá muriendo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Hoy, las pastillas, Raúl, Cristhian, Berardo, el fracaso e Italia


Es conveniente escribir con el cuerpo atormentado por las drogas, sólo en ese estado nuestras ideas salen a relucir en su mejor versión, sin atropellos culturales, ni morales. Lo que busco es un cuerpo agradable, intoxicado y dispuesto a fugarse conmigo a argentina y luego a Italia. Hoy busco a Luis.
Mi hermano (muerto) y yo (borracho)
Hoy debería escribir una de las tantas historias que he prometido y que no he escrito. Hoy debería hacer trabajos de la universidad para no desaprobar y evitar prolongar más los años la tortura, hoy como cualquier otro día debería hacer lo urgente, pero he decidido escribir y  no sé sobre qué escribir y cuando encuentro la historia no paso de la segunda línea, podría pensar que ya no tengo la habilidad, pero sabemos, los dioses, que esas cosas pasan  y no me preocupo.

Hoy no me siento con ganas de estar sentado frente a la lap top, hoy hubiese preferido salir con un amigo de mi hermano a probar drogas, pero pensé en mi mamá y me quedé. Hoy hubiese querido además  embriagarme y acostarme con un desconocido, pero estoy aquí sin poder escribir, sin hacer lo importante, sin hacer nada.

Hoy platiqué con un amigo de mi amigo que me enamoró. Debo reconocer que no me agrada su condición física pero  él es más que la condición física, es lo que siempre quise, siento que me he enamorado, pero ya sabemos que eso del amor, en mi caso, suelen ser unos segundos. La estupidez pasa, espero que sea diferente. Quisiera abrazarlo, tomar, escribir y sentir que el mundo por fin es perfecto.

Hoy hubiese preferido muchas cosas, quiero llorar, pero no puedo. No estoy excitado, estoy como zombi, no sé si sea conveniente ir a la universidad en unas horas. No sé si me interesa ser ingeniero. Quiero hacer mejor las cosas en el trabajo, pero la verdad, todo es incierto y no me preocupo.

Hoy quisiera decirle a Raúl que me agrada, que me agrada la forma como me desprecia cada vez que menciono lo mucho que me excita su rareza y su cuerpo no muy interesante pero que es compensado por la personalidad sui generis. Sé que no le intereso, y me resigno a ello, es lo mejor.  Raúl es un tipo genial y yo un fármaco dependiente escribiendo sobre él. Trato de recordarlo y amarlo en silencio.

Hoy quisiera hablar con Cristhian, es el único hombre al que he amado y sigo amando. Físicamente es atractivo, me agrada la forma provocativa con la que se masturba. Es inteligente, es provocador, es un genio. Le seguiré proponiendo que seamos amantes y cuando la acepte, guardaré el secreto y seremos los mejores amigos amantes.

Hoy quiero besar a Berardo, quiero observar su cuerpo joven, quiero que ponga una canción de Arjona, que toque la guitarra. Quiero platicar y embriagarme con él.

Hoy tome cinco tipos de pastillas, o quizá seis y me cuesta trabajo recordar la posición de las teclas en la oscuridad, pero hago el esfuerzo. Hoy quiero ser amado, quiero que alguien esté aquí y si es el buen Juancho, no importa, no me interesa la sexualidad, sólo me interesa estar acompañado, tener un amigo cerca, que me haga masajes.

Todas las posibilidades de hoy se reducen a un escrito sin sentido, que nadie leerá. Todas las posibilidades son ideas, son cosas que ocurrirán con un poco de drogas, la vida sin ellas no tiene sentido. 

Amo lo irracional, amo vivir así, amo quedarme sin amigos o sólo con los necesarios. Amo a los que están dispuestos a hacer lo que sus instintos manden. Amo que me cuenten historias, amo a mi amigo: “Gente varonil corriéndosela. El tío que me gusta estaba ahí me dejó agarrársela de nuevo y me metió la mano por el poto sentí rico. Luego un pata alto riquísimo con una cosa grande venía corriéndosela y casi  penetra a un pata. El pata estaba con el pantalón abajo esperando que lo penetren

¿De qué sirve la vida con etiquetas? De nada, la vida es aquello que hacemos cuando olvidamos los valores, la moral y la cultura, dejemos esas cosas en los libros y seamos lo que queremos ser. Si luego nos odian, no importa, tomemos más pastillas y sigamos siendo felices. Escribamos sin sentidos, obliguemos a los humanos a drogarse para que nos puedan entender.

sábado, 30 de marzo de 2013

Los baños y los perros


Es sábado por la mañana y hace calor en Lima. Ángel ha despertado cansado como todos los sábados de su vida, pero este en particular, ha decido conocer a un chico, uno que le cobrará treinta soles por complacerlo sexualmente.  Ángel no necesita placeres sexuales, ello es irrelevante y previsible desde que, a los once años, le mostraron todo lo que un humano promedio puede hacer a lo largo de su deplorable vida; lo que Ángel necesita es una historia, una aventura que pueda justificar aquel viaje en un sábado antes del desayuno: Ángel decide ir a conocer los baños y sus historias.
Me encuentro sentado en uno de los inodoros sucios, entre cuatro láminas de madera donde yacen con comodidad los celulares de pasivos, activos y modernos  en  busca de pareja sexual. Los que escriben sus números de celulares, y lo hacen con gran seguridad, son con certeza pasivos muy afeminados, activos gordos y feos (como yo, me refiero a lo gordo y feo), o modernos travestidos. No hay esperanza en ninguno de los celulares que se confunden con los kilos de mierda que depositan diariamente en el inodoro donde estoy sentado. No estoy sentado porque tenga alguna necesidad fisiológica, lo estoy porque tengo la libido elevada y necesito tocar una buena verga para poder sentirme a gusto (nunca me han permitido más haya de tocar), la ecuación es sencilla: Elijo estratégicamente uno de los inodoros de en medio y me siento a esperar a algún incauto, luego paso mi mano por debajo del separador y espero a que generosamente me pongan una pinga en la mano, esos son los mejores días.

Mi nombre es Estiven y mis padres no eligieron ese nombre, así eligió escribirlo la iletrada de los registros civiles de San Román, durante el primer gobierno de Alan. Está claro que mis padres no podían descifrar nada entre tanto garabato con tinta, ellos pensaron que con ese nombre de gringo sería gringo, inteligente y exitoso, se equivocaron. Tengo 39 años y soy un fracaso, soy gordo como una ballena preñada, mi piel es blanca como moho, tengo un órgano sexual reducido por los kilos de grasa que almacena mi barriga y soy homosexual pasivo. A los 15 años descubrí que era gay, soy un gay en el closet, tenía y tengo miedo de que mis padres y amigos se enteren. Tengo que vivir con una mujer gorda simulando que la amo. Las pastillas me ayudan en las noches cuando debo cumplir mi rol de cachalote macho. Le he contado a unos cuantos amigos sobre mi opción sexual y les he declarado amor a tres, pero todos me han dicho que no, porque somos amigos. Ellos también son homosexuales, pero la razón por la que no me quieren, no es la amistad, lo es más bien por el rechazo a mi figura espantosa. Malditos cabrones sean sinceros, digan: no te quiero por feo. No apelen a esa mierda de la amistad.

Hoy no es un buen día, estoy sentado pero nadie quiere proveerme de una pinga gruesa. Salgo del inodoro y me paro frente a los urinarios a observar. Varios hombres peludos se están masturbando y mirando a los costados en busca de la pareja ideal para aquella tarde. Algunos ancianos se les acercan y ellos les ponen cara de pocos amigos y se van. Yo me acerco y a lo mucho me dejan tocar, a veces me ocurre lo que a los ancianos. Al parecer los ancianos y los gordos no tenemos posibilidades en este mundo. Estoy en el baño principal de Real Plaza, a unos metros del hotel Sheraton, este es el punto de encuentro para gran cantidad de homosexuales que salen de trabajar y quieren pasar una noche de sexo. Se paga 50 céntimos la entrada, luego se paran en los urinarios a mostrar sus genitales hasta que llegue el indicado y luego ir a algún hostal de la AV. Uruguay. Los agentes de seguridad y de limpieza son parte del juego. Tampoco es un buen día en los urinarios, no hay nadie interesante, todos los hombres peludos ya se fueron con chiquillos delgaditos y sólo quedan los ancianos secos y yo. Es hora del plan B.

Camino hacia el baño de Oeschle, en el primer piso de la tienda, todo está vacío. Me pongo a esperar, al parecer tampoco será un buen día en este lugar. En el mejor de los casos se encuentran dos tipos y se ponen a tirar cerca a los urinarios, me permiten observar con la condición de que me fije que nadie venga, nunca viene nadie, son baños tranquilos. Ellos terminan y se van. Yo me quedo con las ganas, me doy cuenta que sólo sirvo para ser un espectador de la sexualidad. Hoy no ocurre nada de ello. No me rendiré, soy gordo y feo, pero también soy perseverante, en ello ninguno de los perros cabrones que me rechazan diariamente me pueden superar. Iré a los baños de Megaplaza, allí con seguridad podré tocar un rica verga y podré ir a casa a masturbarme con suficiente información fotográfica.

Uno de estos días me daré un tiro, no puedo estar con nadie, nadie me quiere, me rechazan por gordo y feo. Quisiera vivir con alguien que me ame, quien sea. Quisiera que mis padres y amigos acepten lo que soy, ya no quiero fingir que soy un macho en la cama cuando sólo quiero que horaden mi trasero todos los días. Mi vida no es vida, soy un impostor, un traidor a mis convicciones, por eso no puedo ser feliz. Ya estoy en los baños de Megaplaza, el tipo de seguridad está expulsando a un anciano del baño porque quería meterse al cubículo donde dos homosexuales jóvenes tenían intimidad. Los cubículos de esos baños siempre están habitados por dos personas, excepto donde estoy yo, siempre estoy sólo, nadie está dispuesto a tirar conmigo. Las condiciones tampoco son buenas.

Me voy a casa resignado, mañana me rosaré con algunos hombres en el Metropolitano, camino al trabajo. De regreso, realizaré las visitas rutinarias por los baños de Lima, empezaré en Sodimac del Jockey Plaza.  Bayly dijo que en Lima se puede ser coquero, gay y ser feliz; pues esto no se cumple con los gordos como yo. Lima es una ciudad de perros, siempre los mismos perros en los mismos baños, pero no hay ninguno que haya aceptado hacerme perra en los tres años que llevo visitando religiosamente los servicios higiénicos de Lima.

lunes, 21 de enero de 2013

Las preguntas sin respuestas


Existen incontables hombres en mi vida, pero sólo recuerdo a tres: Los que tomaron la decisión de rechazarme.
¿Qué pasaba por su mente en ese momento? ¿Qué pensaba el tipo el urinario y qué pensaba el tipo de los labios rojos frente a la puerta? Eran muchas preguntas sin respuestas, incontables preguntas como ocasiones en las que  ambos se miraban el sexo sin escrúpulos y el tipo de los labios rojos dudaba entre un ¿Qué pasará? y las intenciones esquizofrénicas de incorporarse a esa escena insospechada. Matías era blanco masajeaba su sexo con gran libertad, observaba a su costado y Julián correspondía las miradas. Pronto Julián desistió, abandonó el urinario y se acercó a la lavarse las manos y cara. El tipo de los labios rojos se acercó hacia Matías, tocó su sexo un instante  y todo terminó. Julián y su pareja, el tipo de los labios rojos, caminaron de regreso a las escaleras solitarias, rumbo a ninguna parte.

¿Qué pretendes conmigo? ¿Qué es lo que buscas? Julián, tenía muchas preguntas. ¿Qué pensaste mientras jugabas con el tipo del urinario? ¿Por qué decidiste abandonar la escena? El tipo de los labios rojos tenía muchas preguntas. Era un lunes por la noche como cualquiera pero con muchas preguntas sin respuestas. Ambos caminaron rumbo a los buses que los llevarían a sus casas mientras el aire suspiraba tenso, tratando de emular las respuestas y una buena impresión de aquel primer encuentro.

Julián y Ángel se conocieron a través de las redes sociales, se atrajeron por las fotos y desde aquel momento se juraron amor eterno. Julián tiene cinco años y cinco centímetros más que Ángel. Y Ángel tiene muy pocas ganas de vivir como de emprender proyectos. Accedió a aceptar a Julián porque la vida no tiene sentido y es mejor buscar un compañero para pasar los últimos días de su vida, fingir palabras cursis es mejor que dibujarlas en el universo tenebroso de la memoria. Aquel lunes era el primer día en que se conocían, aquel lunes fue la primera vez en la que Ángel pudo comprender a medias las historias que se tejen en los baños de Lima, fue la primera vez en mucho tiempo en la que descubrió que la vida aún tiene sentido y como tiene sentido ya no es prudente jurar amor eterno, ya no es conveniente jurar fidelidad. Ángel es cazador de historias y  las historias son más importantes que las vivencias cursis de los enamorados.

Los enamorados se despidieron. Prometieron verse pronto. Fue un lunes con muchas preguntas sin respuestas ¿Dónde están las respuestas? ¿Quién tiene las respuestas? Ángel buscará esas respuestas, porque si para algo se ha nacido es para buscar respuestas y contarlas a quien no se atreve a ir tras ellas.

viernes, 31 de agosto de 2012

Impotencia y Estupidez

"Nos resignamos al momento único y feliz. Preferimos perderlo, dejarlo transcurrir sin siquiera hacer el razonable intento de asirlo. Preferimos perderlo todo, antes que admitir que se trata de la única posibilidad y que esa posibilidad es solo un minuto y no una larga impecable existencia." - Por Yamalit
Trato de platicar contigo y no sé cómo empezar la plática. Lo único que se me ocurre decir es:

  •           Te imagino rodeado de licor.

Pero no te imagino rodeado de licor, más bien te imagino sentado hablando de esas cosas de las que sueles hablar. Ha pasado un mes, y es anormal que tenga en cuenta el paso del tiempo, desde que observé tus lentes con montura negra. Ahora que te veo, observo el modo peculiar de tu caminar; tu mirada tensa, entendida como segura o segura y entendida como tensa; el color de tu piel y la forma como se dibujan tus patillas a los costados de tu rostro: Hago esfuerzos sobrehumanos para disimular que el color de rostro, tus labios y tu mirada me fascinan en grado sumo. Recuerdo además aquella sensación peculiar de vientre. Ha pasado un mes y no he podido olvidarte, las pastillas no ayudan porque tu imagen y el recuerdo son indelebles.

Siempre aconsejo que las personas no deben incomodar a las personas y, si la humanidad ha vivido varios siglos sin nuestra presencia lo normal es que Adriano haga las cosas de Adriano y que los demás hagan las cosas de los demás, pero suelo olvidar mis consejos y me aferro a ese momento salido del azahar. He mandado a mi mente un millón de veces a ese lugar, para recordar cada detalle del escenario perfecto. Finalmente termino resignándome al que hecho de que aquel momento no volverá y espero a que mi memoria, las pastillas o tu comportamiento futuro regresen todo a lo que siempre fue: Yo no sabía nada de ti y tú nada de mí. Aunque entiendo que el escenario más favorable es el de la amistad.

Eres esquivo y si no lo fueras las cosas serían de otro modo: Las personas que quiero, y siempre están, suelen aburrirme pronto. Cuando te veo no sé de qué rayos hablar, se apoderan de mí esas sensaciones que suelen traicionarme cada vez que camino o estoy cerca de alguien en quien pienso con regularidad. Cuando hablas, generalmente no escucho lo que dices – porque hay ruido o  porque estoy suficientemente atrapado por la inseguridad y la estupidez – y cuando te escucho hablar no entiendo lo que dices o siento que hablas en otro idioma y luego me doy cuenta de la sincronía que hay con las personas con quienes hablas. Estoy seguro que no puedo o quiero hablar de esas cosas y me pregunto si es posible que tú y yo podamos hablar sobre algún tema en común. Trabajo en aquello de lo hablamos alguna vez y también en proyectos personales, pero he decidido que lo primero también debe ser personal porque tampoco puedo olvidar dos preguntas: ¿Te interesa redactar aquello o sólo esta huevada? (creo que esas fueron las palabras y me agrada) ¿Has hecho esto con alguien más? (estas no fueron las palabras, pero quiero decirlo de ese modo). Y reflexiono.

Me interesa todo lo que se relacione con lo que me agrada hacer y aquello está dentro del grupo. Y siempre he dicho que las personas de nuestro entorno son poco o nada interesantes. Pero también me interesan esas cosas que defines como “huevadas”, y no en esa forma necesariamente, sino también en forma de café o de sillones con vasos llenos de cualquier licor.

Quisiera decir cosas o hacer cosas que puedan agradarte, pero no sé qué cosas  te agradan y si lo sé, la estupidez del momento no me permiten entenderlo. Recuerdo que lo único que sé hacer bien es joder, dormir y lo que trato de hacer mejor es escribir. Entonces he llegado a tres conclusiones: Primero, eres el único hombre que me interesa como amante y como amigo (considérame tu amigo en el peor de los casos porque eres sui generis y tu presencia me hace bien); Segundo, existe una única chica a la que amo y con quien me casaré; y Tercero, debo ir a dormir para no pasarme a la siguiente página, porque el arte de la conquista no es una de mis habilidades y no encuentro o no puedo propiciar un momento para decir que me gustas y proponer que seamos amantes.

sábado, 25 de agosto de 2012

La Gigantomaquia


PRIMERA PARTE

I

Nos encontramos en los comienzos del S. XXV. El planeta tierra es gobernado por las máquinas. La vida humana es escasa y ha sido reemplazada por una de sus creaciones supremas: el androide. Esta nueva era pone de manifiesto que una de las teorías más antiguas ha sido consistente desde que Demócrito planteó que todo estaba formado por átomos: la materia sobrevivirá al hombre, y como las especies suelen extinguirse, porque hay una premisa que nos cuenta que nada es eterno y que todo cambia, recordamos las  palabras de Heráclito. En este contexto no hay nada mejor que las máquinas para continuar con el proceso de cambios y progresos que ni las cucarachas podrán observar. Hace cuatro siglos que se acabó el agua, hace tres siglos que el planeta tierra dejó de ser un planeta habitable para los seres humanos; y todos los adelantos tecnológicos, los avances ideológicos han desembocado en este instante, el instante de gobierno de los androides, el instante en el que se ha retrocedido en ideología y nos hace pensar (a mí y a los que quedamos) en las ideas primigenias de los filósofos de la naturaleza. Quedamos pocos humanos: los eruditos, los científicos y los filósofos sobreviven y controlan algunas máquinas en un afán de sobrevivencia. Ellos continúan sus investigaciones, hacen los que les agrada hacer: Investigar, jugar o nada lógico. Yo escribo desde una fortaleza que construí cuando visioné que aquello que narraban las películas sobre la superioridad de las máquinas, sobre la estupidez y amoralidad de los humanos y sobre todo algún libro importante: “Un mundo Feliz”. El resto, los humanos con vidas sin sentido, han desaparecido, ya no son necesarios en este mundo, su misión es reemplazada por alguna lata con cerebro. Vuelvo a pensar en algunos investigadores olvidados: Charles Darwin ¿En qué piensan los demás?

II

En una caverna  alejada de la ciudad de los bullicios, a oscuras y con gran luminosidad intelectual, se aloja una comunidad de científicos obsesionados en investigaciones sobre criogenia, un método antiguo, desfasado y completamente fracasado pero que la terquedad y la magia de la locura les permite  continuar  la empresa. Trataron de convencerme en formar parte de su comunidad, pero yo prefería vivir en el piso más alto de la casa donde había nacido, sufrido y llorado. Me divertía con un báculo controlando algunas máquinas y jugando a las guerras contra el grupo más organizado de máquinas que querían el control total del planeta. De este modo yo hacía lo que siempre había querido y los científicos, lo mismo, cada uno a su estilo. Hay algunos humanos más, pero sobre ellos nada estaba claro. Alfa, el científico ilustre, después de ciento cincuenta años de trabajo, consiguió la fórmula: ¡Eureka! ¡Eureka! Lo antiguo siempre resultaba siendo una gran inspiración. ¿En qué momento, los avances tecnológicos fueron mal encaminados?  ¿En qué momento se jodió todo? La idea, en esta época, no era continuar con lo conseguido, la idea era empezar a analizar la evolución del hombre desde el punto cero y ver en qué momento la humanidad se equivocó y dejar una lección aprendida ¿Pará qué? Para nada, simplemente no hay nada que hacer.

III

Después de que Alfa anunciase el descubrimiento, toda la vida de la comunidad criogénica, por primera vez, cobraba sentido. Era la primera vez que se descubrían vivos y ahora también tenían la capacidad de volver a la vida a quienes la voluntad, los deseos o la simple nada les permitiesen. Era el comienzo de la nueva era: La humanidad podía volver a gobernar la tierra, y los intentos por buscar el punto de inflexión también vieron la luz. La humanidad retrocedía, recordaba los pensamientos de los genios de antaño: Steve Job, haz las cosas pensando que en algún momento los puntos se unirán y todo tendrá sentido. Ahora todo tiene sentido: El regreso de la humanidad, yo que me he encargado de aprender a gobernar y a combatir contra la revolución de androides y los investigadores que restablecerán la historia desde el punto en que todo empezó a joderse. Pero nada sabe nada, cada uno hace sus cosas. Fue aquella idea, de aquel discurso magnifico, antes de mi autoexilio, la que los convenció de que el único modo continuar viviendo era haciendo las cosas que nos interesan y nada más.

IV

La península itálica es una ciudad de cien millones de habitantes, de los cuales el diez por ciento son androides de dos millones de neuronas dedicados a construir el rascacielos que uniría la tierra con Júpiter, acuerdo suscrito en el pacto 16 de la unión estelar del oeste. El noventa por ciento eran arañas encargadas de preservar el ambiente de los residuos que emitía la colosal edificación. Quinientos metros debajo de la ciudad se encontraban los restos de los dioses griegos, época de inicios de la civilización humana. Era aquel universo subterráneo el objetivo de la comunidad criogénica. El filósofo Tarso se encargó de detener el proceso de edificación del rascacielos arguyendo la posibilidad de la teletrasnportación, que permitiría los viajes a los distintos planetas de la comunidad ¿Por qué cuantos rascacielos hay que construir para conectarnos con los distintos planetas? ¿A quién se le ocurrió tan ridícula idea? Los caprichos, la simple nada. La idea de controlar el poder de los dioses griegos llenó de ambición a los miembros de la comunidad oeste, cinco humanos con cinco millones de máquinas cada uno, pertenecientes a una comunidad de políticos, desconocidos para todos.

V

Alfa lanzó el grito de éxito y la noticia se expandió. Los políticos del oeste decidieron hacer un pacto con los científicos. El filósofo Tarso. Encargado de los asuntos políticos durante ese siglo se encargó de permitir la asociación y fue de ese modo como se dispusieron  a revivir ya no los humanos ordinarios. Los que murieron eran inútiles, los únicos importantes son lo que quedamos, los que hemos sobrevivido. Entonces lo que debemos hacer es  volver a la vida a los dioses griegos y apropiarnos de esos poderes narrados por Homero y Hesíodo.
Con el ámbito favorable, Alfa y su equipo criogénico comenzaron con su experimento: revivieron a los dioses griegos, revivieron gran parte de una historia desconocida por ellos.

VI

La noticia me llegó. La idea o el objetivo después de aquel gran discurso que logró establecer un orden en medio del caos se desvanecía. Porque ya sabemos que los dioses nacemos cuando el caos se hace presente. Yo soy el dios de la libertad, no tengo otro nombre y me he encargado de darle libertad a todos los vivientes. Me he encargado de darles seguridad: Mientras ellos investigaban o hacían lo que la voluntad les sugiriese, yo combatía contra las amenazas, también hacía lo que me gustaba. Pero las cosas cambiaron, ahora los dioses griegos serían despertados del gran letargo y mi trono corría peligro ¿Qué les faltaba? ¿Es el precio de vivir un mundo donde cada uno hace lo que quiere? ¿Todo está condenado a extinguirse? ¿No hay nada perfecto? Las respuestas no interesan, lo que realmente me interesa ahora es hacer lo que más me agrada gobernar y luchar para demostrar que dios soy yo, que dios es una idea y que esa idea soy yo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Marco Antonio o la historia de infidelidades y prostitución


Cuando su hermano le mostro uno de tus escritos impresos, él se apresuró a eliminarte de la red social, me obligó a hacerlo también. Sí, él es hermano de César, quien estudia contigo en la universidad. Y te propongo que escribamos juntos la historia de infidelidades y prostitución. Luego todo fue silencio, Sergio desapareció hasta unos meses después.

Conocer gente y compartir ideas y estupideces (disculpen la redundancia, por tratarse de mi caso) es más fácil gracias a las redes sociales. Para mí todo es más sencillo y placentero. Gracias a las redes sociales conocí a Beto, mi primera y única Cíber-pareja, a Marco Antonio y a un gran cúmulo de personas poco interesantes de quienes no escribiré y no creo que recuerde menudamente. Hoy deambula por mi mente Marco Antonio y sus labios celestiales. Gracias a esas telarañas puedo estar en contacto con todo el mundo, sin necesidad de moverme de la cama. Todo es sencillo y los encuentros con aquellos desconocidos suelen terminar en alguna cama, con experiencias placenteras y luego con el olvido, son experiencias efímeras, como todo en la sexualidad entre dos hombres. Con Marco Antonio no ocurrió de ese modo.

Era un día de semana o un fin de semana, eso no lo recuerdo. No sé si fue en época de clases o en época de invernación (Vacaciones). No recuerdo quien agregó a quien y tampoco quien empezó la plática. No recuerdo nada de aquellos primeros días, porque ustedes ya saben, las cosas siempre empiezan más o menos de este modo:
  • Hola ¿De dónde? ¿Edad? ¿Opción?

Yo miro la foto y nunca hay foto o las hay a medias o erradas voluntariamente. Miro la información personal y nunca hay nada o las hay a medias o erradas voluntariamente. ¡Rayos un fantasma! (Vivimos en una época donde a la gente le agrada estar detrás de una careta, no se asombren). Regreso a la página donde está mi información personal y veo: Vivo en Lima. No dice mi edad y tampoco cuál  es mi opción.
  • Vivo en Lima. Tengo 20 y en Octubre cumpliré 21 (Siempre tengo 20 años). Soy Moderno. ¿Y tú?, respondo cansado o agobiado por escribir siempre lo mismo. ¿Acaso nadie lee mi publicaciones?

Siempre digo que soy Moderno o Versátil o de vez en cuando pasivo, porque ese es un asunto que no me interesa o irrelevante y porque lo que soy en realidad es: Un haragán que quiere ser escritor y presidente. En la época donde nos ha tocado vivir no es conveniente decir que se es uno de los extremos o para ser más preciso, en Lima: No es conveniente decir que se es activo. Ello es mentira o una verdad a medias y si hay excepciones no he tenido el honor de conocerlas. Los que me dicen soy pasivo son con toda certeza pasivos; los que me dicen soy moderno son con certeza pasivos; y los que me dicen soy activo, son toda certeza  pasivos o, en el mejor de los casos modernos. Existen muchas personas que sienten vergüenza por su condición de homosexuales y más aún de su opción dentro de ese grupo. Y hay personas que consideran este intercambio de secreciones corporales, como un buen negocio y créanme no les debe ir mal.
  • Soy activo, tengo 19 años, mido 1.73 …

No leo todo lo que sigue, eso es predecible: Cuando no vemos. Cualquier día. Tienes sitio. No. Te parece bien este fin de semana. Me parece Genial. A las tres de la tarde. Perfecto. Dame tu celular. No tengo, dame el tuyo yo te llamo. Listo. Y como no hay foto o nada interesante generalmente me tomo la molestia de mandarlos a leer mi blog o me limito a responder simplemente: Entiendo. Entiendo. Entiendo.

A las personas a las que se puede conocer mediante las redes sociales, si se tiene el grupo de amigos que tengo, son todas poco o nada interesantes: O viven en Los olivos, San Martín de Porres o alrededores; o son personas que viven en Ate, San Luis o alrededores. Nada interesante, ni intelectual, ni físicamente, así que por lo general lo más conveniente es quedarse a dormir o de vez en cuando ir a conocer a algunos, sencillamente porque tengo que conocer a los tipos homosexuales, para escribir. Y a los dos o tres tipos que me interesan de verdad, son personas que no están interesadas en mí. Y dudo que con Marco Antonio haya ocurrido de ese modo.

martes, 31 de julio de 2012

"Los Hombres de mi Vida: Beto" (Primera Parte)


Sin embargo cuando alguien me gusta de verdad, me vuelvo pequeño, tímido y eso lo descubrí cuando te conocí. Al parecer eran días de vacaciones. Tú gestionabas el traslado de la universidad católica de Lambayeque hacia la universidad Señor de Sipán,  yo estudiaba en la César Vallejo de Lima. Había posibilidades de que vengas a estudiar a Lima pero eran posibilidades vagas, el que estudiases en Lima era un golpe de suerte, tanto como lo fue el haberte conocido. Recuerdo que las veces que hablábamos planeábamos el futuro, yo gobernaría el Perú y tú te encargarías de garantizar que nadie me meta a la cárcel por los delitos que iba a cometer: Ya sabemos que en el Perú todo lo bueno es considerado delito. Yo no necesariamente estudiaba ciencias políticas (sería ingeniero) y tú si te preparabas para ser abogado.

Por aquellos días me preguntaba ¿Por qué jamás conocí a un chico al  que le gustasen los chicos mientras vivía en Ferreñafe, a excepción de los ya nombrados e insoportables físicamente? Me preguntaba muchas cosas y me dedicaba a colocar en los buscadores “Chico busca chico”. Quería conocer gente y las redes sociales eran una buena opción. Me preguntaba muchas cosas y no tenía el carácter suficiente para decirle al mundo “Me gustan los hombres”, aún vivía arrinconado/encarcelado por las normas impuestas en la sociedad peruana, una sociedad en decadencia.

Buscaba, perdía el tiempo, me preparaba en una academia para postular a la universidad nacional de ingeniería y ser el mejor ingeniero del Perú, sólo para complacer a mi abuela que ya había muerto. Ya luego me dedicaría a ser político. Entre los resultados de las tantas búsquedas, en los ratos de ocio que era casi todo el tiempo, entre fotos de hombres desnudos, feos, mostrando sus genitales, mostrando un ano horadado o simplemente pidiendo dinero para complacer sexualmente a quien lo requiera, te encontré, con un correo que ya no usabas. Nos empezamos a conocer, intercambiamos lo cotidiano (nombre, edad, opción y otras cosas más) y  pediste que agregue  tu  correo. Ese día me enamoré de ti a primera vista, o acaso porque eras el primer hombre al que le gustaban los hombres que conocía, de mi edad y de mi agrado; y empecé a escribirte, empecé a mostrar mis pocas habilidades como conquistador, descubrí que había muchas cosas que me salían bien, pero definitivamente conquistar y conseguir pareja no estaban en la lista. Y te escribí el primer mensaje en mayúsculas y en letras rojas:

HOLA AMIGO, SUPONGO QUE ESTAS BIEN, ESTUVE PENSANDO QUE ERES EXTRAORDINARIO Y CASI PERFECTO, NUNCA TUVE LA OPORTUNIDAD DE CONOCER ALGUIEN (AUNQUE SEA TAN LEJANO) QUE ME CAUSE TAL IMPRESION. QUIERO CONTARTE QUE TARDE MEDIA HORA EN ESCRIBIR ESTAS DOS LINEAS. NO SE POR QUE ES DIFICIL TRATAR DE DECIRTE ALGO, EN MI MENTE HAS ENTRADO COMO UN SER PERFECTO Y SIENTO QUE ERES CASI INALCANSABLE. SE QUE SEREMOS BUENOS AMIGOS, AHORA ME GUSTAS BASTANTE  Y SI ESTUVIERAS CERCA HARIA LO QUE SEA PARA ESTAR CONTIGO, PERO SUPONGO QUE CON EL TIEMPO APRENDERE A AMARTE COMO AMIGO. 
NO ESCRIBO MAS PARA NO ABURRIRTE, SOBRE TODO POR QUE NO SE HACER DIVERTIDOS LOS E-MAIL CON LAS JERGAS QUE UTILIZA LA MAYORIA, PERO PRONTO LAS APRENDERE (NO CONOSCO MUCHO DE ESO POR LA EDUCACION TAN ESTRICTA QUE ME IMPARTIERON), PERO PRONTO LO ARREGLARE. 
 NECESITO QUE RESPONDAS ESTE MENSAJE CON LO QUE SEA, POR FAVOR ES MUY IMPORTANTE PARA MI.

domingo, 29 de julio de 2012

La gran catástrofe


Esa cara no me agrada, pero definitivamente soy yo

He pasado gran parte de mi vida predicando que lo que único importante y que lo ideal para vivir feliz en este mundo, en este país que es el único que conozco y a medias, es olvidarnos de todo lo irrelevante, de la torpeza de los conductores de televisión, de las matanzas rutinarias que nos explican cuando despertamos temprano y prendemos el televisor, de las personas que sólo pierden el tiempo odiándonos o persiguiéndonos para conseguir algún beneficio personal o sexual; es ponernos a dormir.

El dormir siempre suele ser mejor que todas esas cosas, el dormir nos permite pensar en nosotros mismos, nos permite pensar en el insecto que camina por el techo blanco sin saber qué hacer, y también nos permite reflexionar sobre lo que debemos hacer con nuestras vidas, si la única vida que conocemos, en nuestra familia, en la televisión, en la universidad y en nuestro círculo de amigos; es una vida que sólo nos va a permitir ser un pedazo de mierda en todo ese conjunto que se forma día a día, cuando nuestros compatriotas fecundan hijos como si fuesen cuyes o cuando nuestros compatriotas o vecinos cercanos se dedican a asistir a eventos miserables/ridículos de personas que quieren ser famosas mostrando los genitales o saliendo a pasear con hombres voluminosos/grasosos llenos del dinero que les obsequiamos después de largas semanas de trabajo duro al prender el televisor o al asistir a esos espectáculos donde se burlan de la condición miserables de los espectadores, de nosotros.

La vida que conozco es está. No odio la vida de los demás, no me interesa el modo como cada uno despilfarra el dinero o no me interesa como cada uno elige el mejor modo divertirse y llegar a  viejo como sus antepasados, jodidos y creyendo que los que vienen después podrán arreglar lo que ellos no están dispuestos a hacer. Tampoco pienso que este sea un país jodido y sin solución, porque todo tiene solución, lo único que se debe hacer es escribir una novela y arreglar todo lo que no nos agrada, de ese modo podemos tener el paraíso que soñamos. Esa es la razón por la que he elegido dormir y por la que seguiré durmiendo durante algún tiempo, pienso que es mejor escribir y visionar lo que quiero para mi país en el techo de mi alcoba, con el olor a bebé que mi madre deja impregnada en las sábanas y almohadas cada vez que las lava. En el techo de mi habitación puedo observar la vida de un insecto que cada noche camina de un lado a otro buscando quizá el mejor camino de salir de dicha pared blanca que puede parecerle el universo infinito que nosotros nunca lograremos entender ni conocer. La vida de ese insecto, me resulta curiosa, me resulta interesante, tal como lo eran la vida de las gallinas de la casa de mi hermano mayor en la época en la que decidí irme de mi casa porque ya no soportaba que me contralasen demasiado.

Los hombres de mi vida: Manuel

Las noches en la plaza de armas de Ferreñafe son tranquilas. La bancas suelen estar vacías, las hojas del algarrobo caen como bailando tonadas sobre las bancas y el suelo de losetas cuadriculadas. Algunas personas caminan a lo lejos y desde cualquier ángulo se pueden observar casonas antiguas, residuos de la época colonial.  En la esquina opuesta a la Catedral y frente al antiguo cine, al que nunca tuve oportunidad de ir, nos encontrábamos Manuel y yo, en una banca, platicando sobre mi sexualidad.

Manuel tenía alrededor de 30 años, yo por lo menos 18, y nos conocimos en un grupo de jóvenes que cantábamos y hablábamos de Dios, guiados además por una monjita bastante desfasada. Nos hicimos amigos, ambos compartíamos el gusto por la lectura de libros de filosofía. Él estudiaba filosofía y yo aún permanecía en quinto de secundaria. Por aquel tiempo me dedicaba a leer “El mundo de Sofía”. Con Manuel platicábamos horas de horas sobre cosas que no recuerdo, pero que al parecer eran más interesantes que las pérdidas de tiempo en las redes sociales o que los pensamientos vanos en personas que siempre están lejos y no tienen el mínimo interés en recordarnos. La amistad con Manuel se extendió un poco más, debido a que fue a hacer prácticas o presentaciones al colegio en donde estudiábamos, yo y algunos tipos que ya deben ser padres o deben estar embriagándose a estas horas de la noche, ya sabemos que es gente casi nunca tiene otra cosa que hacer u otra cosa en que pensar. Posteriormente Manuel fue mi catequista y me permitió confirmarme en la fe católica a pesar de no asistir a esas charlas aburridas/prehistóricas sobre Dios, los santos, la biblia y otras cosas que no se pueden mencionar en los discursos políticos; porque ya sabemos que lo que le interesa a la gente es saber que va a comer el día que viene.
  • Eres un chico inteligente, tú no necesitas estas charlas – me dijo Manuel.

Por aquel tiempo yo también vivía pensando que era un chico inteligente y era justificado por que he sido primer puesto en el colegio, me he dado el lujo de no desaprobar ni un curso y en el peor de los casos sólo he desaprobado una práctica de multiplicaciones, porque me desagrada en exceso estar multiplicando y sumando  y restando, es mejor dividir las cosas para que otros las hagan y ponerme a dormir. Pienso que una de mis habilidades es dividir el trabajo, dormir y luego exponer lo que otros han hecho, porque casi siempre tengo nociones sobre lo que piensa o lo que hará cada persona de mi equipo.

Con el grupo juvenil, con Manuel, pudimos ir a algunos retiros, fuimos a algunos eventos. El me prestaba sus libros de filosofía, de la universidad de Navarra, yo los leía y alguna vez perdí uno de esos libros, sólo que él no lo sabe o nunca lo sabrá.  Hablábamos de todo, era mi buen amigo, mi único amigo y ese momento, como al comienzo de la historia, nos encontrábamos sentados en esa banca vieja, frente al cine viejo. Mirando intrusos que se besaban como si fuese un espectáculo público o si a los demás les interesase es abominable intercambio de saliva.
  •  Ahora que estamos solos, cuéntame sobre tu opción sexual – Me dijo Manuel

Recuerdo haberle dado muchas vueltas al tema. Le conté como ocurrió la relación con amigo cercano a ambos. Le conté la atracción y la relación enfermiza y de tres años que llevaba con un miembro cercano de mi familia. Pero a esa edad me resultaba complicado decirle: “Me gustan los chicos”.  Ya sabía que ser homosexual no era en ningún caso un pecado ni una enfermedad, sabía que era una probabilidad genética y en el mejor de los casos, una decisión personal; pero aun así era complicado decirle soy Homosexual, era un asunto de pudor, de moral, eran los rezagos de la formación que recibí de mis padres, de mis abuelos y del ambiente autoritario y conservador en el fui criado.

Manuel me ayudo en cierta medida a aprender a decir las cosas como tenían que decirse. No había problema con lo que piensen los demás, no debía tener problema por nada de ello, no había problema psicológico, genético, cultural, no existía ninguno de esos escenarios o todo eran estereotipos de gente que no había leído un carajo sobre nada; en estos asuntos lo único válido es el libre albedrío y el compromiso de dejar que cada uno tenga la libertad de amar el cuerpo, las formas, las palabras o las perversiones que le resulten excitantes.  Aquel día empecé a pensar como pienso ahora, sólo que un poco más rudimentario. En cambio ahora ya puedo decir cualquier improperio sin necesidad de sentir temor o vergüenza o sin tener que preocuparme por lo que piensen los demás, porque es natural que todos piensen, es natural que todos vivan la estupidez (en mayor o menor grado) del modo en el que les cause el mayor grado de felicidad.

El problema de la ciudad en la que vivimos Manuel y yo durante 18 años de nuestras vidas (recordemos que Manuel ha pasado gran parte de su vida en un seminario y fuera de Ferreñafe) es que todos se espantan y hacen escarnio de los están dispuestos a amar a un hombre con buen cuerpo y con buenas ideas, pero aquellos son los que probablemente satisfacen sus placeres mundanos después de unos tragos, en las cantinas de mala muerte donde toman chicha de jora y luego terminan matándose, terminan en una pobre relación efímera que luego quieren olvidar porque son hombres, machos o simplemente un grupo de cojonudos que no conocen lo complejo de la sexualidad humana. Esa sociedad, la de la doble fe, la de la doble cara, es la ciudad en la que he vivido y en la no he tolerado vivir porque yo he elegido toda la mierda que se pueda, toda la mierda de la humidad junta, pero lo que no elegiría en ninguno de los casos es mostrar al mundo, a los trogloditas, algo que no soy o algo que no me gusta o no me interesa ser. Siempre es mejor decir, soy un perro cabrón y no me interesa la muerte de los demás, ni las ideas de los demás , todo me da igual, porque el dormir siempre es más importante que muerte y que las ideas de las personas que no han estudiado o que no han debatido o que simplemente escupen reflexiones después de ver retazos de realidades en la televisión, o reflexiones de tipos borrachos en cantinas o en prostíbulos que son los genios de nuestra época; prefiero decir “me parece natural que la gente se nuera o se mate” a decir sentido pésame, cuando lo único que siento son las ganas de tirarme a la cama a dormir o acostarme con algún tipo agradable y olvidarme de todo, porque la gente ya está bastante grande como para que enfrente sus problemas o si no ya lo dejo claro el genio Darwin “En este mundo solo sobrevive el más fuerte” (La selección natural) Mandemos al carajo a la caridad, ese es un trabajo para Dios y nuestra imperfección nos recuerda que esa no es nuestra condición, al menos no la de ustedes.

Manuel me ha acompañado en estos momentos de confusión, él estuvo cuando mi abuela murió y cuando caí en una gran depresión que pudo consumir mi vida. Él es mi mejor amigo, mi hermano, mi padre, hemos hablado sobre él, sobre mí, sobre el grupo, hemos razonado (o probablemente se aburría escuchándome hablar cojudeces) y me ha invitado a jugar Ageo of Empires, en su máquina. Ese juego de estrategia al que fui adicto durante mucho tiempo.

Por aquellos momentos de juegos, de idas y venidas a su casa, el procuró besarme, me regaló generosamente algunos placeres mientras jugaba y yo me hacía el loco frente a la computadora. Y nunca supe que pensó el Buen Manuel sobré mí, pero  yo simplemente trataba de no pensar, Manuel era mi amigo, me agradaba amigo y sólo eso, para la amistad y la sexualidad ya sabemos que Tomas es el genio que siempre estuve buscando; recordemos o entendamos que  a los hermanos o a las personas que aprecio como hermanos o amigos no puedo poseerlos sexualmente (porque no me agradan físicamente o porque son demasiado buenos como para prostituir lo ganado en mucho tiempo). Rechace la propuesta, me iba y pensaba en el modo de decirle ¡Basta somos amigos! Somos amigos y es lo que quiero hasta que tú mueras o yo lo haga. Pero nunca tuve el valor de hacerlo, siempre he sido cobarde o torpe para detener una relación cuando no la deseo. Y las cosas continuaron un tiempo más.

Ahora puedo elegir meticulosamente con quien me acuesto y con quien no,  y todo resulta sencillo porque no me interesa estar con nadie, ni acostarme con nadie. Nunca hay nadie interesante y cuando aparece me mandan al carajo de un modo sutil o simplemente con la indiferencia: En cualquiera de los casos lo tolero, siempre es mejor lo primero a estar ilusionándome con cojudeces.

La vida con Manuel siempre ha sido buena, somos amigos, nos comunicamos de rato en rato. Él no puede aparecer en ningún lado porque en el Perú a las personas se les acusa de algo y la única posibilidad que queda es largarse de un país de mierda que espanta a los mejores amigos.

Manuel es uno de los mejores amigos y hombres en mi vida, sé que estará cuando lo necesite y nunca me dirá: “Hoy no tengo tiempo para ti” Él es uno de los que forma ese espíritu que me recuerda que si Tomás me manda al carajo, aún quedan razones para ser presidente, gobernar y al final cuando ya no quede ninguno de los oportunistas, podré ir a tomar con él (pero nada sexual) y recordar que todo tiempo pasado fue mejor.

miércoles, 25 de julio de 2012

Al chico de sonrisa seria


Me gustan tus palabras, el color de tu piel, tu sistema de pensamientos, la sonrisa detrás de la copa, tu gusto por la tecnología,  y la indiferencia que tienes sobre lo irrelevante.

He tratado durante dos días de escribir una carta o poema que describa lo extraordinario que eres, pero siempre las palabras han sido esquivas, siempre he terminado escribiendo varias hojas llenas de palabras cursis/abominables y he vuelto a empezar. No es novedad el saber que no pueda expresar emociones humanas, pero esta vez intenté que fuera distinto, esta vez intenté agradarte. Es obvio que fracasé. Y como he fracasado sólo me resigno a escribir un intento de poema, carta o historia que te haga saber lo importante que eres para mí, desde que te conocí más allá de esas paredes sucias pintadas de azul.

Aquella tarde sabía cómo llegarías. Sabía que estarías con camisa y pantalón de vestir. Te recordaba de tiempos pasados. Lo que no sabía era que aquella tarde pudiese impactarme tu sonrisa seria, tus palabras de niño maduro que rara vez recuerdo, y la fragancias que no llevabas. Esa tarde con neblina y con gente fea deambulado por los alrededores te conocí por primera vez y decidí que yo y la humanidad deberían venerarte como se venera  a los arcángeles y a los ángeles.  Asumía que te desagradaría la idea de ser Dios, porque Dios no se toma el trabajo de formar comunidades, ni de ayudar a la gente; a Dios no le interesan esas cosas, ni la tecnología,  porque Dios sólo vive en algunos cerebros atolondrados; en cambio tú, eres hermoso como los arcángeles y ángeles, tú eres real.

Eres la última persona en la que pensé fijarme. En el ranking de personas que conozco y a las que elegiría para perder el tiempo pensando cuando no tenga nada que hacer, tú estabas al final, si acaso no existías. Nunca fuiste tú. Pero aquella tarde mientras hablábamos, mientras te observa mover los labios, descubrí que eras superior a mí y a la mayoría de humanos que conozco (no todos, porque hay personas que conozco y nos superan por millones años luz), me contaste tus ambiciones o metas y pensé, que agradable tipo. Pensé “Creo que lo que él hace es mejor que dormir”. Recordé que la vida es más interesante que el dormir y que si había una razón para  despertar y materializar lo que pienso, aquello era tu sonrisa seria y tu rostro angelical.

No puedo decir que está es la primera vez que me interesa alguien de verdad, tampoco puedo decir que esta es la última vez que me interesaré por alguien. Ya he aprendido que ninguno de los escenarios es cierto. Lo que sí puedo asegurar es que nunca he tenido éxito con las personas que me interesan de verdad, porque soy torpe o porque cualquier intento de acercamiento resulta convirtiéndose en un proyectil de destroza todo lo conseguido. Esa es una de las razones por las que me he resignado a vivir en mi cama pensado y escribiendo todo lo que pienso y lo que no pienso. Porque mis pensamientos no dependen de las decisiones de otros, yo soy dios, por lo tanto sólo vivo en los mamotretos que deambulan por algún lado, condenados al olvido.

Ya no tengo palabras o no sé qué escribir, lo único que quiero es que sepas que me gustas  en exceso y que pienso en ti más de lo supuse. No es un sentimiento lujurioso, es sencillamente que te admiro y que tu presencia me hace sentir bien. Quisiera que en el peor de los casos seamos buenos amigos, quiero en el peor de los casos cumplir con lo prometido; quiero en el mejor de los casos pensar que los sábados cuando te escucho cantar son geniales, quiero en el mejor de los casos  pensar que los domingos cuando razonas y deduces que tu hermana es más inteligente que yo, son excitantes. Finalmente quiero decir que sería buena idea platicar contigo. Te extraño.

jueves, 12 de julio de 2012

Sospecho


Sospecho que éste va a ser un año de grandes logros. Durante los últimos cuatro meses he demostrado que puedo ser y hacer algunas cosas que no podía o que no había pensado (y que por eso no podía) hace algunos años, cuando era joven o cuando era inteligente. Este año logré despertar media hora antes para terminar con el trabajo pendiente. Pude dejar de imaginar las historias en la techo de la habitación desordenada para escribir y publicar. Este año he vivido o he sido partícipe o me han contado muchas historias que pronto serán novelas. Y también he madurado literariamente. Pienso que ya puedo dejar de escribir sobre la homosexualidad o sobre sexo o sobre mí, porque La gente ya sabe mucho sobre todo ello. Y a pesar de que lo sabe sigue siendo homofóbica, sigue teniendo sexo o siguen  pensando lo peor de mí, claro que nunca piensan tan mal que como yo lo hago.

Este año he recordado que hay algunas cosas que puedo hacer mejor, que hay profesores con los me debo enfrentar – que no son sabios, sólo es cuestión de dormir cinco minutos menos – para demostrar algunas habilidades que ni yo sé cuáles puedan ser.  En este corto tiempo me he demostrado que yo soy más que mi sexualidad y así debería ser con todos.

Este año he descubierto que quiero ser presidente, ganar el nobel y también quiero que la humanidad me construya una estatua y me venere  algunos años; pero también quiero ver crecer a mi sobrina, salir a comer con algún chico interesante – sólo comer o beber – y disfrutar de cualquier cosa, ir a visitar a esos amigos que no conozco pero que son geniales, conocer al hijo de Juan, saludar a mi papá, engreír a mamá en algunas cosas, regresar a Ferreñafe a ponerle rosas rojas a mi abuela, visitar el campo y subir al tercer piso de la casa vieja para recordar los momentos de infancia en los que fui feliz con grandes cuotas de tristeza.

En resumen este año está lleno de múltiples sospechas, espero levantarme pronto de la cama y si alguien me ayuda – como cuando pequeño – a recordarme diariamente todo  lo que quiero o debo hacer, no duden que seré un dios.

domingo, 24 de junio de 2012

Recuerdo afeminado de la secundaria


El primer año de secundaria fue año en el que descubrí que las personas afeminadas no tendrían futuro en esa ciudad. Santamaría era un chico pequeño, con sonrisa y modales de señorita, no era un chico brillante, más bien era una persona acostumbrada a defenderse de todos aquellos que aprovechaban las horas de clases para burlarse, manosearlo y abrumarlo con frases obscenas. Estábamos en el año 2000, dos milenios después del nacimiento de Cristo y la sociedad en la que vivía aún no era libre, era más bien una ciudad llena de prejuicios, una escuela poseída por un grupo de humanos, hijos de personas que probablemente lo único que sabían era trabajar en el campo por las mañanas y emborracharse los fines de semana, en las cantinas de la avenida Tacna, con chicha de jora. Gustavo acudía con frecuencia a las cantinas a pedirle dinero a su padre y yo pensaba que probablemente podría acostarme con su padre, borracho. No supe nada de Santamaría, hasta ahora; y Gustavo fue uno de mis mejores amigos y quizá algo más.

A ningún tipo afeminado le fue bien en ese colegio, existía una especie de odio a esos bichos raros que no se atrevían a lanzar piropos y frases obscenas (disculpen la redundancia) a las señoritas, que a la hora de la salida coqueteaban con algún mototaxista para que les  haga el favor de llevarlas a casa, sin cobrarles. Yo escapé de los abusos, primero porque era policía escolar y segundo por mi temperamento complicado. Pero sospecho que esos cabrones pensaban: Cualquier día le saco la mierda a ese cabro.

Por aquella época, los auxiliares se creían una especie de mesías, sobre todo Gelimer,  un tipo alto, que hacía alarde por ser considerado ejemplo de vida, quien sin embargo se acostaba con algunas mujeres de frente al parque San Juan Bosco, porque su esposa estaba imposibilitada para el coito y para tener hijos. En esa ciudad no hay nadie respetable, no lo son ni los sacerdotes, ni los docentes, nadie lo es; y si hay algo en que debemos tener una doble fe ciega es que Ferreñafe es una ciudad hipócrita. Gelimer no escapaba a esta definición y alguna tarde en clases se lo hice saber, a mi estilo, lacerando todo lo que se encuentra en el camino de mis palabras.

Hubo un evento importante  en tercero de secundaria, la época en la que me enseñaba el profesor Nerio, quien enseña química, un hijo de mil putas que cobraba para aprobar a los tipos delincuenciales, que alguna vez rociaron semen sobre el cabello de una profesora de inglés, de quien no supe más después del incidente. Me contaron unos días después que la profesora se había acostado con un negrito, bastante agradable, que a modo de juego, sobaba con su mano mis genitales, mientras esperábamos a que abriesen la puerta del salón (siempre llegábamos temprano), finalmente la profesora  renunció. Todo ocurrió en un baño, al lado de las escaleras que llevaban al segundo piso, donde se ubicaba la dirección, en el pabellón desde donde dirigían las formaciones. El protagonista era un auxiliar viejito, a simple vista homofóbico, de los más respetables, el de más autoridad, tenía las llaves de todos los baños, que sólo se habrían a la hora del recreo, y a quien debíamos pedírselas prestadas  cuando se tenía una urgencia. Ya sabemos que en una tierra asfixiada por el exceso fe la gente vive de los chimes; la lectura y la investigación, les importa un carajo. Basta con regalarles un mototaxi o invitarlos a formar parte de un grupo parroquial para que sientan que son personas exitosas: o bien conquistando a las chicas a la hora de salida o bien hablando de Dios y cantando como locas – como Pedro Pablo – mientras  se acuestan con los sacerdotes, monjas o con algunos de sus pupilos. La felicidad de la que habla la Biblia sólo se encuentra en las relaciones sexuales. Y eso lo tenía claro el viejito, el auxiliar de las llaves de los baños, a quien aquella tarde lo encontraron penetrando a un chiquillo afeminado. Nunca se supo si fue una violación o si fue algo consentido, pero lo que sí se supo es que el auxiliar fue a la cárcel y cuando regreso agachaba la cabeza al pasar: Nunca más fue la persona respetable que fingía ser. Nadie es respetable ¡Dejen de creer en supersticiones! 

domingo, 17 de junio de 2012

Adriano Juárez vs Iván Pérez: La riña de un dinosaurio contra un dios


Siempre hay personas que nos caen mal, y en general, no son sólo las personas las que nos joden el día que debería ser bueno, también hay comidas que nos caen mal, música que nos desagrada, cursos abominables, días soleados, un dinosaurio o simplemente la cucaracha que no pudimos matar aquella noche mientras admirábamos la belleza del suelo, en la alcoba. Todo aquello que nos revuelve el estómago siempre está presente y aunque nunca es tan importante, siempre existe algo en nosotros, como el recuerdo de que alguna vez fuimos primates, que nos obliga a pensar en lo irrelevante, en lo que nunca debió existir, en aquellos que nos joden el día y siempre nos caen como patada imaginaria en los testículos.

También hay personas que tienen la estupenda cualidad de generar malestar social y no son pocos, y generalmente son  gorditos. No tengo nada en contra de los gorditos porque sospecho que dentro de poco  también seré gordo, pero por lo menos no seré un gordito anclado en ideas medievales, por lo menos procuraré ser un gordito que duerme (para volverse más gordo), un gordo liberal y no dinosaurio.

Iván Pérez es de aquellos tipos, que les jode la vida a los demás, aquellos que todos ven como dinosaurio con cara de sapo, que no sabe otra cosa aparte de la metodología RUP. Es un profesor del que todos rajan y al que nadie dice nada, porque son cobardes o porque simplemente los dinosaurios y los sapos aún son más poderosos que los humanoides. Todos aquellos ex alumnos de Iván Pérez, el profesor con cuerpo de dinosaurio y cara de sapo, resumen sus cualidades en cinco frases:
  • Le falta que se meta un curso de actualización.
  • Lea menos diapositivas.
  • Se pare en la pizarra y explique y no se quede sentado como una madre.
  • Le falta Aceptar "me equivoqué".... Actualizarse... entender que la época de sólo programar de un ingeniero de sistemas ya pasó... No exigir ética si él no la práctica no se baje los ejercicios de laboratorio y clase de Internet... Un mea culpa de cuál es su aporte a la ingeniería de sistemas.
  • Dejar de pensar y decir que RUP lo es todo.

Iván Pérez es profesor en la universidad de los que quieren salir adelante y Adriano Juárez es un estudiante al que no le interesa salir adelante. Porque las personas cautelosas sabemos que hay situaciones en las que debemos quedarnos en el mismo lugar. Porque a veces ir hacia adelante y sobre todo acercarse a debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda lo oscura que fue la vida en la edad media donde se creía que sólo los dinosauros con cara de sapo tenían derecho a decretar lo que se debía y lo que no se debía hacer. Porque a veces ir hacia adelante y debatir con Iván Pérez es un ejercicio que nos recuerda que si el Perú es un país jodido es porque existe gente como él, que se rehúsa a aceptar el libre albedrío, que se rehúsa a aceptar las opiniones de los demás. En resumen Iván Pérez es un profesor desactualizado – en conocimientos e ideología – y es un profesor que tiene como una única arma de ataque a todo lo que se le dice: “Yo soy el profesor y yo doy las órdenes”.

No se confunda Iván Pérez. Usted es profesor, pero usted no da las órdenes, usted sólo da sugerencias. Ya cada uno verá como encamina su formación. Y si quiere tener autoridad esa no es la mejor manera. Si quiere tener autoridad y quiere que las futuras generaciones recuerden que los dinosauros fueron más que animales con cuerpo grande y cerebro pequeño, demuestre que su estilo de vida es digno de ser imitado.

domingo, 3 de junio de 2012

Profesores y compañeros de la universidad


León Tolstoi no se equivocó cuando propuso que todo lo escrito, producto de la exploración de la sociedad, es solamente “La comedia humana”


UNO:
Jabo nació hace doce años, en una de las aulas del colegio “Santa Lucía” de Ferreñafe. Yo acababa de empezar primero de secundaria y tuve el buen gusto de formar parte de un grupo de escritores de cuentos. El grupo era dirigido por el profesor Beder Bocanegra, un excelente profesor de Lengua y Literatura,  quien nos reunía todos los sábados por la mañana. Yo y mi compañera escribíamos “La chacra de Laquipampa”.  Por supuesto que Jabo no siempre fue Jabo, a esa edad  ya tenía la mala costumbre de colocarles nombres y apellidos reales a mis personajes. Jabo al comienzo se llamó Javier Bocanegra y así se llamó durante toda la redacción. Casi a finales del año cuando se publicó el libro de cuentos “Aprender Escribiendo”, me leí por primera vez y descubrí que Javier Bocanegra se había transformado en Jabo; y las palabras de Beder aún deambulan por mi mente: “Es mejor no hacer referencias exactas de personas en lo que se escribe”. El libro de cuentos está guardado en algún lugar, en Ferreñafe; y el profesor Beder  es catedrático de la UNPRG, y forma parte de mafia que quiere permanecer en el poder político de dicha universidad.

DOS:
Mi nombre es Jabo y estudio en la universidad de los que quieren salir adelante. Estudio allí desde el tercer ciclo, estudio ingeniería de sistemas y aunque no me interesa ser ingeniero y no quiero salir adelante, si quiero terminar la carrera para que mi abuela vea cumplido su sueño, el  de que todos sus hijos y nietos sean ingenieros. Este es quizá el sacrificio más grande que haré en mi vida y mientras dura el camino tendré en buen gusto de observar el comportamiento de mis compañeros y profesores, y aunque está demás decirlo, tienen una vida digna de ser contada, llevan una vida cómica, una excelente comedia, una comedia gratuita de la que inconscientemente forman parte y de la que nunca serán conscientes.

TRES:
Los primeros días en la universidad fueron como los días del colegio, yo era un tipo bastante cojudo al que le gustaba hacer las tareas y sacaba buenas notas. Fue quizá el mejor ciclo de todos. Recuerdo que ese año formé grupo de trabajos con personas tan o más cojudas que yo, sólo que ellos eran cojudos conocidos y yo no. Yo no conocía a nadie y siendo sincero no me interesaba conocer a nadie. Por aquel tiempo ya sabía que era un hombre al que le gustaban los hombres y también descubrí que en mi facultad o en mi salón no había ningún hombre con el que fuese placentero salir o aunque sea platicar, digamos que visto desde un ángulo sexual, el tercer ciclo fue ciclo académicamente bueno y sexualmente repugnante, ¡Que fea era la gente con la que me tocó estudiar ¡ Pero por aquella época, aún creía que Dios se tomaba cierto tiempo para ayudarme a ser feliz – y quizá así lo fue – y fue en aquel confuso momento de estupidez en el que conocí a Cristhian. Lo conocí, lo saludé, era joven, interesante, mirada y sonrisa agradables; porque seamos honestos, él era Cristhian y me gustaba. Nunca estudió conmigo y cuando nos tocó llevar cursos juntos, no la pasamos bien. Luego escribí, él me quiso romper la cara y ahora, sospecho, somos poco menos que compañeros. A pesar de todo Cristhian me cae bien, es un tipo chévere. Sus amigos bromean: “Le apesta la poronga”, “Es un cerdo”. Yo no bromeo y  ahora que ha pasado algo de tiempo pienso que sería bueno que el joven de mirada y sonrisa interesantes, y al que le apesta la poronga y al que sus amigos califican como cerdo, sea mi amigo. Y sería bueno volverlo a saludar como aquella primera vez en la que me gustó el calor de sus manos.

CUATRO:
En ese ciclo tuve amigos, pero no recuerdo a ninguno. Lo que recuerdo es que el último día de clases un tipo con cuerpo de hipopótamo se me acercó y  pidió mi correo electrónico y me propuso que el próximo ciclo nos matriculásemos en el mismo salón. Yo no recordé nada de lo que me dijo, pero es probable que en ese momento haya pensado: “Es amigo de Cristhian y sería bueno que también sea mi amigo”. Ese tipo con cuerpo de hipopótamo que se me acercó aquella mañana, la de último día de clases es “El buen Juancho”, uno de mis mejores amigos. Soy pésimo para demostrar afecto, ya sabemos que los libros no se dedican a ese tipo de cosas banales, pero lo importante es que él sepa que es gran amigo y si bien nunca estoy y nunca estaré cuando me necesite, siempre será una persona importante en mi vida y sé que cuando esté sólo y necesite una gran barriga que sostenga mi cabeza caída, siempre estaré él.

CINCO:
Percy bravo, es un profesor. Es un tipo petizo, no tomo como referencia mi estatura sino la de mi hermano,  y desde la perspectiva de mi hermano debe ser un tipo cojudo; pero yo pienso que es tipo genial. Es un tipo que sabe mucho y sabe cómo llegar a los cerebros atolondrados de mis compañeros. Lo más interesante de Percy es la muletilla que usa para terminar sus razonamientos: “Caótico ¿No?”. Percy, la vida humana es caótica, ya lo dijeron nuestros antepasados “el ser humano es malo por naturaleza”. Percy me cae bien, es un petizo inteligente y con estilo, la muletilla cae bien y permite que algunos cerebros atrofiados tengan cierta admiración, su estilo se compara con el genial y excitante tartamudeo de PPK al hablar. Quisiera proponerle al profesor de Auditoría de Sistemas, que me permita formar parte del grupo de investigación del que habló la otra vez en clases porque tengo cierta habilidad para ello, al menos eso me han hecho creer algunos amigos sacerdotes, pero se lo propondré después de la siesta, al menos que el espíritu santo venga con la noticia antes del amanecer.

sábado, 26 de mayo de 2012

Siete consejos para ser menos infeliz


Coetzee: “La gente feliz no es interesante. Es mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena”
UNO:

Nunca empieces una plática recordando lo que hablamos o hicimos ayer, al menos que el ayer sea un evento ocurrido antes de los dieciocho años. Antes de los dieciocho años solía tener una mente lúcida/traicionera, antes de los dieciocho años lo recordaba todo y cada uno de aquellos días, vienen a mi mente como los golpes que mi madre propiciaba a las ratas que invadían la casa y que el gato no se atrevía a matar (era un gato admirable, era admirable la voluntad empeñosa que tenía por dejar de ser gato), acaso también como los martillazos que mi padre repartía entre los fierros oxidados de los carros que arreglaba, aquellos días los recuerdo, en resumen, como días llenos de infelicidad, de sufrimiento en la alcoba de mi abuelo fallecido, entre las estampitas, los santos de yeso y los libros. Después de los dieciocho años me he vuelto menos inteligente pero más prudente, después de los dieciocho años no recuerdo nada de lo que hago o digo, y cuando lo recuerdo es por la exclusiva razón de escribirlo y luego de escribirlo no recuerdo el suceso ni lo escrito.

DOS:

Si me vas a invitar a salir tienes que saber que rechazaré la invitación si es que las condiciones climatológicas no son propicias para la felicidad. Me importa un carajo el quien seas o el que quieras, lo primordial es el clima. Me agradan las tardes después de las seis, con el cielo nublado/gris, con neblina si es posible. Me agradan esas tardes grises después de la seis con neblina porque me recuerdan los domingos en los que me quedaba solo en casa, a hablar con las aves o con el aire o con una  rama de árbol (báculo) que recogí algún día en la chacra. Me agradan esas tardes que se parecen a los domingos de infancia y por eso procura invitarme a lugares solitarios, con árboles y aves. Y ya en el lugar de la cita, ten el buen juicio de preguntar “Te acostarías conmigo”. Si te respondo que no, sólo quédate callado y cuéntame historias mientras observo las plantas, los animales o la nada. Si te digo que sí, acaríciame y disfruta del momento. Si te digo que no y no tienes historias que contarme, procura dejarme sólo, la pasaré mejor con los animales. Si te digo que sí, no te cohíbas y hazme feliz.

TRES:

Cuando te haya dicho que no me gustas y que jamás me acostaría contigo no comentas actos de estupidez aún que mayores que el hecho de haberte fijado en mí. Cuando te haya dicho que no me gustas no trates de cambiar en un afán mediocre de agradarme. Si te he dicho que no  me gustas lo que debes hacer es formar tu personalidad (yo nunca me fijo en tipos sin personalidad), debes trabajar en aquello para lo que has nacido, aunque al hacerlo las circunstancias te alejen más de mí. Créeme que años más tarde cuando te vea convertido en un rey, en escritor, en actor o en un sapo; te apreciaré y querré ser tu amigo y quizá en momento exista la remota posibilidad de que me cueste contigo y de que tú no quieras ser mi amigo, ni acostarte conmigo. Y quizá en ese momento dirás: “Perro cabrón, ahora ya soy feliz, no te necesito. El infeliz eres tú por no haberme aceptado en ese entonces”. Yo sólo diré: “Qué agradable tipo”, luego me iré a la cama a hacer lo que mejor sé hacer: Dormir.